Publicación

Nova, astro en el cielo cultural de América

El autor repasa la historia de esta revista, que en la década de los 60 revalorizó la actividad cultural con un periodismo especializado de primer nivel.
viernes, 31 de julio de 2020 · 00:00

Ignacio Vera de Rada   
Escritor

“Grande es nuestra ambición, pequeño el instrumento que manejamos. Quisiéramos ser, a un tiempo mismo, hogar acogedor de las ideas y los hombres nacidos en Bolivia venturosa; y el dardo de luz que transmita las vibraciones cambiantes del mundo contemporáneo.” Así comenzaba el editorial del primer número de la “revista de información y cultura” Nova, emprendimiento llevado a cabo por Fernando Diez de Medina a partir de 1962. Se hacía en linotipia. Sus páginas eran bicolores. Su calidad gráfica era notable. Y su contenido era de alta calidad. Cuando en 1794 Schiller estaba por lanzar Las Horas, escribió a su amigo Christian Gottfried Körner: “Nuestra revista ha de hacer época, y todo el que aspire a ser persona de buen gusto tiene que comprarnos y leernos”. Nova fue en esta misma dirección.

El sábado 28 de septiembre de 2018, después de varias tazas de té, Rolando, amigo de pláticas interminables y edificantes críticas, me obsequió un compendio empastado de varios números de Nova. Recibí el regalo con sorpresa e infinito agradecimiento. Pero solamente luego de varios meses de aquel encuentro, me di el tiempo suficiente para leer algunos de los artículos que hay en el precioso compilado.

Para desdicha de los escritores bolivianos, la aparición de revistas literarias y de espacios impresos de reflexión y pensamiento, no ha sido frecuente. Hay ejemplos que, por ser escasos, fulgen como estrellas en un firmamento: Presencia Literaria, Kollasuyo: Revista de estudios bolivianos, Arte y Trabajo, el suplemento cultural de Página Siete (donde ahora el lector ve publicado este reportaje), son algunos. Nova, como éstos, también se inscribía en el marco de un esfuerzo editorial que iba en pro de la difusión de ideas y hasta de la creación artística. 

Empresa audaz en muchos sentidos la de Diez de Medina, ya que, además de la poca recepción que tienen este tipo de productos por parte del público boliviano, según me comentaba su hijo Rolando (que era el gerente de Nova), aquél remuneraba a los autores por los artículos que se publicaban, como debiera hacerse siempre. (Hay un pensamiento necio de que los intelectuales escriben como forma de pasar el tiempo, cuando están libres de una obligación, y que la publicación de sus escritos debe ser tomada por ellos como la sola retribución de su esfuerzo… Como decía el mismo Diez de Medina: “Por América se piensa que el hombre de letras es hombre de ocios”).

Fue una revista de alta calidad de contenidos. No solamente por las plumas que corrieron en sus páginas, sino también por la seriedad del periodismo que realizaba; tenía corresponsales en el interior, pero además en Nueva York, París, Roma, Madrid, Buenos Aires y México. Ninguna página era una tribuna de opinión política circunstancial, rabiosa o vitriólica, como lastimosamente son la mayoría de las páginas de nuestros medios informativos de hoy; más al contrario: todos sus artículos eran reflexivos, edificantes, altamente profundos y notablemente bien escritos. 

Al leerla, uno asiste a uno de esos regocijos culturales, como seguramente fueron también las revistas Los Propileos (dirigida por Goethe) y Las Horas (dirigida por Schiller), en las que colaboró toda la pléyade del romanticismo y el idealismo germanos. Asimismo, cuando uno abre las páginas de Nova de forma aleatoria, puede hallarse entrevistas a escritores, versos de poetas, reseñas de obras, proverbios, relatos breves y hasta notas periodísticas muy peculiares como una “encuesta a los libreros”, o una entrevista exclusiva de Mariano Baptista al historiador Arnold J. Toynbee.

La revista hacía ecos de un pasado lejano; los artistas universales podían renacer en ella. En el número 3, por ejemplo, hay un fragmento de la Metafísica de la música de nada menos que de Schopenhauer. En otras páginas, se hallan fragmentos de Russell, Dostoiewski, Camus, Hesse… Había, también, estudios someros sobre cine, arqueología y arquitectura. Victor Delhez hizo, para el número 4, un estudio sobre nudismo arquitectónico de las iglesias.

Inquiriendo más sobre esta publicación cultural, me encuentro con unas cartas que, desde París, el escritor venezolano Picón-Salas dirigió a Diez de Medina; una de las misivas del intelectual merideño, fechada el 29 de agosto de 1962, decía: “Tuve una gran alegría en recibir su carta que Ud. va a dirigir una revista que bajo su diestra dirección será, sin duda, una de las mejores del continente. No la he recibido todavía pero me apresto a leerla con regocijo”. 

En las páginas de Nova también había periodismo de investigación; a veces Diez de Medina se embarcaba en la aventura de entrevistar a un artista o elaboraba reportajes sobre movimientos culturales. Asimismo, había fotoperiodismo, noticias sobre museos, dibujo y pintura e información tan peculiar como cuando el propio Diez de Medina reveló, en la edición de septiembre del 63, que poseía en sus archivos un dibujo auténtico de Victor Hugo, firmado por el mismo vate galo…

El contenido culto de la revista seguramente limitó el margen de sus compradores y lectores, pues si bien sus páginas se llenaban con reseñas de libros nacionales o comentarios sobre obras americanas, también se veían colmadas de alegorías y críticas eruditas sobre arte grecolatino o renacentista.

Pese a su fugaz vida (hasta 1963), Nova logró publicar varios números; fue ejemplo de perseverancia y trabajo. Contribuyó a una de las facetas más importantes de la labor cultural: el conocimiento de lo foráneo y lo clásico, y la apertura de espacios para escritores noveles. En el primer aniversario de la revista, el filósofo Roberto Prudencio opinó: “No quiero decir nada del esfuerzo, del sacrificio y de las amarguras que produce el mantener una revista en un ambiente no siempre propicio a la obra del espíritu. (…) Nova sería una buena revista en cualquiera de las capitales de Hispanoamérica y es casi un milagro en Bolivia”. 

La redacción de la revista tenía sus oficinas en la avenida Camacho  y parte de sus ingresos provenía de publicidades pequeñas de empresas privadas. 

Ahora todos vivimos días difíciles, “tiempos recios” (como diría Teresa de Jesús), pues a la sempiterna falta de espíritu crítico de los bolivianos, a la carencia innata de vocación lectora de los latinos, y a la barahúnda política de siempre, sobrevino la pandemia, que no solamente está volviendo nuestros ojos más y más hacia los dispositivos digitales, sino que significa una caída económica para libreros, editores y escritores. Como decía Picón-Salas a Diez de Medina en otra parte de la carta anteriormente citada: “Tenemos que ponernos de acuerdo los intelectuales de América sobre tantas cosas en estos turbulentos tiempos”.

En su debut, Nova se declaró a sí misma como una publicación cristiana, democrática y revolucionaria por la justicia social y el progreso económico, mas sus puertas estuvieron abiertas a los hombres amantes del arte, sin distinción de razas, credos o ideologías. Pero siempre predicó la moral y la ética cristianas. Si hoy se hiciera el periodismo por el que apostó, seguramente nuestro espíritu y nuestra moral colectiva se rectificarían, y nuestra opinión pública sería menos plebeya.

 En la parte inferior izquierda de la página 8 del número 11, humilde como quien es el sujeto al que hace referencia la cita, se leía un pensamiento bellísimo de Hegel: “Toda la historia, de cualquier ángulo que se mire, va hacia Cristo y viene de Él. La aparición del Hijo de Dios es el eje de la historia universal”.

 

 

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