Reseña

Los rostros sombríos del eterno femenino

Lilith en los infiernos es una novela con profundas significaciones. Impactante y controversial, entreteje otros sentidos que podrán descubrir y entender.
jueves, 27 de agosto de 2020 · 00:00

Harold Kurt
Escritor y ensayista

Terminaba la primera década de este siglo. Algunas obras de autores nacionales que recién publicaban y otras que ya tenían trayectoria, me permitían constatar aquello que Edmundo Paz Soldán escribía en un artículo, que las fronteras de los recursos literarios se ampliaban. Estaba en crecimiento un fenómeno que desde mi punto de vista era positivo, las nuevas propuestas literarias se alejaban de la tradición. Había leído a los clásicos nacionales e intuía la postrimería de la literatura costumbrista, indigenista, social, tradicionalista, comprometida con los conflictos sociales y políticos. Sabía poco de los nuevos autores que surgían y que promovían este nuevo tipo de literatura nacional, así que decidí investigar.

En ese entorno conocí a varios escritores, muchos ganaron premios y otros ahora son bastante conocidos, además descubrí, con grata sorpresa, una creciente aparición de escritoras que ganaban terreno en los ámbitos literarios. Entre las escritoras que fui descubriendo, leía con especial interés los comentarios de una autora cuya vena y nervio se diferenciaba de los demás. 

En ese temprano acercamiento me hice de una de sus obras (Hojas de Eva, 2004). Como asiduo lector de poesía, había acostumbrado mi oído y mi sensibilidad a la sonoridad de los versos, al ritmo, la evocación, la rima; y cuando leí los poemas de Rossemarie Caballero mi afición hacia su poesía y, más tarde, hacia su prosa, había comenzado.

No podía imaginar los acontecimientos inesperados que me otorgaría el destino, años después conocí a la escritora y hoy me toca el honor de escribir este prólogo. Lilith en los infiernos es una novela con profundas significaciones. De lectura impactante y controversial, cuenta la historia de manera tal que el lector podría imaginar que la narradora está a su lado contándosela. 

Pero no nos conformemos con la trama, histórica en partes, porque entreteje otros sentidos que podrán descubrir y entender. Para comprender mejor esta obra podríamos recordar la teoría del iceberg de Hemingway, que al igual que esas masas de hielo que ocultan la mayor parte de su cuerpo helado bajo el agua, hay en esta novela algo más profundo de lo que a simple vista se observa en su superficie.

Descubrimos dos lecturas. La primera casi literal, donde se desplaza la mirada por historias de personajes comunes y extraños, tramas entretenidas que contrastan con escenas impactantes y angustiosas. 

La segunda: un trasfondo oculto con un velo simbólico, que solo se aprecia con una lectura más profunda. Se pone de manifiesto los vicios cotidianos tapados por la doble moral de la sociedad que oculta o al menos intenta mantener en la clandestinidad. No se queda corta al mostrar con profunda y devastadora realidad aquellas verdades que ensombrecen el alma humana.

No se podría comprender esta segunda lectura sin percatarnos sobre las metáforas o enunciados simbólicos que la ilustran. El imago dei se muestra aquí como la creación intencional de la antítesis divina:

“Dicen que en los primeros momentos de la Creación, un día gris en la lejana estepa del universo a imagen y semejanza del Padre, con barro fue creado el primogénito. Como no era bueno que estuviera solo, en lugar de polvo puro, con una mezcla de excremento y sedimentos fue formada su compañera Lilith, la primera mujer”.

Aparece el carácter soterrado del eterno femenino. Reunamos los nombres de las protagonistas: La, Le, Li, Lo, Lu. La mayoría son mujeres. Pero una mirada atenta nos mostrará que todas ellas no son sino una sola: la amante, madre, niña, virginal, amiga, seductora, bruja, femme fatale, diosa, sirena, fea, bella, en síntesis: la fémina. El eterno femenino está bosquejado en todas las páginas de esta obra, aunque Lilith como arquetipo sea la reina de esta narrativa que rompe convencionalismos. Y no podría ser de otra manera, Lilith, citada ya en la Epopeya de Gilgamesh, según la mitología, es la madre de los demonios, un espíritu oscuro y peligroso de la sexualidad que no solo reina en los cuerpos y corazones de muchas mujeres, sino también de los hombres.

Así lo atestigua la lectura de las páginas de esta novela. Pero también está Eva, la antítesis o el complemento divino. Así fue creado nuestro mundo con luz y sombras, al igual que ambas caras del eterno femenino y que pueblos antiguos también describieron en sus mitologías. 

Recordemos a la diosa Kali, diosa de creación y muerte; o la diosa babilónica Ishtar. La novela nos enfrenta a la necesidad de comprender y conciliar ambas fuerzas. En la literatura muchos escritores dejaron entrever la idea de la redención por mediación de una mujer, Isis en el Asno de oro de Apuleyo, o la bella Kamala del Siddhartha de Hermann Hesse. No en vano decía Goethe, al final de su Fausto, que el eterno femenino nos encumbra. No es, por tanto, extraño que también encontremos nombres bíblicos, María, Eva, José o el profeta Oseas; que participan en escenas de luz y oscuridad. 

Estamos ante una novela llena de simbolismos, desde sus treinta y tres capítulos que representan la edad de Cristo, hasta el censurado que describe la esencia de Lilith. Dejo al lector descubrir sus otros significados.

Lilith está reflejada no solo en cada personaje, sino en las distintas escenas que dibujan el dolor, el sufrimiento, el escape erótico, la ternura y el amor que se desliza entre la piel y el barro. Decía Thomas Carlyle que “El universo no es sino un vasto símbolo de Dios” y dentro de este vientre infinito podemos encontrar más y más símbolos para grandes y pequeñas cosas. 

Lilith no solo nos muestra la luz y la oscuridad del alma femenina, sino, sin lugar a dudas, el alma humana actual. De entre las múltiples obras de Rossemarie Caballero Vega, creo que esta última, en particular, concreta el estilo de la autora. Es inconfundible su madurez y capacidad literaria, no exenta de una técnica moderna y narrativa clara y comprometida.

Rossemarie Caballero Vega es una novelista y poeta boliviana. Docente de Literatura, Educación y Lenguas. Viajó a Madrid con una beca sobre Investigación y Literatura. Autora de artículos, ensayos y más de una docena de libros. Desde 2016 publica también en Buenos Aires, donde su literatura tiene buena crítica. Gestora y directora del Proyecto EC-B que rescata la escritura de mujeres bolivianas en antologías y redes sociales.
 

 

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