El chicuelo dice

Cuando la Pancha te saque la mierda

Del mercado de las Flores a la Casa de la Cultura migraron los puestos de libros viejos en el centro paceño. El autor comparte su mapa personal de lector.
domingo, 13 de septiembre de 2020 · 00:00

Wilmer Urrelo Zárate
Escritor

Vengo comprando libros hace más de veinte años. Cuando los libros usados estaban en la avenida Montes de la ciudad de La Paz y cuando eran baratos y había mil cosas por descubrir. 

 Por esos años el desarrollo de mi olfato libresco era casi nulo, así que metía la pata a montones y me decepcionaba de forma kilométrica cuando una de mis adquisiciones no terminaba de gustarme.

 Aunque también es cierto que, en medio de todo, hubo grandes descubrimientos: Los albañiles, de Vicente Leñero, por ejemplo. Que trata de unos albañiles como su nombre lo indica y que me encantó desde esa época y que siempre que vuelvo a leerlo me sigue gustando.

 También por esa época pillé un par de novelas de José María Arguedas, El zorro de arriba y el zorro de abajo, El sexto, y el mundo se dio vuelta y ya desde esos años no faltaba día hábil (textualmente hablando) en que no me pasara por ahí antes de volver a casa. Había agarrado la punta del ovillo y ya aprendí cómo jalar sin que nada se rompa.

Un tiempo después los libros usados se fueron a una callecita que estaba por San Francisco, justo detrás del Mercado de las Flores, un lugar abundante de gente a todas horas y que, por eso mismo, por un rebote de gente que solo puede darse en la economía paceña, estas terminaban vendiendo los libros que tenían en casa o la biblioteca entera de algún pariente.

Por ese espacio vi pasar de todo, y las bibliotecas de mucha gente conocida. Toda clase de libros: Higiene secreta del hombre y de la mujer, por ejemplo, de un tal Luis Julián Echegaray, en cuyas páginas pueden leerse estas líneas de alto sentido científico (es una broma): “Es imprudente practicar el coito después de haber comido, especialmente si la comida ha sido copiosa”. 

Y también fue una escuela para afinar el olfato libresco: veía desde lejos las casetas y por alguna cosa, una corazonada, una sombra, un destello del sol, sabía que habían llegado cosas nuevas. Cuando digo “que habían llegado cosas nuevas” solo estoy diciendo que habían llegado libros nuevos, aquellos que no estaban ahí horas antes. 

Posteriormente, por esta malhadada refundación del Mercado Lanza, los libreros se fueron detrás de la Casa de la Cultura: nunca antes se hizo mejor metáfora sobre el libro en esta ciudad. 

No adentro sino afuera. No adelante sino atrás.

Por esos rumbos encontré cosas maravillosas. Muchas obras completas (me especialicé un tiempo en eso), un libro de Daniel Salamanca titulado Las dudas y las visiones del camino, una mezcla entre ensayos breves y diarios de juventud (sí, Salamanca fue joven alguna vez). 

Sin embargo, ya todo empezaba a declinar, pues el tráfico de libros había sido sacado de una calle que tenía de vecinas a las flores, a otra calle que tenía un cóndor de lata allá arriba.

Detrás de una desgracia, siempre viene otra más grande, creo que solía decir Victor Hugo. Y eso pasó o a eso estábamos destinados: terminó de construirse el Lanza y con eso la penúltima estocada estaba dada. 

Ahí, pese a todo, compré también un montón de libros, sobre todo primeras ediciones, o algún ejemplar con autógrafo del autor incluido.

 Y también hay cosas que no necesariamente tienen que ver con los libros. Por ejemplo, las cosas que uno halla al interior de los libros: fotos (en su mayoría), contratos de trabajo, declaraciones amorosas, amenazas como la siguiente (la ortografía no es la mía): “boy a zacarte la mierda delante de tu mujer. Atte. Pancha”, billetes del tranvía, billetes de lotería y en dos ocasiones billetes de 100 bolivianos (de los vigentes).

Eso pasa con los lugares donde compramos libros. No solo se convierten en lugares o en parte del paisaje. Se transforman en otra cosa, otra cosa muy distinta de explicar por escrito.

No voy por allá desde que se declaró la cuarentena sanitaria y probablemente no retorne hasta que todo esto haya pasado. Cómo estarán las cosas por allá, cómo las ventas y qué novedades tendrán: si algún día la Pancha te habrá sacado la mierda.
 

 

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