Publicación

El Ateneo de la Juventud

Durante la década de 1920, jóvenes talentosos expandieron sus ideas y fomentaron una “nueva concepción del arte” para la identidad nacional.
domingo, 13 de septiembre de 2020 · 00:00

Oscar Córdova Sanchez 
Estudiante universitario y gestor cultural

En Bolivia, en sus primeras décadas, llevar adelante un programa de fomento de divulgación científica o artística en sus ciudadanos era sembrar en terreno estéril.  Es entonces que, durante 1900 y 1930, hubo un auge donde se crearon varios cenáculos literarios que perduraron durante un buen tiempo con sus actividades . 

Fundado  La Paz, el Ateneo de la Juventud, un aglomerado de varios ciudadanos jóvenes talentosos, logró durante la década de 1920 expandir sus ideas y de fomentar una “nueva concepción del arte” para una identidad nacional.

La idea proviene del periodista Francisco Villarejos, un joven inquieto que según Alfredo Guillén Pinto “tenía como objetivo la creación de una literatura y un arte auténticamente bolivianos”. Fue así que con su condición de “iluminar a la sociedad boliviana” logra, junto con el infatigable José Tamayo, crear la revista cultural Inti, en 1920, con poemas clásicos, crítica de arte y reseñas de libros. 

En  1921, el joven y novel escritor Gustavo Adolfo Otero, empezaba a ser conocido por su talento literario y su sátira en sus escritos, siendo jocoso y amable al mismo tiempo, siempre cauteloso en sus notas, ponía su firma con el pseudónimo de Nolobeaz. Otero había decidido fundar la revista Ilustración, junto con Angel Salas y Saturnino Rodrigo, que contenía el mismo material de información que la revista de Villarejos, que pronto mandaría una propuesta a la revista de Otero para fundar el Ateneo de la Juventud. Saturnino Rodrigo, que estuvo en el momento de la propuesta, mencionaba:

“Se trataba de agrupar en una asociación a toda la juventud militante de artistas, intelectuales, maestros y periodistas que se agitaban en la ciudad, el propósito era crear un cenáculo que aunaba a todos a fin de realizar una obra trascendental...no reconocía nada a la anteriores generaciones que apenas habían dejado un caos”. 


El manifiesto del Ateneo de la Juventud apareció el día 19 de diciembre de 1921, donde la posición del nuevo grupo  perseguía una nueva orientación artística boliviana. En el mencionado documento, se lee lo siguiente: 

“Corresponde a los artistas y escritores de hoy, que no han recogido del pasado intelectual de Bolivia sino una herencia caótica... El Ateneo de la Juventud estudiará las nuevas tendencias artísticas que agitan el espíritu del mundo... Ingresamos en un campo de batalla donde tendremos que vencer venciéndonos a nosotros mismos”. 

Entre los principales exponentes del grupo figuraban Gustavo Adolfo Otero, José Tamayo, Humberto Palza, Zacarías Monje Ortiz, Saturnino Rodrigo, Enrique Baldivieso, Antonio Díaz Villamil, Alfredo Flores, Angel Salas, Humberto Viscarra, Francisco Villarejos, Lucio Diez de Medina, Arturo Borda, Juan Capriles. Todos ellos con un porvenir exitoso, cada uno desarrollando más su talento; ya sea en poesía, teatro o pintura.

 Con todos los miembros reunidos, se eligió a la primera directiva y como primer presidente fue elegido José Tamayo.

Ismael Sotomayor, historiador y tradicionalista, menciona la labor genuina de los ateneístas: “Logró imponerse sobre todos los centros culturales del país, lo cual no fue sino una consecuencia del acierto con que supo proceder… Por la tribuna del Ateneo pasaron, alternándose con los más descollantes miembros de la propia institución, los mejores pensadores de Bolivia y varios de otros países, como Alfredo L. Palacios, Diego Carbonell, José León Suárez, Teresa Porcallas de Rúa”. 

 

Este grupo estuvo liderado por Gustavo Adolfo Otero, que después de unos meses saldría exiliado por el gobierno de Bautista Saavedra, y José Tamayo, fiel devoto de las ideas marxistas. Estos dos jóvenes serían la base para impulsar a sus amigos, dejando a Francisco Villarejos a un lado, quién los había unido meses antes. 

En 1922, con la particularidad que la ciudad de La Paz se constituía en la vanguardia artística, deciden estrenar ocho obras teatrales en el Primer Festival de Teatro, organizado y autofinanciado, con lo que varios críticos sitúan a éste grupo en la “Generación del 21”, que engloba a toda la generación de jóvenes con un amor al arte en todas sus expresiones a principios de la década de los años 20.
 
Con el paso de los meses deciden formar una nueva visión estética del arte, ahora desde el punto femenino, que hasta ese momento no lograba entrar en el fomento de las artes y no podía ser aceptado por la sociedad conservadora. 

El 30 de abril de 1923 se funda el Ateneo Femenino, siendo la primera institución femenina del país. El liderazgo fue otorgado a María Luisa Sánchez Bustamante, quien logró la independencia de la publicación, fomentando la cultura intelectual de la mujer para lograr salir de los prejuicios del medio. 


Con el paso de los años, la producción intelectual se   extendió. Pero también el individualismo de varios miembros se hizo sentir y de a poco la política gubernamental acechaba sus convicciones.

De esta manera,  las actividades del Ateneo de la Juventud, por la falta de unión y desgaste de sus miembros,  fueron suspendidas durante un tiempo indefinido. Pero  la intención de Humberto Palza y de sus acciones coordinadas con el nuevo gobierno de Hernando Siles, logra reactivar el Ateneo de la Juventud,  dotándolos de un local para sus actividades y de la biblioteca de José Rosendo Gutiérrez, que años antes había sido recuperada por el Ministerio de Instrucción Pública.

 Con los materiales disponibles, el 21 de marzo de 1928 se crea la comisión reorganizadora, con la conducción de Palza y que, dejando de lado su individualismo, adhiere nuevos miembros, conformando una nueva directiva. 

Posteriormente, en 1930, con el derrocamiento de Hernando Siles, que había adherido a varios miembros ateneístas al partido Nacionalista, desaparece también el Ateneo junto con  toda idea renovadora que estaban logrando por casi una década.

Años después, pasada la Guerra del Chaco, se vuelve a organizar una nueva directiva a manos de Raúl Mendoza, aunque fue efímera su nueva orientación. Ya no había nuevos talentos que llamar, todo estaba tergiversado con los nuevos pensamientos postguerra y diversos artistas y escritores que fueron miembros del Ateneo, tomaron rumbos diferentes.

 

 

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos