Reseña

21 días de Resistencia

El libro 21 días de resistencia, la caída de Evo Morales de Robert Brockmann es un “reportaje de guerra veraz aunque no siempre imparcial”, dice el reseñador.
domingo, 27 de septiembre de 2020 · 00:00

Francesco Zaratti
Físico y analista

Lo vivido entre el 20 de octubre y el 11 de noviembre de 2019 quedará en la memoria de Bolivia como uno de los períodos más aciagos (¡y eso que los hay para escoger!) de la historia patria.

Han pasado apenas nueve meses desde esa pesadilla y, como toda pesadilla, especialmente cuando no llega sola, corre el riesgo de ser sumergida inconscientemente en el baúl de los malos recuerdos. Suele decirse que la historia es maestra de la vida, pero, sin la memoria de las piedras angulares que forman los bloques del pasado, muchos acontecimientos y su contexto, se perderían irremediablemente.

Por eso llega oportuno y necesario el libro 21 días de resistencia,la caída de Evo Morales de Robert Brockmann, experimentado escritor, periodista e historiador. Esta vez, Robert nos regala una ulterior faceta de sus destrezas: la de cronista de episodios vividos en vivo y directo, cuando no en persona.

Las casi 400 páginas se leen de un tirón debido al estilo y al contenido del libro. Mi sentimiento global es de agradecimiento a Robert por haber hecho lo que todos podríamos habernos propuesto, aprovechando el confinamiento forzoso de la cuarentena por la Covid-19.

El contenido es veraz, aunque el relato no siempre es imparcial, como de entrada concede el autor, producto del género literario del “reportaje de guerra”. De hecho, se podrá criticar la insuficiente investigación de algunos hechos, consecuencia de la cercanía de los acontecimientos narrados, pero no la tergiversación de éstos, abundantemente documentados con entrevistas, citas, audios y videos. Particularmente útiles resultan las “llamadas” de esas fuentes en la edición digital que acompañará la edición en papel.

Al igual que en los reportajes de guerra, los relatos son selectivos, siempre puede faltar algún hecho destacado o sobrar eventos que a la postre resultaron intrascendentes. Los que no se puedes omitir, y no los omite Robert, son los “momentos cumbre” de esos días, por su relevancia política o por la tragedia humana: la emboscada de Vila Vila; la noche de los “cristales rotos”, como reacción (no tan espontánea) a la renuncia y fuga de Evo Morales; la batalla de Villa Fátima (Adepcoca); las tensas negociaciones que acompañaron esa renuncia; los personajes propios de un drama con final feliz (pititas, escuderos, resistencias). Tampoco oculta el autor las infamias de “los buenos”, que las hubo, inevitablemente.

En cuanto al estilo, el autor pinta muy bien algunos personajes: la fogosidad de un líder cívico, la inmadurez y fragilidad sicológica de una alta autoridad política; el concurso entusiasta de viejos líderes para allanar soluciones; la servil obsecuencia de un general incluso después del final; el valor de los intrépidos escuderos, por los cuales el autor no oculta su simpatía. 

La narración salta de un escenario a otro, como en la pantalla dividida de una reunión de Zoom, mientras las noticias compiten unas a otras para reclamar atención. No faltan, como es habitual en Brockmann, apuntes y comentarios amenos que logran bajar la tensión de la escena narrada.

Quién sabe, le falta al libro explicar el desarrollo de acontecimientos que no fueron solo resultado de felices coincidencias. Es una tarea pendiente para el mismo autor, una vez que las aguas bajen y salgan a la luz más testimonios y documentos. Mientras tanto, sugiero al lector que se empape de la crónica de esos fatídicos 21 días a través de este precioso libro y la disfrute tanto como yo acabo de hacerlo. ¡Buena lectura!

 

 

 


   

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