Contante y sonante

Entrevista fugaz

No es que la pandemia vaya a dejar algo en específico. Son las personas después de una pandemia las que van a dejar secuelas en todo ámbito...
domingo, 10 de enero de 2021 · 00:00

Óscar García
Músico y poeta

Sentado en un sillón repleto de almohadones y pelos de perro, espera por las preguntas que la entrevistadora le hará. Renuente a aceptar entrevistas, en esta oportunidad aunque a regañadientes, aceptó porque la entrevistadora llevaría una botella de vino especial. Que no caro. Especial porque a él se le cantó que sería especial. Lo especial lo decide cada quien. Para una persona puede ser especial una bola de pelos, una goma de borrar, un calzón. Es cosa de cada quien hacer de las cosas y de los momentos y de las personas y de los caracteres de las personas, especiales. Así lo decidió él con la botella de vino que la entrevistadora iría a llevar. Seguramente comprada en la tienda más cercana y con apuro para llegar a la entrevista a tiempo, para ella no tenía nada de especial salvo la de cumplir con su palabra. Cosa que cada vez es menos importante. La palabra es menos importante. No solamente el hecho de comprometer la palabra si no que la palabra en sí misma. Se hace menos importante, menos comprensible, menos signo y menos bautizo.

Al empezar la entrevista, quiso ella resumir un poco de los oficios del susodicho. Complicado enchufarlo en un oficio o en una tendencia. Una suerte de historiador de lo grande, vaticinador desde las probabilidades, matemático de las emociones, políticamente insurrecto, lúdicamente tramposo. Difícil tarea la de la entrevistadora, que dijo sí al ofrecimiento que se le hizo de una taza de café con sándwich de lomito preparado con el ingrediente secreto de Sadnie. Nombre intelecartístico del personaje.

- ¿Qué nos va a dejar para el futuro esta pandemia?

Para quienes la pandemia no existió, no les dejará nada. Como Papá Noel no deja nada a quienes no creen en él. Quienes hacen el trabajo del inexistente, son personas que gastan plata en obsequios. Porque quieren, algunos. Otros, para cumplir lo que la sociedad construida sobre bases simbólicas de humo obliga. No es que la pandemia vaya a dejar algo en específico. Son las personas después de una pandemia las que van a dejar secuelas en todo ámbito. En lo emocional, económico, psicológico y por supuesto, en las comunidades. Lo más probable es que estemos frente a unas sociedades atrincheradas en las familias, desconfiadas del mundo, sobre protegidas, hacedoras de burbujas contra todo mal. Pero por otro lado están las personas sin más horizonte que el espejo y su techo, solitarias pero con discurso al respecto.

 Entre estas dos respuestas a la reciente pandemia, están las tribus que saldrán al mundo inmerso en un capitalismo salvaje, a pretender comérselo, a ser más objetos de consumo que nunca, a intercambiar sexo bajo la bandera, también cosa de consumo, de la libertad. Saldrán, más prisioneros que nunca, de la necesidad de aprobación y desaparición de la otredad en procura de éxito. El éxito como finalidad ya no necesitará de planes ni de pasión. Será parte de una suerte de fábrica de salchichas en la que las técnicas, en todos los ámbitos y los aprendizajes de habilidades nuevas harán posible la producción ya no de obra como tal sino de respuestas rápidas e inmediatas en todo campo. Por ejemplo, un músico con habilidades varias, hará rock, pop, hip hop, folklore, experimentaciones, pornojazz, músicas de miedo, etc, con la misma solvencia que críticos escriben ya sobre iquebana de igual manera que de teatro, cine, literatura, gastronomía, astrología y política desde lo progre. Lo progre será la tendencia en países con baja educación en general y con polarización entre dos grupos que todavía creen que el mundo se divide en dos grupos. Ahí las disquisiciones de filósofos chistosos y columnistas de chistosos medios, seguirán siendo intentos de construir simbólicamente realidades en mundos paralelos.

Lo más preocupante sin embargo, es el lenguaje, el lenguaje será en los próximos años, el que será vapuleado y denostado. Sobre todo en países de habla hispana, por estas cosas de lo políticamente correcto, se pretenderá que todo está en el lenguaje y se lo degradará hasta el punto en que las gentes sólo se comunicarán con dibujitos prehechos para suplantar el lenguaje. Ya se supo que en la conquista del imperio incaico, el detonante fue el lenguaje cuando Chalkuchimak le dijo al padre Valverde que aquel libro no era la palabra de dios sino puro hormigas dibujadas. Y lo lanzó al suelo. 

El lenguaje será convertido en un mínimo y básico recurso de comunicación y las sociedades hipócritas se multiplicarán terminando por aceptar, por ejemplo, relaciones entre personas e insectos y peces, antes que aceptar una relación, digamos de dos personas adultas con gran diferencia de edad. ¿Terminó su café? Quiero abrir el vino. ¿Se puede quedar? ¿Hay más preguntas?
 

 

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