Letra 7

LA “H” PARLANTE

domingo, 10 de enero de 2021 · 00:00


Vaya corona...

“La Corona” (The Crown) es una serie magistral accesible en la plataforma Netflix, a la cual solo le falta una temporada para terminar. En ella se hace un recuento espectacular del reinado de Isabel II, coronada el año 1952. Una delegación boliviana encabezada por el entonces vicepresidente de Bolivia, Hernán Siles Zuazo, acudió al acto. Desde entonces hasta ahora, el Reino Unido ha vivido una serie de crisis políticas. La serie aborda, entre otras, la del canal de Suez, la guerra de las Malvinas, las huelgas de los mineros del carbón y los temblores provocados por el divorcio de la princesa Margarita o el del príncipe Carlos. De “La Corona” aprendemos:

1. La monarquía británica no es una institución decorativa. Cada martes, la Reina se reúne con el Primer Ministro y aunque ella no decide nada, su influencia es determinante, sobre todo en los momentos críticos. Por ejemplo, Isabel II obligó a Margaret Thatcher a aprobar sanciones contra el régimen racista sudafricano. 

2. La monarquía cogobierna con los dos partidos (laborista y conservador), pero sobre todo con la prensa. La imagen pública de la familia es en extremo dependiente de las portadas de los diarios. 

3. La aparición de la princesa Diana en este firmamento provocó un vuelco formidable en los códigos de conducta de la monarquía. De pronto una joven de origen aristocrático, pero de modos mundanos y comprensibles para la gente, generó una corriente de simpatía que llegó a destronar la correlación de fuerzas previa.

 4. Hubo una década en la que el Reino Unido se movió al arbitrio de tres mujeres: Isabel II, la princesa Diana y Margaret Thatcher. Cada una orientó a su modo las percepciones del público. De las tres, esta última sentó las bases del reconocimiento púbico sobre la base del esfuerzo personal y por encima de los privilegios de cuna. Maggi era la plebeya del trío femenino. 

 5. La única fuerza política dentro de la familia real es Isabel II. Los demás miembros viven en una burbuja hermética en la que imperan las fiestas, la caza, el lodo, los perros y los juegos con limones en la sala. La Reina marca las pautas de lo que puede y no puede hacerse. Aquello es lo más parecido a una prisión dorada, en el que el sentido de la vida es el bien más anhelado. 

6. El príncipe Carlos no es apto para el trono. A duras penas alcanza para armar una familia. Su amor por Camila Parker resulta siendo esencial y no hubo fuerza  capaz de convertirlo en jefe del clan bajo un arreglo matrimonial por conveniencia. Desde el día de su boda con Diana padeció celos debido a la fama emergente de su pareja. Es un hombre eclipsado por las expectativas y el brillo de la princesa. 

7. La monarquía es un anacronismo que sigue gozando de la apariencia de insustituible. Pocos entienden de qué sirve y sin embargo, ninguna realeza como la británica ha logrado sobrevivir a tantos tropiezos. La propia serie de Netflix prueba que en medio de su decadencia, es generosa materia prima de la curiosidad mundial.

 

 

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