Reseña

Nicanor Parra: Rey y mendigo

Biografía no biografía del poeta antipoeta, figura central del clan Parra con Violeta al fondo y su historia como una novela.
domingo, 10 de enero de 2021 · 00:00

Ricardo Bellveser 
Escritor, poeta, novelista y ensayista español.

“Esta no es una biografía de Parra. Esta es una biografía con Parra. Es una biografía contra Parra. Parra es en este libro apenas un abrigo, una máscara más”, dice con enorme tino el escritor y periodista chileno Rafael Gumucio (Santiago, 1970), quien compartió tantas horas, días, semanas y meses con el poeta, hasta entenderse sin entenderse, hasta quererse y vacilar del afecto. Es el autor de esta biografía en la que se manifiesta como un admirador desmedido de Parra y un crítico severo, y por la que hace accesible al lector general a uno de los poetas hispanos más interesantes del último siglo. 

Las copiadas hace unas líneas son frases del libro tan reveladoras que incluso la editorial Randon House las utiliza para la presentación de contraportada del libro Nicanor Parra, rey y mendigo y que, por su elocuencia, no han dudado en recoger y utilizar decenas de críticos y divulgadores, como he hecho yo ahora mismo.

Parra (4 septiembre 1914-23 enero 2018) vivió 103 años. Quizá eso sirva para justificar que todo lo hizo y todo le sucedió algo tarde, como si la vida le fuera prolongada a propósito para que no tuviera prisas, hasta el punto de que ganó el Premio Cervantes, probablemente el galardón más importante de las letras hispánicas, con 93 años. 

Su formación –fue el único de los hermanos que realizó estudios superiores –fue en las ramas de la Matemática y de la Física, e incluso fue profesor de estas disciplinas en distintos centros, grados y niveles. Su primer libro lo editó a los 40 años de edad: Poemas y antipoemas (1954), con el que arranca su carrera literaria. Si bien es cierto que en 1937 publicó un librito, Cancionero sin nombre, muy influido por la estética de García Lorca y de otros autores, pero en ningún caso puede considerarse el inicio de su obra propia. Él mismo se distanció hasta el repudio de ese conjunto primerizo.

Fue Nicanor Parra, también, el personaje más visible del clan de los Parra, cuyo elemento central sería y es Violeta, cantante, poeta, vinculada a la música popular y la resistencia política, en un país sacudido por varios golpes de estado e intentonas militares, entre ellos el del general Pinochet con su ola de desapariciones. 

Un clan, el de los Parra, que mantuvo entre sus miembros, unas relaciones sumamente complejas: “Nicanor no era uno más de los Parra Sandoval. No cantaba, no actuaba, tomaba apenas lo justo y suficiente. Siempre vivió esta distancia con la mendicidad de sus hermanos a la vez como una bendición y como una herida. Prefirió rodearse de gente educada, pudiente, mujeres y hombres de buena situación y apellidos vinosos o bancarios a los que de pronto le gustaba lanzarles su origen a la cara”.

Nicanor Parra fue el mayor de ocho hermanos, hijos de un padre alcohólico, que llevó y obligó a su familia a llevar una vida desordenada, con permanentes cambios de empleo, de ciudad y de casa. Por razones de supervivencia todos los hermanos -menos él que se centró en los estudios en base a becas y ayudas oficiales- tuvieron que ponerse a trabajar desde muy jóvenes en los empleos más pintorescos.

Las 482 páginas de esta biografía son un alarde literario de Rafael Gumucio, quien en secciones breves y brevísimas va entrando en el personaje por goteo y con enorme acierto pues la biografía termina siendo algo parecido a una novela guiada por los flashes de recuerdos, fragmentos de conversaciones, retales de impresiones, teselas que conforman la enorme personalidad de Nicanor, un poeta que desde los primeros titubeos terminó siendo uno de los más influyentes de las letras hispánicas, traducido a numerosas lenguas, y al inglés por el propio Allen Ginsberg o por Thomas Merton.

En esta biografía, Gumucio comienza explicando la intimidad personal, intelectual y social que mantuvo durante años con Parra, lo que le da autoridad para hablar como lo hace del maestro, desde un vínculo formado por horas de conversación con el escritor y la abundante documentación a la que tuvo acceso. Ello le deja las manos libres para llevar adelante su trabajo y su personalísimo enfoque de la cuestión. 

Probablemente, lo mas seductor sea la relación que el biógrafo establece con el  biografiado y las desconcertantes relaciones que mantuvieron entre ellos, de forma y manera que Gumucio no se nos quiere presentar como un investigador erudito ni un crítico profesoral, sino que son muchas las propuestas y más las conclusiones que no llevan un aparato documental detrás que las justifiquen. Y eso es una de sus excelencias en vez de un defecto, es su seductora virtud de buen escritor.

 

 

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