Reseña

Continuidades y cambios en el Órgano Judicial

Clément Thibaud narra, en Academia Carolina, cómo esta escuela atrajo a brillantes estudiantes y formó a muchos dirigentes sudamericanos.
domingo, 24 de enero de 2021 · 05:00

Erika J. Rivera 
Magister DAEN

Con regularidad advertimos elementos incómodos en el Órgano Judicial de la sociedad boliviana actual: los problemas de una justicia politizada, la burocratización de la misma y la excesiva oferta de profesionales abogados ante una demanda laboral menor. La opinión pública no se encuentra satisfecha con los resultados de la institución judicial, la cual debería administrar los procesos con celeridad, gratuidad y probidad, sin subordinación a ningún otro órgano del Estado, de acuerdo a los principios establecidos por la ingeniería constitucional.

   Este problema nos interpela a los ciudadanos, debido a que consideramos necesario el fortalecimiento del Estado de derecho, ya que ni gobernantes ni gobernados deberían estar por encima de la ley. Varios analistas señalan soluciones desde diferentes aspectos, como por ejemplo el mejoramiento de la infraestructura y del presupuesto y la introducción de una verdadera meritocracia. Otros también mencionan la necesidad de reflexionar sobre los poderosos códigos paralelos que se enseñan desde las aulas universitarias, alejándose de un comportamiento ético. 

   Un factor importante para la discusión se halla en el problema de la educación. Me detendré a comentar un aspecto histórico, porque considero que es lo que nos permite avizorar distintas alternativas y nos hace tomar conciencia de que estos problemas provienen de épocas lejanas. La historia nos puede ayudar a reflexionar con mayor profundidad para comprender el presente, sin olvidar que los contextos del pasado no deben ser interpretados con valoraciones axiológicas de la actualidad. 

   Sobre estos temas existe un libro crítico muy interesante de Clément Thibaud que se publicó el 2010 en Sucre: La Academia Carolina y la independencia de América. Los abogados de Chuquisaca (1776-1809). El texto nos explica la atmósfera cultural de Charcas a fines del siglo XVIII frente a las reformas borbónicas, las turbulencias sociales y étnicas, y asimismo la creación de la Academia Carolina y su funcionamiento institucional. El autor analiza la diversidad de los abogados como corporación mediante un trabajo estadístico respaldado por fuentes primarias, señalando datos esclarecedores sobre los orígenes geográficos y sociales de los abogados. Además señala la formación intelectual de estos últimos y la evolución de los conceptos políticos. La investigación también ofrece una mirada de la vida social y de la cohesión de la corporación de los abogados. 

   El autor, Clément Thibaud, es un historiador francés que estudió en la Sorbona. Su tesis principal: “Los abogados tuvieron un papel fundamental en la preparación y obtención, con su propia lucha, de las independencias de los países sudamericanos, desde finales del siglo XVIII”. 

La Academia Carolina de practicantes juristas, fundada en 1776 en Chuquisaca, fue una escuela para el foro práctico que atrajo a brillantes estudiantes y formó a muchos dirigentes sudamericanos: Mariano Moreno, Bernardo Monteagudo, Mariano Alejo Álvarez, Jaime Zudáñez, Juan José Castelli y otros. En la Academia Carolina se forjó un pensamiento político y filosófico sólido, para llevarlo luego hacia Argentina, Chile, Perú y Uruguay. 

Thibaud presenta aquí la primera historia de esta escuela de libertadores, “que con sus controversias, textos y proclamas salieron en defensa de los indios, lucharon contra la esclavitud y reivindicaron los derechos de los americanos, para terminar proclamando la independencia, mediante una eficaz y explosiva combinación entre la alta escolástica antigua y las ideas del siglo de las luces”. 

   El autor trata de esclarecer el modo de existencia de un grupo que perteneció a la élite criolla, penetrando en sus formas de pensamiento, su sociabilidad, sus representaciones de sí mismos en la víspera de las guerras de independencia para explicar el sorprendente destino de estos abogados en el proceso de independencia de América, agentes políticos activos de los levantamientos y de las asambleas en el Río de la Plata a partir de 1809. Ha destacado la articulación de esta corporación con la sociedad de Charcas, articulación compleja que se establece en distintos niveles institucionales: la Iglesia, la Audiencia y la Universidad. 

   Según Thibaud, aquellos jóvenes abogados cultivaban una verdadera pasión por aprender las nuevas doctrinas de la Ilustración, el racionalismo y la democracia, así como por aplicar  las novedades del derecho constitucional norteamericano. Pero también el autor describe la profusión de mañas y astucias en la praxis efectiva de la profesión, la dilatación de los procesos, la compra de sentencias, la utilización de las chicanas más creativas y la confusión de normas.

   Un interesante estudio posterior, compilado por Hernán Pruden y publicado bajo el título Doctorcitos. Ensayos de sociología y antropología jurídica (La Paz: CIS 2017), nos muestra la continuidad de prácticas actuales que han pervivido casi intactas desde los tiempos coloniales. 

Llama la atención que la dilatación de los procesos, los usos más variados y curiosos de la chicana y la corrupción en todas sus variantes prosiguen hoy de manera muy similar a la de siglos pasados. 

En su ensayo basado en datos empíricos y en una serie de entrevistas, Hernán Pruden nos muestra que hoy en día las viejas mañas, tácticas y astucias de los abogados comienzan durante el estudio universitario y luego prosiguen en la praxis de los juzgados y en las relaciones entre mandante y abogado como si no hubieran transcurrido algunos siglos desde el principio de estas actividades en el siglo XVII. Lo que ha desaparecido, salvo algunas excepciones muy valiosas, es el anhelo de conocer la teoría y la praxis jurídica de otras culturas.

   Todo esto nos muestra, de forma terriblemente clara, las dificultades de una reforma judicial que valga la pena por la simple razón de que los valores de orientación, la mentalidad imperante en el gremio de abogados, jueces y fiscales, y finalmente la tolerancia de la población con respecto a estas actividades hacen muy improbable el éxito de una reforma profunda y auténtica en el corto plazo.
 

 

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