El visitante profundo

¿Era verdad que Saenz fue alcohólico ? ¿Que vivía de noche y dormía de día? ¿Que era un ermitaño y no salía de un cuartucho?
domingo, 10 de octubre de 2021 · 05:00

La Paz es una de las pocas ciudades latinoamericanas en las que el mito del “poeta maldito” todavía está muy presente en el imaginario. No es difícil entenderlo: todo se debe a Jaime Saenz, el escritor boliviano más grande del siglo XX (1921-1986). Su vida está rodeada por un aura de hermetismo y misterio: ¿era verdad que fue alcohólico durante toda su vida? ¿Que vivía de noche y dormía de día? ¿Que le gustaba visitar la morgue y contemplar cadáveres? ¿Que obligaba a sus estudiantes a que le consiguieran cocaína? ¿Que era un ermitaño que jamás salió de un cuartucho miserable? Los poetas y narradores paceños de las siguientes generaciones han convertido a Saenz en una leyenda, y no es fácil desbrozar lo cierto de aquello que no lo es pero que, de tanto repetirse de boca en boca, ha adquirido un estatus de verdad indiscutible.

Jaime Saenz nació en La Paz el 8 de octubre de 1921 en una familia de clase media. Sus padres fueron Genaro Saenz y Graciela Guzmán. Tuvo cuatro hermanos (uno por parte de padre y tres por parte de madre). Pasó por varios colegios: comenzó en La Salle, siguió en el México, terminó en el Instituto Americano (1938).

Su padre, militar, no tuvo mucha presencia en su vida. En La piedra imán (1986), su texto más autobiográfico, Saenz recuerda a su madre: Con hermosa expresión de antigüedad, remota y triste,/ con lacio cabello negro, que peinaba con moño,/ y con grandes ojos negros,/ emerge de entre las sombras y se me aparece, suave como la lluvia.  

Un momento fundamental en la vida de Saenz ocurrió en 1938, cuando a los 17 años, sin haber terminado el bachillerato, fue escogido para formar parte de una delegación de jóvenes que iría a Alemania a estudiar. Llegó a Alemania en septiembre de ese año y quedó deslumbrado por la histeria colectiva en torno al nazismo. Su apasionamiento fue tal que llegó a solicitar enrolarse en las Juventudes Hitlerianas para invadir Polonia (fue rechazado). Saenz se quedó en Alemania durante 15 meses, y volvió a Bolivia en diciembre de 1939 con una admiración por Hitler y el nazismo que lo acompañó a lo largo de su vida.

Cuando sus amigos protestaban por la esvástica dibujada en una pizarra y la foto de Hitler que tenía en la pared de un cuarto del chalet en el que vivía en Miraflores (en el callejón Muñoz Reyes), Saenz no les hacía caso. Lo fascinaba el lado religioso, mágico, místico del nazismo; tenía una gran simpatía por el irracionalismo alemán. Estaba en contra del exterminio nazi de los judíos, pero a la vez era un furioso antisemita (...). 

Por otro lado, siempre hubo contradicciones en el pensamiento de Saenz: Erika Kressberg, la alemana con la que se casó en 1944, era de extracción judía; uno de sus escritores favoritos, Franz Kafka, era judío. Saenz llegó incluso a utilizar ideas nazis del culto de lo telúrico para aplicarlas a Bolivia y creía que en la potencia de la raza aymara se encontraba el futuro del país (en su escritorio guardaba la foto de un indio aymara gigante). De hecho, se consideraba un nacionalista de izquierdas y participó en la revolución de 1952, llegando a trabajar durante tres años en la dirección de informaciones de la presidencia de Paz Estenssoro.

La década del 40 fue una de las más turbulentas en la vida de Saenz. Tuvo varios trabajos (estuvo a cargo de la división de prensa de la embajada de   Estados Unidos; fue corresponsal de McGraw Hill World news a partir de 1945). Sus primeros escritos publicados datan de 1942 (Poemas de 1942). Editó con amigos una revista llamada Café y mosquitero.

Fueron años de bohemia dura: había comenzado a beber muy temprano, a los 15 años, pero fue a sus 20 en que se convirtió en un alcohólico y, durante diez años, se la pasó entre cantinas y chinganas de mala muerte. El alcohol era para él una búsqueda de trascendencia, como señala en La noche:

La experiencia más dolorosa, la más triste y aterradora/ que imaginarse pueda,/ es sin duda la experiencia del alcohol./ Y está al alcance de cualquier mortal. /Abre muchas puertas. /Es un verdadero camino de conocimiento, quizá el más/humano, aunque peligroso en extremo./Y tan atroz y temible se muestra, en un recorrido de/ espanto y miseria, que uno quisiera quedarse muerto allá./Pues el retorno del otro lado de la noche es en realidad un/ milagro, y únicamente los predestinados lo logran. 

En la novela Felipe Delgado (1979), para muchos críticos la obra maestra de Saenz, Felipe busca el conocimiento a través del alcohol. El alcoholismo, el delirium tremens, permiten acceder a un grado de conciencia superior, a un estado de revelaciones y una visión más profunda de la realidad. Aquí es importante la figura del aparapita –un indio aymara que se gana la vida recorriendo la ciudad cargando cosas a sus espaldas–, idealizado por Felipe porque es capaz de “sacarse el cuerpo” (encerrarse en una bodega y beber hasta la muerte). La bodega es un espacio sacro donde se llega al autoconocimiento a partir de la destrucción del cuerpo (no es casual que la que Felipe frecuenta se llame “El purgatorio”). Pero confrontado con la decisión de escoger entre la escritura y el alcohol, Saenz dejó el alcohol.

En 1957 Saenz publicó Muerte por el tacto, en 1960 Aniversario de una visión, y en 1964 Visitante profundo. Con esos tres libros comenzó a ser reconocido como un poeta fundamental. Ese 1964 muere su madre, recae en el alcohol durante ocho meses, y comienza a vivir con su tía Esther, que lo cuida hasta su muerte.  

En Recorrer esta distancia (1973),  Saenz escribió sobre la muerte: Estoy separado de mí por la distancia en que yo me encuentro;/ el muerto está separado de la muerte por una gran distancia./ Pienso recorrer esta distancia descansando en algún lugar./ De espaldas en la morada del deseo,/ sin moverme de mi sitio –frente a la puerta cerrada,/ con una luz del invierno a mi lado.

Jaime Saenz falleció el 16 de agosto de 1986. La distancia había sido recorrida.

Fragmentos de “Jaime Saenz, el visitante profundo”, publicado en Los Malditos (Leilia Guerriero, ed, UDP, 2011)

 

Edmundo Paz Soldán / Escritor y profesor en  Universidad  de Cornell

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