Una literatura llamada Jaime Saenz

El poeta construye un movimiento poético como si de un movimiento musical se tratase; la memoria está relacionada con el modo en que la sitanxis se desarrolla.
domingo, 10 de octubre de 2021 · 05:00

La pretensión confesada o no, de todo escritor, es la que postular un mundo a través de su escritura y esto se acentúa más cuando lo que se escribe circunda casi todos los géneros. Aquí, entonces no hay una confabulación sobre el género para mostrar la destreza del que escribe. Lo que existe es más bien la posibilidad de rodear el conocimiento material de la escritura desde varios flancos. Como si de un juego bélico se tratase. Por ello, la guerra de posiciones, insta a pensar en la posibilidad de una vanguardia renovada e iniciada desde la poética de Jaime Saenz. Una vanguardia que sea superadora de aquella de los años 20, pero que retome piezas de ella.

Si hay un efecto de estilo al principio en la obra de Saenz, éste luego se profundiza y construye su vocabulario. La canción es conocida por todos. El frío, el tacto, el júbilo, el gobierno, la vida, el vivir, el aparapita, Llojeta, La Paz, la muerte, el moscardón, el estar muerto. Todas esas palabras son resignificadas dentro del discurso de Saenz porque ellas pasan a ser, conceptos con los que se construye la poética y que luego operan como objetos literarios. Como piezas de un gran argumento que se escribe a medida que la obra misma se escribe. En ese sentido, cada palabra tiene un sentido, pero su significado cambia de texto a texto, o si no cambia, la menos demuestra su flexibilidad y polisemia.

Y como todos sabemos, la presencia de la vanguardia no es dar por sentado un acontecimiento o un estilo, es, por el contrario, la búsqueda de éste. Toda vanguardia se vislumbra en el tiempo futuro dado que en el presente su existencia es solo devenir. Entonces, bajo esa premisa, luego Saenz arma su poética porque ella le permite establecer la relación que tendrá con el mundo. Es una relación mediada por el lenguaje y por el idioma, pero determinada en última instancia por lo desconocido y por el propio envejecimiento del mundo.

Se recordarán los pasajes que tanto en La piedra imán como en Felipe Delgado se iguala la vida del hombre con la del mundo. Esto se realiza por medio del recordatorio de que la edad del hombre es la edad del mundo y que el mundo envejece a medida que el mundo envejece y que hay que preguntarle al mundo el motivo de nuestros problemas, dudas, miedos y pesares; porque lo individual humano se presenta también en el mundo como espacio azul que está cubierto por lo infinito.

Se habla de un idioma como quien habla de una sintaxis y dentro de la sintaxis, un imaginario. La inmanencia del ser a partir del “estar”, del “estarse”, del “pensarse y verse”, son momentos en los que Saenz construye un movimiento poético, como si de un movimiento musical se tratase porque es desde el cual escribe el mundo. Lo escribe con una sintaxis particular para distanciarse de la mera representación del realismo.

Lo hace porque el propio habla de la sintaxis deja huella en el modo en que interpretamos el mundo y crecimos en él. Saenz lo sabe y por eso la memoria está relacionada con el modo en que la sitanxis se desarrolla. Como si fuese parte misma de su evolución como lengua, pero también como hombre, como humanidad; así, de la sintaxis, se pasa al lenguaje, a una gramática. Una que se desprende de la retórica de la enunciación y se apropia de las cosas que nombra.

Hay entonces, una mediación que nos permite acceder al conocimiento del mundo y al sentido de los libros de Saenz. La mediación es la apropiación del lenguaje, para crear una sintaxis determinada por la historia individual y sus experiencias que luego, logre configurar en el tiempo, dentro de un espacio determinado, un idioma. Y el idioma es algo secreto. Es al final, lo que Saenz busca en sus libros, un idioma con el cual pueda comunicarse. Pero él no habla ni escribe sobre una comunicación lineal donde esté en juego la simple transmisión de mensajes. Lo que se busca es transmitir conocimiento. Un conocimiento específico. Uno mítico, uno místico, uno sobre lo que no existe más, que no es nostalgia; otro conocimiento sobre la vida, acerca de la muerte, sobre el estar vivo y sobre el propio envejecimiento.

Todas estas facetas del conocimiento hacen que el ser que piensa en Saenz y el que fabrica sea capaz de transitar por un espacio de mera comunicación a uno donde existe el conocimiento y el entendimiento.

Sobre esto son llamativos los pasajes en las novelas de Saenz donde el autor se refiere al conocimiento. A la búsqueda de un saber más allá de todos los saberes conocidos por el hombre, un saber trascendental y trascendente. Uno que pueda ayudarlo a entender desde la partícula más pequeña, como el moscardón y la telaraña, hasta la cumbre más alta y luego, el universo.

Las reflexiones de Saenz acerca de este asunto lo conectan con un conocimiento gnóstico, pero también dentro de la teosofía y dentro de eco del romanticismo alemán. Porque solo el verdadero sabio, el verdadero artista que está en completo control de sus dones y agradece por ellos, puede alumbrar el camino de la revelación a los demás. Usa el lenguaje para nombrar lo desconocido, pero habla a través de su idioma para ser entendido y reconocido.

El léxico de Saenz como el de Cervantes o el de Marx, o el fabricado por Zavaleta Mercado es una manera de dar herramientas de comprensión al lector. Aquí ya se puede hablar de una epistemología. Y como tal es vanguardia lejos de la vanguardia como escuela o como tradición estilística; aquí, en la escritura de Saenz se presenta como ejercicio de la voluntad por minar el campo enemigo que demarca lo que se puede y lo que no se puede hacer. La formalidad de las corrientes, los discursos oficiales, las maneras y procedimientos convencionales de gestación de un texto narrativo y poético, y luego, ante todo, la posibilidad de recurrir a artefactos de conocimiento que hacen su camino por fuera de la literatura: la pintura, la música, la filosofía, la cosmovisión andina, la geografía y la astronomía.

Todas aquellas disciplinas las reúne dentro de un ejercicio de apropiación. Y como toda apropiación, ésta pasa primero por una interrogación. Tal el momento en que la epistemología cobra sentido y profundidad en la obra de Saenz y por ello él pasa de ser un escritor de libros de poemas, o un autor de crónicas y novelas y narraciones cortas a ser una literatura.

Jaime Saenz experimenta con los lenguajes y las sintaxis del mismo modo en que juega con los temas y las disciplinas con las que se comunica. Arma un discurso capaz de sostenerse en el tiempo porque al interrogar los saberes extraliterarios, los convierte en parte de su poética en tanto que los convierte en signos de su estética.

Esto es posible porque Jaime Saenz ya se encuentra con la literatura ya fundada. Y no solo fundada, también en desarrollo. Ve en ella, el ejemplo de lo que un arte puede llegar a ser. Se enfrenta entonces con la tradición de la que arranca con Quevedo y El Quijote y la que se encuentra con los textos de Goethe, Thomas Mann, Rilke y Majail Bulgakov. Pero, lo que hace Saenz es un movimiento de exploración en estas literaturas y las convierte en esencia para su experimentación futura porque lo que queda claro es que Saenz es una literatura no porque se pregunte qué es la literatura, sino porque a él le interesa saber qué puede llegar a ser.

Así que, de forma provisional, podemos decir que Saenz parte de la poesía para posicionarse como escritor y artista, pero se da cuenta de que ese lugar le es insuficiente para su proyecto estético. Así que rompe con la tradición de poeta como ser que alumbra el camino y que es portador de un conocimiento superior; genera por ello el desplazamiento hacia la prosa y establece en ella el discurso de la vanguardia que desestructura los saberes establecidos, mezclándolos, restringiéndolos y usando lo mejor que tienen. De esa manera, Saenz, produce novelas que sellan el modo en que se hace novela en el país y arma de nuevo la historia de la novela y del futuro de la novela.

 

Christian Jiménez Kanahuaty  / Escritor

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