Adagio del hombre incompleto l

La novela de Giancarla de Quiroga retrata los tabús sociales en los comienzos del siglo XX en torno a Buenaventura, un hombre emocionalmente inestable.
domingo, 31 de octubre de 2021 · 05:00

La novela más reciente de Giancarla de Quiroga, ¿Un hombre diferente? (Plural, 2020), ocupa en 150 páginas siete décadas del siglo pasado, desde la introducción de la energía eléctrica en una ciudad (que podríamos llamar Cochabamba, por una alusión temprana a Adela Zamudio), hasta el golpe militar del coronel Banzer en 1971 (por una mención casual a la televisión boliviana, que no existía antes de 1969).

El párrafo anterior puede confundir al lector de esta reseña: no se trata de una novela histórica, aunque la historia aparece de manera necesaria como telón de fondo. En realidad, esta es la historia muy particular de un personaje, Buenaventura de Santa Rita Matos Enríquez, un hombre marcado desde su nacimiento por una condición física llamada criptorquídea (caracterizada por los testículos que al nacimiento no descienden al escroto) y por su inclinación homosexual nunca consumada.

Podríamos decir que toda la novela es el relato de la lucha del personaje por aparentar normalidad en una sociedad pacata y pechonia (bolivianismo interesante), que no acepta ni aquello que considera una deformidad física, ni lo que califica como una desviación sexual. Buenaventura atraviesa casi toda la narración con ese secreto que lo consume y lo convierte en un ser retrotraído y aislado.

La novela es también un retrato de época. Los tabús sociales en las primeras décadas del siglo XX, son tan fuertes que ni siquiera la curtida matrona que lo trajo al mundo, ni los médicos del Hospital Viedma, ni su amada madre, ni él mismo (esto llama mucho la atención) se dieron cuenta de su condición física hasta que, ya bachiller, una experimentada prostituta chilena lo descubre en un santiamén.

Lo anterior dice mucho del ambiente represivo que vivían las familias tradicionales, sobre todo aquellas cuyos actos estaban guiados por la religión católica. La hipocresía en las normas sociales está señalada precisamente por el hecho de que Nelita, la madame chilena, se convierte en la persona de mayor confianza, una figura maternal que protege la integridad sicológica de Buenaventura, aunque no completamente su integridad emocional.

Hasta su madurez (más de 50 años según las referencias históricas), Buenaventura es un hombre emocionalmente inestable e inmaduro. Su tránsito por la vida, marcado en la adolescencia por una violación de la que es víctima en una sacristía, hace casi imposible su relación con las mujeres y los hombres por igual. Sin embargo, recurre en su imaginación a sucesivos enamoramientos platónicos con amigos con los que tiene fantasías sexuales nunca consumadas.

Su inmadurez afectiva se transpira en la voz que guía la narración. La novela está narrada desde su perspectiva, aún cuando el relato alterne la primera con la tercera persona. Buenaventura no razona como adulto, como demuestra la cursilería con que expresa sus sentimientos y pensamientos secretos hacia otras personas. Siempre busca alguien que lo quiera y lo mime, ya sea con el amor incondicional de su madre o el cariño condescendiente de Nelita.

Encerrado en su mundo de fantasía, logra sin embargo establecer algunas amistades entrañables por su generosidad y caballerosidad, en una época donde las mujeres se “conquistan” como si fueran terrenos baldíos y las amistades se forjan en torno a intereses económicos y de estatus social. 

Sus fantasías eróticas son púdicas, descritas apresuradamente para acentuar la culpa que remolca el personaje con el sexo y la rémora para resolver su ambivalencia. De ahí que la expresión de sus deseos platónicos está contaminada por el lenguaje folletinesco de la época, y se mantiene incluso en su madurez, cuando lo adivinamos con más de medio siglo de edad.

Su mirada contamina la descripción de los demás personajes, a los que imagina con reacciones sentimentales similares a las suyas: el amor a primera vista, un primer beso, o un encuentro fortuito que “cambia la vida”, y otros indicios de su inmadurez afectiva. Su mirada sobre quienes lo rodean está filtrada por esa concepción sensiblera que arrastra a lo largo de su existencia. Si bien el relato refuerza su perspectiva, la ausencia de otras miradas sobre él, impide que el personaje adquiera mayor espesor sicológico.

A pesar de una educación privilegiada y de estar rodeado de profesionales como él, Buenaventura mantiene prácticas religiosas más cercanas a la superstición que a la fe. A lo largo de su vida acude a la confesión esporádicamente, no tanto por afinidad con los curas, como por una atracción irresistible hacia los templos solitarios, como aquel en el que fue violado de adolescente. No se entendería de otra manera que una persona culta, aunque inmadura en lo emocional, se conforme con lavar sus culpas imaginarias mediante tres avemarías y dos padrenuestros.

Debido a su condición física y a su preferencia sexual, Buenaventura vive una soledad opresiva a lo largo de su vida adulta. La soledad lo hace desinteresarse de la realidad concreta, alejarse de la ciudad y del país en el que vivió toda su vida. Quizás por ello no hay casi referencias precisas que permitan identificar los lugares o los momentos históricos. Sus únicos viajes transcurren entre su ciudad natal y La Paz, que adivinamos cada vez que se alude a “la capital”.

Tampoco hay mención de ningún viaje internacional, ni una noción de fronteras o contexto más allá de lo que rodea su vida inmediata, aunque el personaje está inspirado en alguien que sí viajó. Todo ello subraya el carácter introvertido, aislado y arrinconado del personaje, pero sin las características de un personaje kafkiano marcado por el dolor creativo, sino más bien de un personaje cuya negativa a trascender lo hace prescindible.

Si bien el contexto social en el que se desarrolla la mayor parte de la vida de Buenaventura es en extremo conservador y prejuicioso, no todo lo que lo rodea es retrógrado. Personajes femeninos como Beatriz, Iris o la propia Nelita demuestran que las mujeres se abren un espacio que ya no depende de las presiones sociales.

Beatriz es una abogada exitosa, Iris tiene compromiso político con una agrupación “de izquierda” antimilitarista, y Nelita posee una sabiduría propia que ha adquirido en el contacto cotidiano con todo tipo de personas. En la novela es uno de los personajes más entrañables. Es una novela donde las mujeres pesan mucho y tienen fuerza.

Giancarla de Quiroga ha mantenido constante su producción narrativa alternando novelas y cuentos. Entre sus obras recientes están De amores y otros cuentos (Plural, 2007), Niños, niñas y mascotas (Gente Común, 2007), Cuentos para un amigo con gripe (Editorial 3660, 2015), La noche de la fiesta (Plural, 2016) e Iniciaciones (Plural, 2018).

 

Alfonso Gumucio Dagron /  Escritor y cineasta

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos