Los primeros textos narrativos del Nuevo Mundo

5 siglos después, los diarios de viajes de Colón se empezaron a valorar por su riqueza narrativa y por las extraordinarias descripciones de ese mundo desconocido.
domingo, 31 de octubre de 2021 · 05:00

“El almirante llamó a los dos capitanes y a los demás que saltaron en tierra, y a Rodrigo de Escobedo, escribano de toda la armada, y a Rodrigo Sánchez de Segovia, y dijo que le diesen por fe y testimonio como él por ante todos tomaba, como de hecho tomó, posesión de dicha isla por el rey y por la reina, sus señores”. Este es un fragmento de los diarios de Colón en los que el almirante describe todo el rito que, supuestamente, hizo el momento que arribó a tierras americanas en 1492.

Los diarios de Colón revelan el modo cómo los primeros españoles que llegaron a estas tierras, percibían y describían a los indígenas y analizaban sus costumbres y sus religiones para obtener provecho. Se trataba de documentos probatorios, cuya función era que un lector lejano, seguramente los reyes católicos, verifique y compruebe que se cumplieron los protocolos que les garantizaban la posesión de las tierras. Además, cuando el almirante se presentó ante la corte, tuvo el cuidado de añadir algunas evidencias: animales exóticos, productos naturales, plantas e incluso algunos habitantes de las tierras encontradas por casualidad en su búsqueda por una ruta alternativa hacia la India. Pero, sobre todo, llevó muestras de las riquezas que se podrían explotar en estas pródigas tierras.

Estos diarios de viajes fueron leídos como las primeras descripciones “reales” de las tierras encontradas accidentalmente. Descripciones que luego serían superadas en cantidad y detalles por muchos otros libros de viajes o crónicas. Cinco siglos después, esos textos históricos se empezaron a valorar por su riqueza narrativa y por las extraordinarias descripciones de aquel mundo desconocido e inimaginado por una sociedad medieval.

El mundo académico se dio cuenta de que esos discursos traducían no solo el imaginario de los viajeros, sino revelaban nuevas estrategias de describir y de ver el mundo; o reinventarlo, en todo caso, mediante la palabra.

Con todo esto, las nuevas lecturas no se detuvieron solo en su valor histórico, sino también en su calidad narrativa, de esa manera se estableció un nexo entre el documento histórico y la literatura. John Beverley, Hugo Achugar, Roberto Gonzales Etcheverria en la década de 1990 se dieron cuenta de que la literatura era más amplia en sus fronteras. Así, la crónica, el testimonio, los diarios de viajes comenzaron a formar parte de los estudios literarios latinoamericanos.  

Los críticos y teóricos literarios pudieron advertir que era posible analizar estos textos más allá de su valor histórico, por supuesto que hubo un gran entusiasmo al integrarlos al ámbito de lo literario, era lógico: se constituían en los primeros relatos ficcionales en estas tierras. No solo revelaban un mundo desconocido: su naturaleza exuberante, sus frutos y sabores inimaginados o sus habitantes hospitalarios; también informaban sobre la riqueza, el oro y las piedras preciosas encontrados; más importante que eso, para esta nueva veta de investigación literaria, era que estos textos ponían también en el tapete de la discusión académica el “locus de la enunciación”.

A las preguntas recurrentes de quién escribe, para qué escribe o desde dónde escribe, se sumó la interrogación de cómo se escribe, es decir cómo se narra, cómo se describe este mundo, así estos textos empezaron a ser aceptados como la proto-literatura latinoamericana. Se halló que en estos primeros textos sobre el continente había un porcentaje de verdad, otro de exageración y algo de ficción, por eso entraban al ámbito de la literatura.

Los libros de viajes y las crónicas fueron descritos por los críticos literarios como un ejemplo de la proto-literatura latinoamericana y los postulaban como el primer indicio de una narración ficcional en el continente. Esa vena, en cierto sentido, fue explorada por Tzvetan Todorov, que haciendo una lectura desde la perspectiva semiológica de la alteridad, muy cercana a la crítica de fuentes, denunció cómo los procesos de significación y de manipulación de estas narraciones pretendieron encubrir y justificar un genocidio que, en sus palabras, desembocó en el primer gran imperialismo moderno.

Más aún, la crítica del semiólogo incide en los diversos signos verbales, gestuales y religiosos descritos por los cronistas de la conquista que revelaban el sesgo entre la cultura europea recién llegada y las culturas que existían en el continente. Pero sobre todo, desentraña la lógica de los signos dominantes y el modo cómo la administración de los mismos tenía un fuerte vínculo con el ejercicio del poder.

Tendríamos que estar de acuerdo con que, como lo sugiere Santiago Castro–Gómez, esa significación está alineada a diferentes dispositivos de poder. Aunque  Todorov redime al almirante y lo describe como alguien desinteresado, también señala el modo en que  usó la narrativa de la riqueza y del oro para lograr que los ibéricos y la corona lo siguieran apoyando en su empresa.

Huelga señalar que Todorov concuerda con muchos autores de que la invasión ibérica significó el mayor genocidio del mundo y que para que pudiera realizarse era necesario que se produzca la negación como sujeto, y como humano, del “Otro”. Es decir, si seguimos su línea interpretativa, el desconocimiento del “Otro” fue la razón principal con la que se justificó el genocidio y toda la violencia empleada en contra de ese “Otro”. El mayor ejercicio del poder fue lograr que el “Otro” pase a adquirir el significado de naturaleza, como diría Emmanuel Chukwudi Eze (2008), o, en todo caso, ocupe un “no lugar” como describe Mark Augé. Lo cierto es que entre la invasión de nuestro continente y su dominación hubo todo un proceso de lucha por el significado y ese debate fue el que dominó la escena.

Sin embargo, otra lectura, esta vez volviendo a acudir al texto como fuente primaria, informaría de los ritos y ceremonias que los españoles debían realizar al arribar a estas tierras. Más allá de ser una fuente que describa exactamente lo que hicieron, el texto informa de lo que se debía hacer en caso de encontrar tierras: reclamarlas, tomar posesión y suscribir documentos que probarían que se hicieron todas esas acciones en nombre del rey. En síntesis, Los diarios de Colón, deberían interpretarse como una fuente primaria para comprender los modos como los conquistadores racionalizaban sus acciones. Se trata de toda una “literatura” que informa más del emisor que de su referente. En tal medida, estos textos describen sus anhelos, sus deseos, sus temores y mucha otra información que fue analizada desde diferentes contextos y disciplinas, entre ellas la literaria.

Visto desde esta perspectiva este primer texto escrito en nuestro continente vendría a ser también una especie de proto autoetnografía de los conquistadores. Aunque muchos otros pensadores, incluido Gonzales Echevarría, repararon en su carácter ficcional, junto a los primeros textos literarios producidos en el continente. De ese modo, los diarios, las crónicas o los libros de viaje, se constituyeron en algo muy parecido a una proto literatura o proto etnografía. Por supuesto que estos textos nacieron para cumplir las formalidades que la corona imponía: describir las tierras, las personas y sus costumbres; y, por sobre todo, informar sobre las riquezas que se encontraban en estas tierras. En síntesis, estas narraciones tenían fines económicos, políticos, religiosos, e incluso militares. Sus narradores jamás habrían imaginado que los textos informativos derivarían en textos literarios, aunque era lógico viendo el esmero con el que describieron el mundo que contemplaban.

 

Cleverth  Cárdenas Plaza / Docente universitario  

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos