Políticas de crecimiento en democracia

La tesis de Pacheco es que las reformas de 1985-97 “significaron una modernización económica en un momento de agotamiento del modelo estatista”.
domingo, 21 de noviembre de 2021 · 05:00

Joaquín Tapia Guerra

Primero un breve resumen

Políticas de crecimiento en democracia, de Mario Napoleón Pacheco, es una evaluación económica de dos paquetes de reforma estructural implementados en Bolivia entre 1985-97, primero con Estenssoro y luego Sánchez de Lozada. Estos presidentes fueron ambos militantes del MNR, posiblemente el partido más notable en la historia de Bolivia, al menos hasta el 2003 y la “crisis del sistema de partidos”, como la llama Pacheco.

Su libro tiene cinco capítulos, el primero presenta la economía boliviana, el segundo describe las reformas y los siguientes tres evalúan su impacto. Dado que el alcance del libro abarca el periodo 1980-2006, Pacheco cubre no solo las reformas, sino también la grave crisis que las motivó. Aunque su postura es explícitamente pro reformismo, no presenta en absoluto una visión solo alentadora. Para pena de cualquier lector, al final dice: “se quiso, pero no se pudo”.

Pacheco nació en La Paz, en los 70 estudió economía en la UMSA y en los 90 hizo posgrados en CIDES-UMSA. Su tesis doctoral, aún inédita, trata de los procesos de crecimiento y desarrollo en Bolivia entre los siglos XIX a XXI. Es profesor de economía y ciencias políticas en la UMSA desde hace 30 años. En los 80 trabajó en el Ministerio de Minería, luego en el Instituto de Investigaciones Económicas  de la UMSA y en los 90 trabajó en el Banco Central de Bolivia. También fue investigador en el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla) entre 1994-96 y entre 1996-2005 lo fue en la Fundación Milenio, institución que luego dirigió hasta 2017. En solitario y co-autoría, ha publicado hasta ahora unos 12 libros, el que reseñamos aquí es el séptimo que escribió y hemos usado la primera edición, de 2008.

El libro en cuestión

La tesis de Pacheco es que las reformas de 1985-97 “significaron una modernización económica e institucional” para Bolivia, en un momento de “agotamiento del modelo (de gobierno) estatista y proteccionista”. Si bien fue detonada por la crisis de la minería, dice, la primera hiperinflación de Bolivia se explica por este agotamiento, herencia colonial que colapsó entre 1980-85 debido al gasto fiscal excesivo: 1) empresas públicas no rentables (YPFB, Entel, Comibol, Ende, Enfe, Lab), 2) 245k empleados en el aparato estatal (más de 500k en 2020), 3) volatilidad inherente a una economía demasiado centrada en materias primas, 4) “monetización del déficit” por un banco central no independiente, sino controlado desde el Ejecutivo. Dice que en consecuencia el déficit de 1984, 25,4% del PIB (9,7% en 2021), fue “el más alto desde 1950” y que entre 1982-85 se registraron 1.216 protestas.

Según Pacheco, las reformas que atendieron estos problemas, divididas en dos “generaciones” (1985-89 y 1993-97), buscaron primero estabilizar la economía y luego modernizarla. En principio, dice que se aumentó el aporte a las reservas nacionales, se simplificó y descentralizó la recaudación tributaria, se impuso que el Ejecutivo haga aprobar sus presupuestos antes de ejecutarlos, se liberó las tasas de interés, se disminuyó los aranceles de importación, se suprimió las fijaciones de precios, se creó una nueva moneda, el boliviano, y se instauró un mecanismo para guiar el tipo de cambio, llamado bolsín.

Para limitar el gasto público, se despidió a 25k personas del Estado, pero a fines de 1985 el precio del estaño cayó en 52,2%, por lo que también hubo que despedir, si bien con una indemnización, a unos 18k empleados de Comibol. Con todo, Pacheco dice que “por primera vez en 7 años el desempeño de la economía fue positivo”, con un crecimiento promedio del PIB de 3,1% entre 1987-89.

El segundo paquete de reformas, también controversial, buscaba reimpulsar al primero, que a inicios de los 90 comenzó a estancarse. En este caso se aprobó una nueva Constitución (1994) y varias leyes para una reforma judicial a gran escala. Dice Pacheco que se impuso la independencia del BCB, se reformó el sistemas de pensiones y educación, se crearon seguros de salud, se descentralizó el control gubernamental, se capitalizaron las empresas públicas que generaban déficit  y se creó una entidad para que las regule. Dato interesante, Pacheco dice que la “pluriculturalidad y multietnicidad del país” fueron primero planteadas en la Constitución de 1994. La inversión extranjera directa subió de 2,5% a 12,2% del PIB entre 1994-99, lo que supuso mayores reservas nacionales y un sector de hidrocarburos más dinámico.

Pero los obstáculos eran muchos y muy duros. Entre 1980-2006, 15 años fueron de recesión o crecimiento bajo y 12 de crecimiento moderado. Al citar las causas de este bajo nivel de progreso, Pacheco dice que varios shocks hicieron que la deuda externa fuera menos indulgente, por ejemplo las crisis financieras mexicana y asiática en los 90, así como la burbuja del dot-com en 2001. Sin embargo, había un decisivo obstáculo interno: la distribución desigual de riqueza y educación. Entre 1976-2001, dice, el cambio promedio en la atención de necesidades básicas insatisfechas fue de 27,3% en las ciudades y solo de 7,7% en áreas rurales. Según Pacheco, esto causó un descontento que, sumado a un acuerdo de exportación de gas natural a través de Chile (2003), fue usado por la élite de izquierda para desenterrar la vieja desconfianza en el reformismo.

Nuestro comentario

El conocimiento de Pacheco sobre las reformas de 1985-97 en Bolivia presenta varios datos con los que nadie puede disentir, sea cual sea su línea política.  Pacheco no da tanto peso al rechazo de Sánchez de Lozada a debatir la exportación de gas con la población. Según su concepto de inversión privada, que no es ingenuo, el acuerdo era beneficioso para el país. Para él, el problema fue la llegada de Morales Ayma a la presidencia porque “significó el desmantelamiento de las reformas”.

Ahora bien, quien se apure mucho a discrepar con esa opinión, es probable que no haga nada con ella, aparte de cambiar el nombre del culpable y revertir la acusación. Si a eso llaman “tener una línea política”, adelante, pero para el resto ¿qué opción hay?

Una respuesta de Pacheco es simple, lo que no significa que sea fácil: la desigualdad es un problema ahora como lo fue en la época reformista. Eso no es lo mismo hoy que antes, y la clase media probablemente ha crecido, pero demasiadas personas siguen en pobreza. Eso les impidió ver el beneficio de las reformas y las empuja, aun hoy, a votar en su contra. También las hace más vulnerables al anzuelo racialista, que es la última moda en discurso político. El problema, como dice Pacheco, es que las reformas “se producen lentamente y en el largo plazo”. Si confundimos enojo con libertad, simplemente nunca llegarán. Por otro lado, y aunque la política racialista diga lo contrario, la libertad por suerte no es un privilegio de clase. Es algo que cada quien debe construir por su cuenta. Y no, unirse a una secta no libera a nadie, así seas una mujer fanática en un comité cívico o el vicepresidente anti-vacunas de Bolivia.

 

Joaquín Tapia Guerra / Crítico literario

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