Una mirada sobre Nazario Pardo Valle

El autor analiza Trópico del norte, una novela geográfica premiada, y resalta la vinculación del escritor con Carlos Medinaceli y Gamaliel Churata.
domingo, 21 de noviembre de 2021 · 05:00

Jorge Saravia Chuquimia

Voy a aprovechar esta oportunidad para evocar a un novelista que tuvo estrecho contacto literario y periodístico con Carlos Medinaceli y Gamaliel Churata. Parafraseando a Lezama Lima diré que, el señalado, es un espíritu luminoso “desgraciadamente rendido ya a las sombras”, y un nombre que no debemos olvidar, Nazario Pardo Valle (1901-1978). Estas primeras palabras recordatorias del escritor paceño son oportunas para indicar que brindaré un vistazo a una de sus obras de raíz geográfica. Autor partícipe de un grupo de novelas que denomino geoliteratura boliviana, desarrolladas entre 1935-1952. La ficción a tratar es Trópico del norte. (La novela del siringal paceño), escrita en 1   948, y de ésta, desplegaré la cuestión de la autodestrucción del héroe estimulada por su falta de visión.    

 Antes de ingresar al terreno de la novela, es inevitable no comentar la coincidencia Medinaceli-Churata-Pardo Valle, dentro el mundo periodístico-literario nacional. Basta recordar que, en 1937, en el periódico La calle trabajan los tres. En esa época, Carlos Medinaceli publica el artículo Miss Tarija, provocando que los residentes tarijeños se sientan insultados y ofendidos por el contenido; tal es la situación, que intentan agredir al comentarista. La publicación desencadena la clausura del rotativo y el director Pardo Valle es maltratado por los aludidos.

La resonancia de esta noticia cae en la anécdota, pero contribuye visualizar a tres grandes figuras de las letras bolivianas conformando el equipo de columnistas. De igual manera, en el semanario La gaceta de Bolivia confluye Medinaceli, como director y  Churata y Pardo Valle como parte del cuerpo de redactores. Fuera de estas circunstancias, reconozco que los artículos de aquel ciclo cambiaron mi perspectiva sobre las letras nacionales.

 Trópico del norte es una novela geográfica premiada con el primer lugar del concurso en ocasión del IV Centenario de la Fundación de La Paz. Es la historia, dividida en tres partes, de la búsqueda de un inmenso territorio amazónico virgen ubicado en el norte paceño y donde existen incontables unidades del árbol del caucho. En esta relación, el narrador relata que el hacendado don Ramón Pineda es un próspero empresario de Santa Cruz del Valle Ameno. Posee grandes extensiones de tierra, donde se erige la hacienda Fortaleza. Repentinamente, es tentado por el hacendado don Santos Medina a descubrir un siringal en el norte de La Paz. El lugar avistado es selvático y desconocido para ambos, pese a que Medina estima sería una porción de cien mil hectáreas de terreno, colmados de extensas cantidades de la siringa.

 Asimismo, refiere que Ramón Pineda, de origen español, es un sujeto de baja estatura y constitución vigorosa, “retraído en sus ocupaciones rurales”. Suma a la caracterización del personaje los valores de la lealtad, honestidad y justicia. De hecho, es fácil darse cuenta de que es el héroe popular de la ficción y “era un hombre sin enemigos”. Con respecto a estas significaciones positivas observo que, “por lo benigno considerábase excepcional en la región”. Tiene al mando a hombres que trabajan “con más contento que resignación, sin quejas ni exigencias”.

 La identificación de Pineda, a primera vista, deja distinguir el ideal del sujeto racional occidental que tiene bien trazado el norte en su vida. Es decir, el relato condiciona al personaje a estar, de cierto modo, inserto en un mundo superabundante, en todo sentido. El narrador lo muestra como un ser que sabe quién es y cómo debe actuar en esta inicial dimensión literaria. Mira y transita un mundo imaginable. No obstante lo exquisito de la novela,  el giro de tuerca  emerge en la tercera parte. El héroe ingresa a un nuevo espacio nuevo: La Amazonia paceña norteña. Esta geografía en demasía contrariamente induce a que no alcance a visualizar totalmente el paisaje descubierto. 

 Con respecto a esta experiencia visual, el narrador cuenta que Ramón Pineda estructura la travesía al siringal paceño ilusionado. Él no puede mirar más allá de sus límites. No es la misma penetración de Teófano Cuéllar a la selva amazónica beniana, en Borrachera verde. Por lo cual la excursión es a ciegas (zona oscura). Es la iniciación de la auto-destrucción del héroe, porque observará que el mundo anterior es un mundo insignificante. Asume una nueva posición óptica ante la nueva naturaleza.   

 Aquí quisiera subrayar otro tipo de valoración de la novela. El sitio donde se consagra la novela de Pardo Valle está recreado y retratado en el trópico paceño. Esto no es gratuito, ya que condiciona a no perder de vista la amazonia como complementación del altiplano paceño. Encuentro un fragmento acorde: “Por el naciente es probable que lleguemos a Ixiamas o a las cercanías del río Beni. Por el oeste tropezaríamos con los gomales de Tambopata”. La geografía está por encima del relato, por arriba de la literatura. Es legítimo aclarar que el escenario instaurado deviene de la reminiscencia del autor apoleño. Otra referencia oportuna deja ver que el escritor conoce la cultura leco. Esto es importante porque refleja las maneras del uso del lenguaje en el relato, combinación del castellano con términos leco.

  Continuando con el paisaje, el lector no quita el ojo de la pintura que concreta el narrador del panorama amazónico. Las imágenes “observadas” a través de la escritura, las cimienta tal fuese una fotografía fiel de la selva paceña y esto produce reacción sensorial. Por eso, transcribo un par de frases: “En el fondo de la vega las llamaradas caniculares, que el sol en su retirada cotidiana atizaba finalmente en las cimas de la sierra”. “Afuera, el parloteo del arroyo y el acompasado ramonear de las bestias encorraladas”. Las frases confirman lo visual y lo auditivo.

 Cuando Ramón Pineda conquista el siringal añorado, llega al verdadero objetivo. El arribo es a una zona brumosa. Por tanto, no puede dejar de mirar el exuberante paisaje natural. Todo le parece fuera de foco. Ve un horizonte borroso que lo induce a la intrascendencia figurativa. En la culminación de la novela, el héroe derrumbado exige a la peonada: “Déjenme al menos la satisfacción de ser el último en abandonar el gomal”.

 No cabe duda que en la novela de Nazario Pardo Valle el elemento que origina la autodestrucción del protagonista es la escasa capacidad de mirar la nueva naturaleza. La insuficiente visualidad produce paradójicamente un vacío de representación que desestabiliza la identificación del héroe popular. Al respecto, es esencial apreciar que el relato muestra que la opulencia del paisaje amazónico causa ceguera a Pineda, en todo sentido. Estar sin luz es una forma de estar muerto.

Sobre el asunto, habría que reflexionar sobre la decisión del narrador de desenfocar la imagen del personaje, al final, con su ausencia. En esta óptica, distingo al personaje-fantasma.

 

Jorge Saravia Chuquimia / Arquitecto

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