La victoria del individuo sobre la masa

En su libro Guillermo Lora. El último bolchevique, Ricardo Zelaya “tuvo el acierto de realizar las preguntas intelectualmente honestas”, dice la autora.
domingo, 28 de noviembre de 2021 · 05:00

Erika J. Rivera

El 18 de noviembre  se presentó el libro Guillermo Lora. El último bolchevique, escrito y coordinado por el periodista Ricardo Zelaya Medina.  Uno de los comentaristas en ese acto, Alfonso Velarde, reconoció que el principal legado de Lora es la Tesis de Pulacayo, el programa del POR y su vinculación con la teoría trotskista de la revolución permanente, que aún hoy muchos militantes consideran como central. Con la relocalización de los trabajadores de las minas (1985), el POR perdió la mayor parte de su militancia obrera y se transformó en un partido básicamente estudiantil y docente. 

El libro nos muestra el carácter multifacético de la herencia intelectual de Guillermo Lora, que corresponde a la historia de las ideas en el país. Está clara la naturaleza doctrinaria de este líder político, pero también su énfasis en la acción colectiva de las masas proletarias, especialmente del sector minero. Al mismo tiempo se percibe la función dirigente de Lora como el único caudillo inspirador que dictaba la línea teórica. Él sostuvo que la democracia burguesa era inviable en Bolivia.

Beatriz Pérez, compañera sentimental de Guillermo Lora durante 30 años, entrevistada por Zelaya, manifestó: “Guillermo estaba hablando la verdad, el verbo y la vida, como ha debido hablar Cristo en su momento; era increíble, terrible”. Y continuó: “Él era el maestro de los maestros, era una cosa que te hipnotizaba, porque estábamos en el hervor de esa sociedad que está queriendo nacer, que está queriendo morir. Ahí estás dispuesto a dar tu vida (…). Están esas personas ahí, ¿no?; los Lenin, los Marx, los Trotsky, todos a tu alrededor, porque realmente estás viviendo una época revolucionaria”. En la entrevista a Pérez afloran observaciones sobre el carácter, las modalidades de trabajo y, ante todo, el gran amor de Lora por todo material impreso.

Esta cita expresa la ilimitada admiración que tuvieron y aún tienen los partidarios de esta corriente política por la figura del gran organizador y teórico Lora, quien concebía los programas del partido, las tácticas cotidianas de acción y las líneas a largo plazo, sin tomar en cuenta opiniones divergentes. Todos los entrevistados, aunque en grado diferente, admiten que Lora era autoritario y que siempre imponía sus opiniones y decisiones, aunque formalmente hubiese libertad de expresión en el seno de esa agrupación política. Casi todas las entrevistas del libro enfatizan el extraordinario talento teórico de Guillermo Lora y sus habilidades organizativas.

Las entrevistas reflejan que el POR tenía una estructura interna tradicional dentro de la historia boliviana de los partidos políticos: una jerarquía piramidal, encabezada por un caudillo que era considerado como la autoridad intelectual y la instancia ética definitiva de la agrupación, y una masa amorfa de seguidores que obedecían las instrucciones impartidas desde arriba.

El POR era el partido discutidor por excelencia dentro de la izquierda boliviana, pero las 20 entrevistas nos enseñan que los debates se restringían a cuestiones tácticas de relevancia muy secundaria y que las decisiones importantes siempre fueron tomadas en solitario por Guillermo Lora. Todo esto fue facilitado por el prestigio teórico que rodeaba al gran líder, y que él cultivó asiduamente desde su ingreso (1941) a la organización.

Al igual que Trotsky, la autoridad intelectual de Lora estaba basada en sus conocimientos de los clásicos marxistas y en sus habilidades oratorias.

El ensayo final del libro, escrito por Raúl Prada Alcoreza, expone su tesis acerca del “marxismo de guardatojo”, que sería el fundamento de las teorías de Lora. Este marxismo estaría basado en las emociones vividas “desde las entrañas mismas del subsuelo, la manca-pacha”. Según Prada, el trotskista Lora tuvo el mérito de dar una forma intelectual a la “oscuridad luminosa del socavón minero”. Es decir: Lora habría conferido voz al “coraje minero, al gesto heroico”, que eran los elementos constitutivos del proletariado boliviano. Prada observó que Lora rescató y potenció políticamente la emotividad de los trabajadores mineros.

Ricardo Zelaya tuvo el acierto de realizar las “preguntas intelectualmente honestas”, como lo dijo otro de los comentaristas en la presentación del libro, el periodista Raúl Peñaranda.

Resalta la entrevista a Aurora de Lora, en la que se evidencia la participación de las mujeres en la política nacional y en la evolución de los partidos de izquierda en la década de 1970 a 1980.   Aurora de Lora reconoce su admiración por Guillermo, pero sobresale también la participación autónoma de las mujeres en el desarrollo de los partidos de izquierda y en la huelga de hambre que contribuyó eficazmente a derrotar el gobierno de Hugo Banzer Suárez.   

Sostengo que Lora a veces no analizaba Bolivia sobre la  base de estudios de campo con objetividad, pese a que él incitaba a los militantes a producir teoría. Lora utilizó expresiones como las “movilizaciones de las masas”, la “rebelión obrera”, la “política antinacional de la rosca minero-feudal”, las “estrategias feudalburguesas” y similares desde la década de 1940 hasta su muerte en 2009 para explicar mecánicamente las situaciones muy cambiantes del país.

Bolivia se ha caracterizado por la complejización de las clases sociales, que no puede ser explicada solo con el análisis del proletariado minero, que en términos estadísticos ha representado un sector importante, pero minoritario de toda la población. Quizá la unidad de clases en torno a la vanguardia obrera solo quede en retórica ante la expansión de la revolución cibernética en el mundo y en vista de la enorme diversificación social de la Bolivia actual. El trotskismo y la teoría de Guillermo Lora no nos pueden ayudar a comprender la realidad en su totalidad.

Considero que a pesar de los aciertos y desaciertos del trotskismo boliviano, Guillermo Lora fue el agitador profesional que en su lucha existencial se puso por encima de las circunstancias. Por ello prevalecerá como el ser humano que decidió marcar su destino con disciplina y ética, colaborando a la lucha histórica por la transformación boliviana, sobresaliendo por encima de la masa a causa de su responsabilidad individual ante el compromiso que decidió asumir en libertad.

 

Erika J. Rivera / Abogada, filósofa y magister en seguridad y defensa

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