Una muestra virtual colectiva de Navidad

En tres salas, Akapana Art Gallery expone trabajos de 12 artistas plásticos, escultores, fotógrafos y diseñadores que exploran lo femenino.
domingo, 19 de diciembre de 2021 · 05:00

Lupe Cajías

Decía el biógrafo Jacobo Liberman que la revolución de 1952 había sido tan formidable que nadie pudo contar realmente los sucesos de esos tres días de abril; ni siquiera los vencedores.  Los expositores de esta muestra virtual pertenecen a la generación nacida después de esa gesta que tantas modificaciones trajo al quehacer cultural en el país; además participan autores invitados de Italia y de Estados Unidos. 

El otro momento imposible para los guardadores de memorias, opinaba Jacobo en charla con el sacerdote Armando Carminati, es la intensidad de los colores de la naturaleza boliviana. Es un desafío captar cómo se desbordan los paisajes desde el páramo cubierto con firmamento azul a la llanura de 12.546 tonalidades de verde, donde todo parece siempre exagerado. 

Recordaba esas reflexiones vespertinas, a propósito de una exposición colectiva de artistas ubicados en diferentes lugares del planeta que se inauguró  el 8 de diciembre en la galería Akapana, protegida por el Illimani.  ¿Qué los une? Me pregunté. La hembra, me respondí; la mujer, la madre, lo femenino en su misterio y sus sorpresivos velos. Curiosamente hasta la fecha, elegida por azar, hace referencia a la Inmaculada Concepción, a la virgen de Cotoca y es día festivo para las madres en muchos países latinoamericanos y ciudades españolas.

En primer lugar, el material utilizado es en casi todos los casos a partir de la arcilla –no del barro varonil– sino desde la tierra humedecida y desde esa arena que se escurre por los dedos. Así tenga olor a témpera, a óleo o a acrílico, crayón y acuarela el fundamento central es la arcilla.

Las fichas técnicas son tan asombrosas en esa descripción coincidente, incluyendo la piedra, el nácar, la madera, la concha, el mármol rosa. 

Los sencillos apuntes biográficos que acompañan las obras de una u otra forma –incluso desde los lejanos mares– se relacionan con la femineidad.  Armando Urioste fotografía hojas, piedras, flores silvestres en la plenitud del proceso de lo que vive. Mientras Cecilia Wilde une dos extremos de caminos, desde el agua fecundadora al tulipán sensual.  Cliff aprovecha todos los sentidos en su creación: el oído, la palabra, la visión para entregar una selección táctil con sus caballitos de la mar y el relato infantil para dormir.  Corina Barrero escoge la raíz, el útero de las plantas y confiesa su crecimiento personal desde la poesía juvenil a la construcción mental de una figura, que no puede ser más madre que lo que representa la semilla hundida en el suelo. 

Giancarla Muñoz esculpe desde el abrazo y el beso amoroso las manos creadoras y la relación con esa matriz esparcida.  Gilka Wara Liberman no pinta el bosque de los gnomos, sino la floresta de las madres de las madres y subraya la primavera como la estación del polen que se multiplica en los capullos. 

Por su parte, Maricruz traza juguetonas arañitas, libélulas, saltamontes, en ese retrato tan sensorial de los insectos alborotados. No precisa retornar a la mitología para que el espectador encuentre los hilos de Ariadna y Aracne.  Paco, con sus complejas cavilaciones, utiliza otro elemento de la tradición mujeril, los hoyos, el hundirse, el bajar hasta una entraña desconocida.  Mientras Raúl Alvarado sigue la pista del viejo Pigmalión para dar vida a las siluetas de un sábat al atardecer, con sus ofertas directas: germinación, semilla y la apertura nítida de una vagina. 

Guido nos trae fragmentos de pedazos femeninos en sus diferentes propuestas de tallar, esculpir, sacar forma a lo informe.  Mientras Yarmila Mariaca explicita en el diseño de sus joyas la presencia de la danza y del cuidado, dos expresiones esencialmente femeninas.

Cierra la muestra la obra del italiano Giacomo Toseli, quien también ofrece paisajes y animales relacionados con la floresta y el agua, con esa idea fantástica de la Gran Madre.

La exposición estará abierta este diciembre al público que podrá gozar una visita emocionante, porque puede detenerse ante un cuadro el momento que desee y tomarse mucho tiempo en esa contemplación. Hasta sentir que el arte salva a la humanidad, aún en medio de una catástrofe sanitaria.

Lupe Cajías / Periodista

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