Almudena Grandes, la brillante narradora

Una de las autoras más queridas, era una militante de izquierdas que no esquivaba nunca polémicas; era crítica tanto con la derecha como con la izquierda.
domingo, 5 de diciembre de 2021 · 05:00

Diego Urnatea y Carmen Naranjo

La escritora Almudena Grandes, fallecida el pasado sábado 27 de noviembre,  a los 61 años, se dio a conocer con el libro erótico Las edades de Lulú, pero luego se dedicó a hacer una radiografía de la historia reciente española en una prolífica bibliografía. Comprometida, vital, militante y luchadora,  Grandes era una mujer directa, divertida y socarrona, que decidió resucitar con su escritura y sus extraordinarias dotes de narradora la memoria de los que perdieron la guerra civil y defendió sus ideales en su literatura y en sus crónicas periodísticas.

Nacida en Madrid el 7 de mayo de 1960, fue a los 28 años, mientras trabajaba incansablemente en varias editoriales de guías turísticas y enciclopedias, cuando salió del anonimato con Las edades de Lulú, que le valió el ya desaparecido premio de novela erótica La Sonrisa Vertical. Historia del recorrido erótico de Lulú desde sus quince a sus treinta años, la novela suscitó el escándalo pero a la vez fue muy exitosa, y poco después de su publicación fue llevada la gran pantalla por el director Bigas Luna.

Convencida de que la “batalla por la memoria” terminaría ganando en España, emprendió en 2010 un proyecto, su proyecto literario más querido: los Episodios de una guerra interminable,  seis grandes novelas contando lo cotidiano de esos perdedores de la guerra, de su lucha y su dura vida. Y a ellos dedicó más de diez años. Historia y ficción para contar terribles episodios silenciados de la posguerra española y de sus protagonistas, gente cotidiana, pero también historias de héroes y villanos.

De la serie, que debía tener seis volúmenes en total, se han publicado cinco hasta la fecha, empezando por Inés y la Alegría (2010), una historia de amor en los años siguientes al fin de la guerra, en 1939; El lector de Julio Verne (2012), sobre el hijo de un Guardia Civil en 1947; y Las tres bodas de Manolita (2013), novela coral sobre la pobreza de la posguerra.

Dejando atrás el género erótico, Grandes publicó en 1991 Te llamaré viernes, una historia de amor entre seres marginados en una Madrid hostil. Tres años más tarde editó Malena es un nombre de tango, una novela muy aplaudida en la que aborda uno de sus temas recurrentes: una niña imperfecta se rebelará contra las pautas sociales -en este caso, de una familia burguesa madrileña- para encontrar su lugar en el mundo.

Tras publicar en una recopilación de relatos protagonizados por mujeres, en 1997 se convirtió en la primera mujer en ganar el italiano Premio Rossone d’Oro en homenaje al conjunto de su obra hasta el momento.

Reivindicándose como heredera del realismo francés y de la narrativa de Benito Pérez Galdós, la autora publicó Atlas de geografía humana (1998), Los aires difíciles (2002) y Castillos de cartón (2004), en los que exploró la vida de la segunda mitad del siglo XX en España a través de personajes cotidianos.

Esas tres obras también fueron llevadas al cine, algo muy frecuente con las novelas de Grandes, quien sin embargo afirmaba que nunca se vio tentada a incursionar en el medio audiovisual.

“Yo no me meto en eso, eso sí que es, desde mi punto de vista de escritora ya mayor que lleva 30 años en esto, una locura”, dijo Grandes en una entrevista al publicar su novela La madre de Frankentein (2020), poco antes de que empezara la pandemia del coronavirus.

Luego editó Los pacientes del doctor García (2017), una novela de espías durante la Segunda Guerra Mundial, y La madre de Frankestein (2020), sobre un manicomio de mujeres al sur de Madrid en la década de los cincuenta.

Más allá de sus libros, Grandes, que se declaraba de izquierdas, republicana y anticlerical, sentó sus apreciaciones sobre la actualidad española desde una columna que publicaba todos los domingos en el diario El País, desde 2008.

“Estos 10 años parecen un siglo. Ha sido una década muy frenética, con la crisis como el gran tema. Siempre he dicho que la crisis económica fue la más visible de una crisis sistémica, mucho más compleja que la económica. Hemos vivido una crisis territorial, institucional, incluso moral”,, dijo en una entrevista a El País con motivo de la publicación de La herida perpetua, un compendio de sus columnas entre 2008 y 2018.

“Me inquieta la diferente actitud de los intelectuales de derechas y los de izquierdas, que somos muchos más, pero ellos son más aguerridos para defender sus posiciones”, señaló.

“España tiene una relación indigna con su pasado”, sostenía Grandes, y por eso intentó con su literatura dar voz a los que no la habían tenido durante los años de la dictadura.

Casada con el poeta Luis García Motero, actual director del Instituto Cervantes, su casa de Rota, en Cádiz, era lugar de reunión de amigos, escritores y artistas. Sus amigos destacan de ella también su generosidad y humanidad, de la que hacía gala sobre todo con los jóvenes escritores, a los que enseñaba y de su función como miembro de numerosos jurados literarios de los que ha formado parte a lo largo de su carrera.

Y el Atleti era otra de sus pasiones, que no ocultaba tampoco y en la que militaba desde pequeña. Seguía escribiendo cuando anunció, hace poco más de un mes, que padecía cáncer desde hace un año y lo hizo desde una columna del periódico para el que escribía, y donde el pasado lunes publicó también su última colaboración.

Con la muerte de Almudena Grandes, los libreros están de luto. Y citas como la Feria del Libro de Madrid. No estuvo en la última, según explicó, por las complicaciones que había tenido por el cáncer que padecía. Y prometió que se sentaría de nuevo en una caseta para firmar ejemplares y mirar a los ojos a sus lectores. A partir de ahora, la Feria del Libro del Retiro no volverá a ser la misma sin la melena morena de Almudena.

 

Diego Urnatea / AFP

Carmen Naranjo / EFE Madrid

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