Música

El martillo de las brujas de Isadorian

Se trata de una propuesta muy sólida que augura grandes cosas como primer lanzamiento de la compositora, sostiene este análisis.
domingo, 21 de febrero de 2021 · 05:00

Fernando Iturralde
Investigador y docente

El 15 de noviembre del año 2011 se estrenó en el país una ópera compuesta por Nicolás Suárez, con guion de Verónica Córdova. Esta ópera titulaba El Compadre y narraba en un flashback trágico la vida de Carlos Palenque Avilés. La obra es significativa en muchos niveles, el de la música, por supuesto, pero también el de la puesta en escena, la dirección (realizada por Norma Quintana), el del guion, el de la actuación y el canto (con un reparto nacional e internacional). 

Si nos concentramos tan solo en la música e indagamos mínimamente en el trabajo realizado por Nicolás Suárez Eyzaguirre, veremos que éste ha estado en varios lanzamientos que no se limitan, en lo absoluto, a la música clásica o sinfónica; al contrario, daría la impresión de que Suárez puede componer y producir música en cualquier género sin mostrar mayor incomodidad. Como vemos por este ejemplo, la producción musical del país es vasta, no tendríamos el tiempo de una vida para dedicarnos a reseñar todo lo que se ha lanzado en los últimos años, digamos desde el 2006.

 Ahora bien, nos hemos referido aquí a un solo compositor boliviano –es verdad que uno de los más importantes en la actualidad–, ¿qué ocurre si nos referimos a otros? Pues nos daremos cuenta de que la producción es similar de prolífica e interesante. Los músicos  bolivianos producen mucho y la calidad de estas producciones suele ser de mediana para arriba. Es difícil para cualquiera que se interese por la producción cultural boliviana seguir el paso de la creación musical local, pues ésta va muy rápido y es muy variada (además de tener producción muy local o independiente que no siempre se promociona lo suficiente en otras regiones u otros departamentos). 

 No obstante, cuando tenemos la suerte de encontrar algo interesante, como la ópera de Suárez o el EP de Isadorian, pseudónimo de la poeta, cuentista, ensayista y compositora Carolina Hoz De Vila, es bueno expresarlo. Uno de los sencillos del lanzamiento ha permanecido un buen tiempo en los rankings nacionales –se trata del cuarto tema de la colección, Impunidad–. Esto nos habla ya de la calidad del producto. 

Ahora, sabiendo que la producción musical boliviana es tan prolífica, podríamos preguntarnos, ¿en qué la música de Isadorian realmente vale la pena o se destaca? ¿En qué medida su performance, que se puede acercar más a una puesta en escena que a una mera composición de varios temas, le da un valor agregado y se percibe como un trabajo de conjunto en el disco? 

Veamos a continuación tres razones para sostener que el EP El martillo de las brujas es una propuesta muy sólida que augura grandes cosas como primer lanzamiento de su autora. 

 Comencemos comentando algo de las letras que ha propuesto Isadorian en esta producción. La más impactante, aunque aparezca con la aclaración de “bonus”, es la letra de la canción Virus, la cual alude a la angurria de poder del gobierno boliviano: “todo fue robolución”, dice el coro. Sin embargo, esta letra no opaca en absoluto a las otras: “Pronto la verdad / saldrá a la luz / te mostrará deforme como eres tú”, escuchamos en Impunidad; “Donde ¿Dónde está mi salvación? / Donde ¿Dónde entierro mi dolor? / Donde ¿Cómo encuentro el perdón?”, nos grita Isadorian en Piedras (el nuevo sencillo de El martillo de las brujas). Hay que detenerse a escuchar las palabras para comprender la apuesta conceptual del extended play: una alusión sesgada a las “ciencias ocultas” como aquello que es encubierto y censurado. Esto se conecta con el silencio ante los abusos, las violencias y opresiones contra la mujer (y su condición de bruja en la historia). Estas letras incluyen un fondo reivindicatorio y feminista, pero también de transformación personal, como algo con lo que cualquier persona se puede identificar. Es importante apreciar esa diversidad temática en la escritura de quien también comete poesía y sabe hilar de forma sutil sus propias obsesiones (históricas, literarias, femeninas, personales).    

 Un segundo punto que cabe destacar es la instrumentación y la producción. Tanto el piano y el sintetizador como las guitarras adquieren un protagonismo crucial en el lanzamiento y le permiten adoptar esa identidad gótica que tiene. Al mismo tiempo, el énfasis en la guitarra eléctrica, el bajo y el sintetizador le dan elementos de retro-wave y synth-pop que quedan muy bien y amplifican la variedad del estilo. 

Este sonido resulta destacable en Virus, una de nuestras favoritas. El trabajo y la profundización de este estilo auguran cosas muy interesantes, sobre todo si la artista y su persona (en sentido etimológico) cambian con cada producción, pues precisamente la adopción de una estética entera para el disco y su sonido es uno de los aspectos que más distingue a El martillo de las brujas como concepto. 

 Finalmente, las vocales están muy bien pensadas, buscando un equilibrio arduo entre el canto clásico, lo pop y el metal. Impresionan de verdad los registros que Isadorian puede alcanzar con su voz, sobre todo en Visceral, tema en el que se atreve a grabar unas vocalizaciones intensas sobre el outro. La flexibilidad de la voz es un importante aspecto del disco. Isadorian no teme convocar registros vocales que pertenecen a un ámbito más clásico y ponerlos al servicio de un sonido que busca entrar en contacto con lo siniestro y lo pop. Uno se pregunta qué estilo adoptaría un disco como El martillo de las brujas si hubiera tenido algo de grawl o voces con gritos roncos. No es algo que le quite al disco, pero es una cuestión que queda como intriga.

 Concluimos con algunas afinidades que hemos notado (y que es lo que siempre termina ofendiendo un poquito a los artistas). Hay definitivamente una sensación de goth-retro, enfatizada por el sintetizador; incluso si hay temas catalogados dentro del doom-metal, la veta metalera tiene más rasgos de metal sinfónico. Si usted ha escuchado Purson, si sabe quién es Chelsea Wolfe o, por último, disfruta de escuchar a Angel Olsen, a Royal Thunder, a Emma Ruth Rundle o a Drab majesty, hágase un favor y escuche el EP de Isadorian, El martillo de las brujas.

 

 

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