Notas para romperse una pata

El telón seguirá abierto: Norma Merlo

Quiero a Norma sin entablar amistad con ella. Y la queremos todos, a través de esa conexión en los escenarios, a través de esa unión, a través de las pantalla...
domingo, 21 de febrero de 2021 · 05:00

Fernanda Verdesoto Ardaya
Literata e investigadora teatral

 

Hoy por hoy, el teatro y el cine boliviano sienten un pinchazo en la panza, pero también sienten a su alma más amadora. Norma Merlo está enferma, pero hay actores, actrices, directoras y directores que están cerrando los ojos y rezando por ella. Rezar no siempre significa apelar a un dios y pedirle cosas. Rezar significa también enviar amor a los seres terrenales. Y en el aire paceño, hay un tráfico de rezos por Norma Merlo. 
No puedo presumir de una amistad con ella. Cuando Norma ya era la grande entre las actrices de Bolivia, yo ni siquiera era ni un sueño de amor, mucho menos una persona. Pero puedo presumir conocer su trabajo, escucharla y verla adoptar un personaje como a una guagua. Puedo presumir que ella es una de las grandes actrices de mi país, y ella aportó enormemente para que podemos decir que en Bolivia existe el buen teatro y el buen cine. 
Norma Merlo nació en la pequeña localidad de Nicanor Olivera (Argentina), en un tiempo que ellos llamaron la “década infame”, pero nada puede ser infame cuando Norma está. Ella nació en Argentina, pero decidió ser boliviana. Tomó una gran decisión, se dejó llevar por el amor y se quedó con nosotros. Empezó su formación teatral en Buenos Aires, en la Escuela Nuevo Teatro y en 1975 llegó a Bolivia, a La Paz específicamente, y se dedicó plenamente a la actuación. 

“Semilla del teatro boliviano”, “la dama del teatro boliviano” y “madre de la Cinemateca Boliviana” la llaman sus colegas, y no son apelativos gratuitos. Ella actuó en un sinnúmero de obras y le dio ese punch, ese “algo indefinible” que necesitaba el teatro boliviano, y lo hizo durante más de cuatro décadas. 
Medea, Antígona, Sahara, Dos mujeres para un fantasma, La cantante calva, La boda de los pequeños burgueses, El hombre de la Mancha, La señorita de Tacna, Madre Bruja, Tatuaje, Los cóndores en España… son algunas de las obras en las que Norma actuó y con las que dejó maravillados a muchos espectadores. Y dejo los puntos suspensivos, porque es realmente enorme la cantidad de obras en las que estuvo y realmente no podría acabar de nombrarlas. En el cine estuvo más que presente, formando parte de los elencos de Amargo mar, Cuestión de fe, Los fantasmas de Juana Azurduy, El día en que murió el silencio, El último realista, Recorrer esta distancia, La entrega… 
Y el teatro y el cine pueden ser ramas artísticas muy amplias, pero no lo suficiente para Norma Merlo. También incursionó trabajando con la danza, la televisión, la gestión cultural y la dirección. No es una, sino varias generaciones de actores, actrices, directores y directoras a las que Norma Merlo ayudó a formar. Es parte de la vida de tantas personas que la vieron en los escenarios y en las pantallas y simplemente se dijeron a sí mismos: “cuando sea grande quiero ser como ella”.
 Creo que muchos pudieron decírselo a ella en persona, porque el trabajo en escena es así, grupal, y es un trabajo donde sólo existe el “nosotros”, y por lo tanto todos los sentimientos más profundos se comparten. 
Esto es el principio de todo. Y lo realmente bello de las artes, es que siempre están allí. Las artes son aquello que nos unen a las personas. ¿Cómo se puede realmente querer a alguien que no conocemos? Pues, a través del arte, a través de la admiración, a través de todo lo que se deja atrás. Es así que me animo a decir que quiero a Norma Merlo sin entablar amistad con ella. Y la queremos todos, a través de esa conexión en los escenarios, a través de esa unión a través de las pantallas.  
Norma ganó una gran cantidad de premios como el Peter Travesí y la medalla al mérito cultural, pero me parece que el mayor premio que ganó fue el amor purísimo de los bolivianos. Desde la gente del rubro teatral y cinematográfico hasta los meros amantes del arte; desde sus más cercanos, como su amado Pedro Susz, hasta el espectador más lejano. 
Hoy, en tiempos de poco contacto y alta tecnología, se abrió el grupo de Facebook “Amamos tanto a Norma Merlo”, un espacio de celebración a la vida y trayectoria de Norma. Invito a todos a unirse, ya que irradia amor a 360 grados. 
Y cuando digo a todos, es a todos: a quienes la conocen, a quienes conocen su obra, a quienes leyeron su nombre por ahí y a los más “nuevecitos” que pueden aprender más sobre una luz cegadora y una voz efervescente en la historia del teatro boliviano. Y por qué no, entre todos podremos amarla hasta más allá de las montañas que la acogieron hace tanto tiempo.

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