Visiones

Habermas, el filósofo erudito, y nuestro tiempo

Un repaso biográfico a su pensamiento de un orden social basado en la razón, la democracia y el entendimiento dialógico entre los participantes de la vida política.
domingo, 28 de febrero de 2021 · 05:00

Erika J. Rivera   
Abogada y magister DAEN

 

   El sociólogo alemán Stefan Müller-Doohm publicó a fines del 2020 una voluminosa biografía (642 páginas) de Jürgen Habermas en la editorial Trotta de Madrid. Es un estudio amplio y documentado sobre la vida y la obra del gran filósofo, que corona así una actividad de Müller-Doohm consagrada desde hace décadas a interpretar y difundir las teorías de Habermas. En 2003 apareció una biografía de Theodor W. Adorno por este mismo autor que tiene  más de mil páginas. Ambas obras están inspiradas por el siguiente principio: “La curiosidad es el motor lúdico del pensamiento”. 

   Habermas se ha convertido en uno de los pensadores más importantes del tiempo actual. Él es no solo un filósofo clásico, que trata de hacer avanzar nuestro conocimiento sobre los problemas centrales de la historia y del destino humano, sino también un intelectual que interviene en numerosos debates políticos, sociológicos e históricos de las últimas décadas. Su principio rector es la construcción de un orden social basado en la razón, la democracia y el entendimiento dialógico entre los participantes de la vida política. Pero también hay que señalar que Habermas es el representante más importante de la llamada razón comunicativa, es decir de la teoría que supone que el entendimiento humano no es algo que se pueda intuir directamente, sino que solo se puede construir a través de un diálogo permanente entre todos los interesados en la configuración razonable del orden social.

   Habermas nació en junio de 1929 en la ciudad de Dusseldorf, en la región del Rhin, y pasó toda su infancia y adolescencia en una pequeña ciudad en el occidente de Alemania. Al final de la Segunda Guerra Mundial, Habermas fue reclutado en el ejército alemán en el último y desesperado intento de parar a las tropas aliadas que estaban en su marcha victoriosa hacia la capital alemana. Este filósofo ha reconocido siempre su deuda ética con respecto al llamado proceso de reeducación democrática, que los norteamericanos ejercitaron exitosamente en su zona de ocupación. 

Diferenciándose claramente de la generación de sus padres, el joven Habermas abrazó tempranamente los ideales y los principios morales del racionalismo y de la democracia occidental, dejando de lado los valores autoritarios de la Alemania hitleriana. Nuestro autor estudió filosofía e historia en las universidades de Göttingen, Zurich y Bonn, donde realizó su promoción doctoral en 1954. Desde aquel año y hasta hoy se ha dedicado también a escribir artículos y textos breves sobre temas de actualidad para los periódicos alemanes más importantes. A partir de 1956 fue un estrecho colaborador de Theodor W. Adorno en el legendario Instituto de Investigaciones Sociales en la Universidad de Francfort, sede de la Escuela del mismo nombre. 

En 1994 se jubiló como catedrático de esa universidad. Pese a su elevada edad Habermas es considerado en la actualidad como la personalidad actual más importante de la Escuela de Frankfurt. En 2019 publicó su obra más importante y más voluminosa: Otra historia de la filosofía (II Tomos y 1.800 páginas). 

   Su biógrafo Müller-Doohm lo califica como “paladín de la modernidad, maestro de la comunicación, conciencia moral pública de la cultura política y el más destacado polemista de Francfort”. Habermas es el “filósofo vivo más famoso del mundo”. Esto se debe, en parte, a que Jürgen Habermas supo abandonar a menudo el ámbito protegido de la vida académica para intervenir en todos los debates importantes de la esfera pública y política. Su cualidad esencial es exasperar a la opinión pública y realiza esta práctica con un remarcable virtuosismo desde hace décadas.

   La biografía de Müller-Doohm no se limita a narrar la extraordinaria vida de este pensador, sino que nos hace transparente una obra filosófica de máximo rigor. Su teoría de la acción comunicativa es un enorme esfuerzo, tanto de comprensión teórica como del intento de edificar los cimientos permanentes de una cultura política democrática y deliberativa. En el curso de esta magna empresa, Habermas ha tenido que lidiar con la tradición conservadora, con los extremismos de todo tipo y también con el cansancio que produce inevitablemente la actividad política en una sociedad económicamente próspera.

 A lo largo de su vida Habermas intervino muy activamente en la polémica sobre el apoyo de Martin Heidegger y de otros conocidos intelectuales a la opción totalitaria de 1933. En 1967-69 Habermas criticó severamente las acciones radicales del estudiantado izquierdista; en 1986 tomó parte activa en la llamada “disputa de los historiadores” en torno al origen del totalitarismo. También son memorables sus intervenciones  sobre el rearme alemán, la desobediencia civil, la biotecnología genética y los conflictos bélicos del Cercano Oriente. Especial atención merece el interés de Habermas sobre el lugar de la religión en la sociedad contemporánea. En los últimos 25 años, ha publicado varios libros sobre el rol de la religión en un mundo mayoritariamente agnóstico, señalando precisamente la enorme relevancia de los principios religiosos y de las reflexiones teológicas en pro de nuestra concepción actual de justicia y ecuanimidad.

 El ámbito moderno, según Habermas, debe una parte considerable de su identidad y precisamente de sus concepciones modernas sobre derechos humanos y solidaridad a los esfuerzos que desplegaron los mejores exponentes y representantes del movimiento religioso.

   Lo remarcable de la biografía de Müller-Doohm es que este autor nos muestra claramente las complejas vinculaciones entre estos temas abstractos y las experiencias personales de Habermas a lo largo de su vida. Son especialmente notables los problemas que tuvo el filósofo con las burocracias universitarias a lo largo de décadas, así como la lucha permanente de este autor contra las limitaciones que tiene todo gobierno para comprender la problemática del largo plazo. 

Tempranamente Habermas analizó las dificultades que tienen todos los gobiernos para comprender aquellos asuntos que van más allá de un periodo electoral y que están a menudo contrapuestos a las expectativas cortoplacistas de casi todos los consumidores, es decir de la mayor parte de nosotros mismos. Habermas ha continuado la tradición crítica e incómoda de su mentor Theodor W. Adorno, quien también realizó una labor muy ardua al cuestionar las certezas y los anhelos mayoritarios de una población que creía haber resuelto satisfactoriamente los principales problemas de la evolución humana.

 

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