Aullidos de la calle

«No, thank you…. Heaven»

Lee Isaac Chung narra en Minari, desde sus vivencias infantiles como un chico coreano en Arkansas, la historia de la familia Yi, que se acaba de mudar de ciudad.
domingo, 28 de febrero de 2021 · 05:00

Mónica Heinrich V. 
Reseñista y cinéfila de corazón

Jacob Yi (Steven Yeun) lleva trabajando quichicientos años en un criadero de gallinas. Su labor consiste en separar, previa mirada a los orificios anales, hembras y machos. Su esposa, Mónica Yi (Han Ye-Ri) también cumple la misma labor. Los machos son desechados porque su carne no es rica y no pueden poner huevos. Se verá un denso humo saliendo de los hornos donde van a morir. “Por eso vos y yo no tenemos que ser inútiles”, le dice Jacob a su pequeño hijo David cuando le pregunta por el humo. En esa escena se condensa ese afán casi obsesivo de Jacob por ser algo más.

La familia Yi se acaba de mudar de ciudad y vemos en la expresión de Mónica que esa casa con ruedas en medio de la nada no es lo que tenía en mente. Ella quería que sus hijos, Anne y David, tengan hospital, colegio y comodidades cerca. Jacob, por su parte, tiene una visión para ese lugar, una visión que necesitará de mucho trabajo, sus ahorros, préstamos bancarios y algo de suerte.

Esta tensión que sobrevuela Minari se condimenta con una rara enfermedad cardiaca de David, el hijo pequeño de la pareja, y la llegada de la abuela (mamá de Mónica) desde Corea para tratar de ayudarlos con el cuidado de los niños.

Su director y guionista Lee Isaac Chung, narra desde sus vivencias infantiles como korean boy in a Arkansas town, la historia de esta familia. Esta es una historia contada con mucha sensibilidad. Chung toca los botones necesarios para que deseemos desesperadamente que Jacob cumpla sus objetivos. 

Además de la necesidad de triunfo de Jacob, la llegada de la abuela (Youn Yuh-jung) exhibe la brecha entre generaciones de coreanos criados en Estados Unidos que no están tan conectados a sus raíces y el proceso de readaptación entre familiares que viven separados en países distintos.

Minari, entonces, se convierte como su nombre lo indica, en este apio de agua plantado en un lugar inhóspito que trata de florecer a pesar de no ser su lugar de origen, a pesar de no saber si va a responder a la tierra y al agua, a pesar de todo.

Los pequeños conflictos están planteados con mucho tino, y los personajes secundarios como Paul (Will Patton) terminan de configurar este universo en el que esta familia coreana intenta encajar.

La relación de pareja quebrada por la casi fuera de perspectiva ilusión de Jacob de plantar, cosechar, vender, se convierte en uno de los puntos más atractivos de la película, porque además se ven casi desde el punto de vista de los niños que son testigos de este quiebre quizás de una forma aún más consiente que la misma pareja.

A destacar la presencia de Youn Yuh-jung, a quien amaremos eternamente por Mother, y que una vez más se entrega completamente a la representación de esta abuela que “no parece abuela” y que terminará definiendo sin querer el futuro de la familia Yi.

Quizás Chung en su afán de llevar a sus personajes por la senda que tenía trazada termina manipulando demasiado la historia, esa maña molesta de algunos directores/guionistas de salir siempre con la suya. Que no está mal, pero si lo hacés hay que tratar de que el espectador no lo note. Porque sí, llegados casi al final solo faltaba que el niño caiga fulminado al piso, era como esa ley de Murphy en la que “Si algo malo puede pasar, pasará”. 

Uno como espectador, que prácticamente está con los pompones y la pancarta de Go, Jacob, Go, empieza a sentir que Jacob no lo va a lograr, que la vida es ese tren que a veces pasa y te pisa a toda máquina y en el fondo sabés que los sueños americanos se cumplen muy pocas veces.

Chung, que en su infancia también fue el korean boy in a Arkasans town, ya decidió qué quiere decirnos. Ya decidió cómo quiere que quedemos después de ver su película. Y lo que sentís es esa conmoción propia del que puede ver en la pantalla puntos en común con sus personajes. Y encima preocuparte por su futuro. No importa si Minari o Chung tienen otros planes, vos ya sabés dentro tuyo que quizás lo más importante que te llevés de esta experiencia es la certeza que como el apio de agua que crece en cualquier lugar, siempre podemos volver a empezar.

 

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

Valorar noticia