Literatura

«La obra de Quevedo no pierde su naturaleza de árbol sólido»

Alejandra Echazú, doctora en Literatura y directora del Departamento de Cultura y Arte de la UCB, presenta el libro Quevedo: su huella en el tiempo.
domingo, 21 de marzo de 2021 · 05:00

Liliana Carrillo V.
Periodista

 

Cuanto más se estudia la obra de Francisco de Quevedo (1580-1646) más sorprende resulta, afirma la doctora en Literatura Alejandra Echazú Conitzer, quien dedicó años a analizar la producción de “una columna sustentante de la literatura en español”. El resultado se plasma ahora en el libro Quevedo: su huella en el tiempo (desde Rubén Darío a José Emilio Pacheco), que se publica con el sello de la editorial española Deslinde.

“Analizo las filosofías más influyentes del siglo de oro, así como las tendencias en la literatura, intentando comprender, con honestidad y pasión, cómo pudo un poeta barroco influir de manera tan decisiva en poetas lejanos en el tiempo, pero cercanos en la escritura”, explica sobre su libro la Directora del Departamento de Cultura y Arte de la Universidad Católica Boliviana San Pablo.

El  libro, que propone un diálogo entre la obra quevediana  con poetas del siglo XX de la talla de Jorge Luis Borges y Octavio Paz- será presentado virtualmente el próximo  el jueves 25 de marzo a las 19:00 por  el Centro Cultural de España en La Paz. Comentarán la obra el académico  Hernán Sánchez M. de Pinillos, desde Maryland y el escritor Edmundo Paz Soldán, desde Ithaca. 

 ¿Cómo nace su interés por estudiar la obra de Francisco de Quevedo, un autor aparentemente muy lejano en tiempo y espacio?

Es imposible ser indiferente ante la obra quevediana, estamos hablando de un cimiento, una columna sustentante de la literatura en español y cuánto más se estudia este corpus literario, más sorprendente resulta. Hay una intimidad, un desahogo emocional en su obra que lo acerca al sentir de hoy en día, por ejemplo cuando escribe: “De gritar solamente quiero hartarme”. O en este terceto: “Antes muerto estaré que escarmentado: / ya no pienso tratar de defenderme, / sino de ser de veras desdichado” o en estos versos: “Cargado voy de mí, veo delante / muerte, que me amenaza la jornada”. 

Llamó mi atención la enorme cantidad de referencias a Quevedo por parte de los más grandes poetas, que sentían una deuda filial hacia su obra poética y me decidí por el Quevedo de la poesía moral, la metafísica y la amorosa, que dialogan muy bien con los poetas vanguardistas.

 La expresión poética ha ido adaptándose a las necesidades de cada época, en ese sentido ¿cuál es la huella en el tiempo de la obra de Quevedo? ¿En qué radica su actualidad?

En efecto, hay autores cuya obra no envejece dignamente y va perdiéndose porque ellos siguieron una moda o llegaron a un público muy definido. Estudiamos autores que, en cambio, van creciendo con lectores distintos más allá de su época. Y están los grandes, como Quevedo, que no pierden esa naturaleza de árbol sólido, inmenso, bien enraizado en su propio tiempo y que continuarán dando savia a escritores de diferentes épocas y tendencias. 

La modernidad de Quevedo radica en develar cierta intimidad, sus desazones, dudas, soledades. Pese a su neoestoicismo, es un grito existencial ante la vida. Quevedo delata un “yo” desgarrado en el dolor cuando se muestra a sí mismo como “presentes sucesiones de difunto”; por eso caló tan bien en el Siglo XX, pues era un eco que resonaba a la perfección con el siglo mismo y todos sus avatares, especialmente en la España de la Guerra Civil.  Además de los temas, es innegable su absoluta maestría en la escritura. Por ejemplo, usando un verbo en diferentes tiempos (la poliptotón) que muestra el transcurrir temporal: “Ayer se fue; mañana no ha llegado; / hoy se está yendo sin parar un punto: / soy un fue, y un será y un es cansado.” 

¿Cómo no habrían de sorprender a los poetas nuevos estos versos?  Trasmiten la angustia por el tiempo, tema esencial y recurrente de la modernidad y la vanguardia.

Una de las tesis del libro es que la obra de Quevedo “plantea una angustia que se acerca al dolor existencial del hombre contemporáneo” ¿Fue Quevedo un adelantado a su época?

No sé si lo fue conscientemente; sin embargo, esto se evidencia al leer algunos de sus poemas, en los que se percibe rupturas, tanto las internas que se refieren al quiebre de sí mismo, como a las de un país, una época y una tradición. Recordemos que Quevedo está sumido en una etapa de declive del Imperio español, hay una cierta nostalgia por el pasado que sentimos como lamento: 

“Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.[…]
Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte”.

Por otro lado, desde el Renacimiento, con todos sus avances y descubrimientos científicos, el mundo está atravesado de subjetividad, produciéndose un desplazamiento singular: de la mirada a Dios a indagar al hombre. El Barroco interpela al sujeto en su calidad de individuo solitario, se enfatiza la transformación íntima y se amalgama la corriente estoica con el sentir cristiano. Por eso, uno de los poemarios más hermosos de Quevedo es El Heráclito cristiano.

Como pocas, la poesía amorosa de Quevedo ha marcado una forma de escribir al amor, ¿considera que ésta puede sobrevivir aún en tiempo de reggaetón?

Es curioso, Borges consideraba la obra amorosa de Quevedo como simple ejercicio de imitación petrarquista. Si bien Quevedo fue siempre reconocido, recién a fines del Siglo XX su obra amorosa fue revalorizada por los críticos, tal el caso de su poemario Canta sola a Lisi. 

Incluso los poemas que glosaban a los antiguos grecolatinos (práctica muy común en la época, ejercicio donde se mostraba la maestría en la versificación) los adecuaba Quevedo de tal forma que adquirían un sello muy personal. Tenemos como ejemplo maravilloso el poema Amor Constante Más Allá de la Muerte, considerado uno de los sonetos más hermosos del español, basado en un poema de Propercio. Es el que termina con los tan conocidos versos que afirman que el amor vence a la muerte: “su cuerpo dejará, no su cuidado; / serán ceniza, mas tendrá sentido; / polvo serán, mas polvo enamorado.” Los poemas amorosos de Quevedo son profundamente serios. Todo se convierte en poesía: “¡Ay, Floralba! Soñé que te… ¿Direlo? / Sí, pues que sueño fue: que te gozaba”. 

Mencionas el reggaetón, éste no está compitiendo con la poesía, es un género musical, pero también una tendencia, una moda que irá desapareciendo o transformándose, como ha sucedido también con la poesía. En suma, la forma de los poemas de amor irá variando con el tiempo, pero el tema es atemporal y universal, como lo es el buen gusto.

Obviamente la poesía ha ido cambiando con el tiempo,  ¿cree se escriben sonetos hoy ?

 Después de la vanguardia, un soneto no tiene el mismo alcance que un poema que se ha liberado de la rigidez de una estructura formal. En tiempos de Quevedo, la poesía tenía un rigor, tanto en el fondo como en la forma, que ya no se usan. Los lectores de entonces comprendían perfectamente el contenido, por ejemplo la referencia a las figuras mitológicas: un poema satírico quevediano que tiene un verso como “Bermejazo platero de las cumbres” era comprendido y el lector sabía que se refería a Apolo, hoy necesitamos una interpretación. 

Esto sucede mucho en Góngora, con todas las referencias a la mitología griega, lo mismo con la forma y extensión de los versos, existen estructuras poéticas que, si bien las seguiremos leyendo, ya no se usan. Piensa en Tamayo, su estilo y valía. 

 ¿Qué objetivo tuvieron la sátira y la poesía burlesca en el mundo quevediano?

Fueron importantísimas. Sobre todo, si consideramos que Quevedo era un hombre poco agraciado, contrahecho, cojo, usaba anteojos, los famosos “quevedos” con los que se lo presenta en los retratos, era huérfano y no tenía mucho a su favor, luchó inútilmente por ser aceptado en la corte. A pesar de ello, no tenía ni temor ni reparo en escribir sátira contra los demás. Me inclino a pensar que era un medio de comunicación de la época, una forma distendida (y a veces no tanto) para reír, para demostrar los dotes de buen poeta e incluso para denunciar.  En el virreinato de Lima durante la colonia, encontramos a Caviedes, poeta satírico. En la obra quevediana, no satírica, hallamos los poemas metafísicos, que trasuntan dolor, pesar y lamentación. Por otro lado, el ingenio era considerado una virtud que acompañaba la moral y un principio de conocimiento abstracto, racional.

 Lo central del libro ¿cómo dialogó la obra de Quevedo con poetas del siglo XX? Cita a Rubén Darío, Borges, Paz, Vallejo e incluso a José Emilio Pacheco

El diálogo es extraordinario. He seleccionado a aquellos poetas que explícitamente reconocen su deuda con Quevedo. El estudio comienza con una selección de poéticas quevedianas, retomadas por Rubén Darío y Juan Ramón Jiménez, luego por los poetas españoles de la generación del 27 como García Lorca, Hernández, Machado, Larrea, Diego y por los hispanoamericanos vanguardistas como Vallejo, Borges, Neruda, Octavio Paz, éstos dos últimos escribieron textos en homenaje a Quevedo, resaltando la importancia de su huella en su obra. 

Neruda escribe Viaje al corazón de Quevedo. Paz tiene un libro que glosa uno de los poemas más hermosos de Quevedo, “«¡Ah de la vida!» … ¿Nadie me responde?”, titulado Reflejos: réplicas (diálogos con Francisco de Quevedo). 

Fue para mí extremadamente importante comprender los temas que más destacaban en estos poetas y en ésa época,  permitiendo crear vasos comunicantes con la poesía de Quevedo, quien escribió sobre temas universales con ese “desgarrón afectivo” del que escribe Dámaso Alonso, pero Quevedo expresó también asuntos referidos al quehacer del poeta, algo que con certeza lo relacionó afectivamente con estos autores: el acto de escribir, de leer, la imprenta,  la soledad de quien escribe: “Retirado en la paz de estos desiertos / con pocos, pero doctos libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos / y escucho con mis ojos a los muertos”. 

Otro elemento que impactó en las nuevas generaciones, fue el imperativo de Quevedo de denunciar abiertamente: “No he de callar, por más que con el dedo, / ya tocando la boca, o ya la frente, / silencio avises, o amenaces miedo. // ¿No ha de haber un espíritu valiente? / ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? / ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”

Considero que la verdadera comunión de Quevedo con estos autores radica en esa conciencia del otro, la vitalidad en el sufrimiento humano y la superación de la muerte. La intimidad contenida de Quevedo crea una tensión conceptual e imaginativa mientras que en los poetas contemporáneos el nihilismo evidencia la intimidad despojada de cualquier trascendencia. 

Mi estudio es complejo, analizo las filosofías más influyentes de la época, así como las tendencias en la literatura, intentando comprender, con honestidad y pasión, cómo pudo un poeta Barroco influir de manera tan decisiva en poetas lejanos en el tiempo, pero cercanos en la escritura. Mientras Darío desacraliza los símbolos cristológicos, los vanguardistas buscan esa trascendencia en lo terreno. Quevedo ha abierto sendas de exploración en contenidos trabajados posteriormente.

 ¿Por qué el estudio no incluye a ningún poeta boliviano? ¿No es posible una lectura quevediana de Saenz, por ejemplo? 

Como boliviana, quise adentrarme en un espacio literario más universal y superar el desafío de no quedarme en campos para mí, familiares. Debo admitir que además de autores bolivianos, faltan voces femeninas y muchas de ellas dialogan muy bien con Quevedo, como Delmira Agustini, Gabriela Mistral, Alejandra Pizarnik. En ese espíritu, también se puede mencionar a Yolanda Bedregal, María Virginia Estenssoro o Hilda Mundy. 

¿Cómo se dio la publicación del libro con la editorial española Deslinde?

El texto es mi tesis doctoral para la Universidad de Maryland, que presenté en 2012.  Recientemente se la mandé al admirable Fredo Arias de la Canal, director del Frente de Afirmación Hispanista en México. Él es el padrino de este libro y quien encargó a Francis Sánchez, director de la Editorial Deslinde en Madrid, que publicase mi escrito, inaugurando la colección de ensayo. Son textos muy bien editados, cuidadosamente trabajados, con tapas exquisitas, como la de mi libro: una pintura de Montserrat García Camacho “Retrato cubista de Quevedo”. Imaginar a Quevedo desde el cubismo calza a la perfección con este extraordinario y complejo poeta.

La presentación del libro será por FB Live CCELP el jueves 25 de marzo a las 19:00, auspiciada por el Centro Cultural de España en La Paz, que dirige Juan Sánchez, quien muy amablemente será nuestro anfitrión. Presentarán el libro, desde Maryland, mi tutor el Prof. Hernán Sánchez M. de Pinillos; desde Ithaca, el escritor Edmundo Paz Soldán, y habrá unas breves palabras el editor Francis Sánchez desde Madrid.

 

 

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