Reseña

Primera novela de Ishiguro tras el Nobel

Klara y el sol es una historia desconcertante, como todas las de Kazuo Ishiguro, y muy cinematográfica.
domingo, 28 de marzo de 2021 · 05:00

Ricardo Bellveser Escritor

Kazuo Ishiguro es, él mismo, un personaje sorprendente, un inglés nacido en 1954 en Nagasaki, (Japón) y nacionalizado inglés, –cuando tenía seis años de edad, en 1960, su familia se trasladó a Londres, y en esta ciudad sigue viviendo hoy–. Escritor en lengua inglesa, hace tres años, en 2017, fue distinguido con el Premio Nobel de Literatura, pues, en palabras del argumentario utilizado por el portavoz de la Academia sueca, con su habitual sutileza, Ishiguro “ha sabido escribir novelas de gran fuerza emocional”. No deja de ser extraño este diagnóstico, poco literario, de  “fuerza emocional”.

Ahora, tras un silencio de casi tres años, reaparece en el mundo editorial con la novela Klara y el sol (en español, editada por la Ed. Anagrama. Barcelona, 2021.Traducción de Maurico Bach), una historia con cercanías con la ciencia ficción, parentescos que no son nuevos en él, pues los había practicado en sus magníficas novelas Nunca me abandones, y en distinto grado en El gigante enterrado. 

Forma parte de la personalidad artística de este autor de imaginación rica y caudalosa; prosa potente y muy seductora, llena de matices, y un estilo que rechaza la  vulgaridad, la previsibilidad, la obviedad y la superficialidad. Hablamos de ingredientes de ciencia ficción, entendidos como premoniciones de un futuro cercano, y a su vez la presencia del pasado como recuerdo en el Japón de la posguerra mundial, en la II guerra y el nazismo como encarnación de una forma de concebir el mundo.

A su vez estamos ante un autor de éxito. En 1989, obtuvo el Premio Booker, el más importante del mundo para autores en lengua inglesa, lo que garantiza al galardonado una enorme difusión de su personalidad y de su obra y para el que Ishiguro ha sido nominado en cuatro ocasiones. Sin embargo era un autor poco conoció más allá del mundo anglosajón estricto. Eso hace tiempo que acabó: A día de hoy, su obra ha sido traducida a 28 idiomas y algunas de sus novelas han sido pasadas al cine, lo que habla bien a las claras de su popularidad.

En 1993 el director de cine James Ivory, llevó a la pantalla, protagonizada por Anthony Hopkins, Lo que queda del día con el título de The remains of the day, filme que obtuvo 8 candidaturas a los Premios Óscar y 5 a los Globo de Oro. 

En 2010, el director Mark Romanek, con el título de Never let me go llevó al cine Nunca me abandones, que obtuvo 5 candidaturas a los premios de la Academia de Ciencia Ficción. Klara y el sol ya está siendo rodada y se estrenará en breve.

Novela, esta última, que centra el foco narrativo en la inteligencia artificial y sus efectos, en cierto tipo de androides, robots, máquinas de relativa inteligencia con las que pronto tendremos que familiarizarnos. 

La editorial, en su sinopsis promocional, incluso en la contraportada del libro, presenta a Klara como una Amiga Artificial (AA), especializada en el cuidado de niños, que pasa sus días en una tienda, esperando a que alguien la adquiera y se la lleve a una casa, un hogar. Mientras espera, contempla el exterior desde el escaparate. Observa a los transeúntes, sus actitudes, sus gestos, su modo de caminar, y es testigo de algunos episodios que no acaba de entender, como una extraña pelea entre dos taxistas. 

Klara es una AA singular, es más observadora y más dada a hacerse preguntas que la mayoría de sus congéneres. Y, como sus compañeros, necesita del Sol para alimentarse, para cargarse de energía”...

Klara es adquirida para cuidar a Josie, una jovencita de 14 años de edad que padece una enfermedad que no sabemos bien de qué se trata, que condiciona su vida, con lo que la máquina humanoide Klara viene a ser algo que no es para lo que fue concebida, a medio camino entre una niñera, y una cuidadora, con lo que explotan interesantes dilemas: el primero y principal que a partir de ahora es la máquina quien observa al ser humano y lo analiza, la máquina adquiere la mirada del extraño…

 También presenta una cuestión moral pues Josie se puede curar en manos de Klara, o no. Tanto en un caso como en el otro, ¿cuál es el espacio de sus padres, en especial de su madre que vive sumida por esta condición? 

Aquí es donde el autor se encuentra más a gusto: en la inquietud, en el desconcierto, en la vacilación, en las preguntas de dudosa respuesta como establecer si el ser humano tiene alma, y en caso afirmativo ¿tiene una o dos? y en cualquier circunstancia ¿cómo nos ven las máquinas, podemos ser comprendidos por ellas. Están hechas a nuestra imagen y semejanza?

 

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