Aullidos de la calle

El día que morimos

Colectiv es un documental muy necesario, no solo para Rumania, sino para el mundo. Describe con precisión la terrible corrupción estatal y sus consecuencias.
domingo, 25 de abril de 2021 · 05:00

Mónica Heinrich V. 
Reseñista y cinéfila de corazón

Colectiv era una discoteca rumana que se consumió por el fuego en menos de una hora. La noche del 30 de octubre del 2015 la banda metalera Goodbye to Gravity estaba en pleno concierto. En YouTube podemos verlos en ese escenario, en esa noche, interpretando The day we die. Parte de su letra era la frase “Al carajo tu perversa corrupción”. Finalizada la canción la voz del vocalista diría: “Parece que hay fuego acá ¿alguien tiene un extintor?” y luego, luego el pandemónium. 27 muertos de manera instantánea. 180 heridos. Días después morirían 37 personas más. 

En la discoteca había solo una puerta que daba al exterior y medía 81 cm. El aforo legal para ese espacio era de 80 personas, en ese momento habían entre 300 a 400 personas. Cuando la gente se percató que el fuego devoraba el techo, corrió en desbandada hacia la puerta de 81 cm. 

Los que no murieron por el fuego murieron por el humo, los que no murieron por el humo murieron por algún tipo de lesión provocada por la estampida, los que no murieron ni por el fuego ni por el humo ni por la estampida murieron por una infección intrahospitalaria. 

Alexander Nanau dirige el documental Colectiv y sigue el trabajo periodístico de Catalin Tolontan, quien a pesar de estar a la cabeza de un periódico dedicado solo a los deportes, lanza una investigación sobre el incendio de la discoteca y descubre que la atención médica recibida por las víctimas fue deficiente y que el líquido usado para desinfectar los quirófanos era diluido, eso a su vez quiere decir que las bacterias de las que tienen que protegerte en un hospital se campeaban a sus anchas. 

Nominado al Oscar a Mejor Documental y a Mejor Película Extranjera, el documental está planteado en dos bloques, uno que sigue a Tolontan presentando el problema de los desinfectantes diluidos y la corrupción del sistema de salud rumano y otro que sigue a Vlad Voiculescu, el Ministro de Salud que posesionan en medio de la crisis para tratar de recuperar la confianza del país.

Hay que resaltar el trabajo Nanau que crea un documental que parece una ficción. No existen entrevistas con gente mirando a cámara, no hay testimoniales, Nanau lleva a cabo un registro de imágenes de reuniones, charlas tanto de los periodistas, sus fuentes, como de las víctimas para darle más profundidad a la valiosa investigación. 

Las conclusiones son terroríficas. El desinfectante además de ser diluido al mínimo por el proveedor, vuelve a ser diluido en el hospital, anulando su efectividad. Pero no es solo el desinfectante, es la designación a dedo de gerentes de hospitales y su nula preparación para el manejo de presupuestos millonarios. 

Toda esa primera parte que presenta a algunas víctimas, desmenuza la negligencia, la corrupción, el cinismo, y hasta podría decir la falta absoluta de respeto por la vida humana, está muy bien trabajada. 

Uno se queda espantado y empezás recordar a conocidos que han muerto por bacterias intrahospitalarias, o pensás en los rumores sobre tal o cual clínica que viven llenas de bacterias intrahospitalarias. Y claro, es en las crisis sanitarias cuando el aparato público ya sea estatal o municipal aprovecha para saquear porque ya saben: en río revuelto, ganancia de pescadores.

Donde Colectiv pierde fuerza es cuando abandona al periodista Tolontan y se centra en la figura de Voiculesco. Nanau es un reformista frustrado, un rumano que emigró a Alemania y que aún espera una revolución como la del 68 y vio en el joven ministro un aliado . Pero yo, yo no confío en los políticos, y mucho menos en sus intenciones, entonces cuando Voiculescu, que pertenece al partido opositor del gobierno de ese momento, dice a quemarropa que el mal manejo de los pacientes quemados en Colectiv fue una decisión política, aunque tenga razón, hay mucho más detrás de esas afirmaciones. 

Voiculescu está haciendo, a su vez, un cálculo político y por eso pienso que la cámara de Nanau debió quedarse con Tolontan, un personaje más confiable y que además abordaba el asunto desde un punto de vista periodístico y no político.

Aún así, Colectiv es un documental más que recomendable de ver, y muy necesario no solo para Rumania sino para el mundo en general, describe con precisión la terrible corrupción estatal y sus consecuencias. Creo que espectadores de todo el mundo podrán reconocer situaciones similares en sus respectivos países. 

La banda Goodbye Gravity era un quinteto, esa noche murieron cuatro miembros y quedó vivo el vocalista con casi el 50% del cuerpo quemado. Ellos como banda permitieron el uso de fuegos artificiales. Fuegos artificiales que fueron instalados cerca de un techo que fue hecho de esponja inflamable para que los dueños del local abarataran costos. Techo de esponja que fue pasado por alto por los funcionarios que acreditaron el lugar para que pudiera dar shows.

 Funcionarios que seguramente recibieron un soborno para dejarlo pasar. Soborno que, por lo general, es parte de la mayor parte de las funciones públicas de cualquier estado. Esa noche, el único sobreviviente de la banda cantó The day we die, otra parte de su letra era: Otra fila saltando a la llama. Los labios sueltos son líderes cambiantes. De aquí en adelante todos tienen la culpa.

 

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