Novela

Felipe Delgado en palabras de Jaime Saenz

Con los años, el resultado y la recepción literaria de la novela fue paradójico, ya que sus discípulos tergiversaron su contenido y no se comprendió el mensaje.
domingo, 4 de abril de 2021 · 05:00

Freddy Zárate Abogado

Por el año 1978, la revista boliviana de literatura Hipótesis  publicó un número especial dedicado a la novela Felipe Delgado de Jaime Saenz: “Por una circunstancia excepcional, el grueso de este número está ocupado por el trabajo y la palabra de Jaime Saenz. La oportunidad de adelantar un largo fragmento de su novela Felipe Delgado, nos ha hecho prescindir –por ahora– de la sección Teoría. Ya volverá. Creemos, sin embargo, que hemos sido honrados al tener esta oportunidad. Un diálogo con Saenz precede el fragmento de la novela”, indica el comité de redacción, conformado por Luis H. Antezana y Gustavo Soto. Además de los miembros de Hipótesis, estuvieron presentes en el diálogo Antonio Birbuet, Ramiro Molina y Blanca Wiethüchter.

En esa entrevista,  Saenz (1921-1986) reveló a sus interlocutores que su novela Felipe Delgado se encontraba en proceso de edición –diciembre de 1978–, “pero saldrá para marzo”, aseveró el bardo. Recién el libro se terminó de imprimir el 31 de octubre de 1979, bajo los auspicios de la Editorial Difusión. Según manifiesta Saenz, la novela esta ambienta en la ciudad de La Paz: “Es una novela larga, tiene cuatro partes. Se llama Felipe Delgado, porque el personaje central se llama así”. La época en que está situado el relato es por el año 1929 hasta 1932, es decir, hasta inicios de la Guerra del Chaco, esto debido a razones de “perspectiva”. Para explicar este punto, Saenz se pregunta: “¿Cómo se puede conjugar esto con el hecho de que yo siempre he dicho que uno debe escribir siempre sobre lo que conoce y ha vivido?”.

El literato alega que habría una contradicción, “pero es solo es aparente, es por razones de perspectiva. Lo cual me ha facilitado muchas cosas; no por comodidad ni por conveniencia, sino por razones de perspectiva. Hubiera podido situarse en otras épocas, pero ocurre en esa época, justamente porque me ha dado una medida de un cierto estar, un cierto haber estado en el tiempo, para mirarlo desde aquí. Esto no quiere decir que la novela sea autobiográfica ni mucho menos”.

Saenz afirma que la novela  tiene sabor de la época, “naturalmente los recuerdos que uno tiene como tales siempre persisten. Los más vividos son aquellos que se tienen de la infancia, en la niñez. Esos recuerdos forman el ser de uno, quieras o no: todo lo que uno ha vivido, ha presenciado, ha visto… esta es la primera formación que ha tenido irremediablemente”. 

El poeta enfatiza que su narración no es evocativa, sino es un situar las cosas. “Para el planteamiento, esto me ha ayudado mucho; lo digo con toda sinceridad. Lo que yo había sentido, lo que yo había conocido me ha servido para plantear las bases, el sustentáculo o continente de lo que tenía que escribir. Estando todo esto bien sentado, empezar a narrar era ya cosa que no ofrecía mayor problema”. 

En el punto referido a la relación entre poesía y novela,   Saenz advierte que no hay una diferencia fundamental, pero sí en su tratamiento: “(…) en la poesía la imagen está dada, está ahí; pero, en una  novela, la imagen tiene que estar en movimiento, aquí la imagen es una dinámica más bien, es una acción continua, es una palpitación, es un moverse, es un vivir y es un morir”. 

Más abajo, Saenz sostiene que la poesía es cuestión de hermenéutica, en cambio la novela es una cuestión abierta: “La prueba está en que son relativamente pocos los lectores de poesía, sea aquí, en Roma, en París, en Berlín; son núcleos muy reducidos. En cambio, los que leen novela, ¿Quiénes son? Una novela puede leerla un chofer, un dentista, un filósofo, una ama de casa (…), ha de estar al alcance de todos; ha de ser una cosa sencilla, comprensible”. Sus interlocutores le preguntan: “¿Ha buscado esa sencillez en Felipe Delgado?”. A lo que Saenz responde: “Más bien ha fluido”. 

Las respuestas de Saenz son interesantes porque nos da una mirada distinta a lo que actualmente se pregona sobre   Felipe Delgado. El poeta afirma que “la sencillez” narrativa es una de las principales características para que el lector  pueda sumergirse y comprender el mensaje literario. 

El maestro del misterio estuvo convencido que su novela era clara y sublime como su poesía, pero, el resultado y la recepción literaria fue paradójico con el devenir de los años. Esto debido a que sus discípulos y propagandistas  fueron tergiversando el contenido de la novela, es decir, al no comprender en su cabalidad el mensaje de Felipe Delgado fue cubierto por términos ambiguos y rimbombantes como “profundidad”, “originalidad” y “paradojal”, que en el fondo no explican nada concreto de la narrativa saenziana. 

Recuerdo que en un coloquio sobre “rescate y la re-edición en la literatura boliviana”, se le preguntó a la expositora –que era catedrática titular de la carrera de Literatura–, ¿sí el éxito de la novela Felipe Delgado era resultado de la sobrevaloración de parte de sus acólitos? La profesora alegó que Saenz habría roto esquemas “normales” con su narrativa. A esta convencional mirada, se podría añadir que los seguidores de Saenz se encuentran ofuscados con el personaje y sus manías, y no dan pasó a una lectura crítica, es decir, no se atreven a cuestionar el contenido y mensaje de la narración, que lejos de ser considerada una novela, entra a la categoría de antinovela: en donde discurre la carencia argumentativa y escasea orden narrativo.  

Otro dato llamativo que se podría anotar es la recepción de la obra narrativa de Saenz, que desde un inicio tuvo un tinte enigmático y esotérico. Por ejemplo, el escritor Augusto Guzmán (1903-1994) dice: “Es la novela más extensa que se haya escrito nunca sobre la vida paceña (…). Felipe Delgado es un intelectual profundo y original, sin limitaciones convencionales ni sistemáticas pero al mismo tiempo un gran observador del mundo desde su mesa de tragueador o chupacu inveterado”. 

 El prolífico biógrafo Elías Blanco, en el libro Jaime Saenz, el ángel solitario y jubiloso de la noche (1998), simplifica el contenido de la novela, señalando: “Sin duda una obra monumental, que empezó a escribir en 1958”. El gran dogmatizador de la novela Felipe Delgado, es sin duda alguna Luis H. Antezana, que la cataloga como “la novela más compleja y diversa de la literatura boliviana (…), un lenguaje esquivo, múltiple, a ratos retórico, paradojal: en pocas palabras un lenguaje polivalente muy difícilmente reductible al lenguaje ordinario”. 

El establecer un canon es, desde luego una proeza. ¿Quién tiene autoridad para definirlo? También ésta es una cuestión abierta. La popularidad que goza la novela de Saenz es el resultado de una exitosa campaña mediática que le dio un sitial privilegiado en el ámbito cultural; siendo un vivo retrato de un segmento convencional de parte de universitarios y académicos. Detrás de la moda literaria de Felipe Delgado surge la pregunta a sus acólitos: ¿Al referirse con tanto afán a lo paradojal y profundo en la narrativa de Saenz, es un lugar común que trata de cubrir sigilosamente la incomprensión del libro canonizado?

 

 

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