Mensaje

Notas literarias sobre discursos políticos

El autor analiza mensajes oficiales políticos entre 1898 y 1917, los cuales -considera- tuvieron afanes literarios para destacar sus efectos.
domingo, 4 de abril de 2021 · 05:00

Jorge Saravia Chuquimia
Arquitecto

Considero que, en general, el placer de la lectura ofrece la posibilidad de apreciar la naturaleza de la práctica discursiva. Distinción que, por supuesto, varía acorde a las distintas formas determinadas de elaboración de discursos, a partir la escritura, para ciertos entornos determinados. 

Para Roland Barthes “la escritura engendra escrituras o, si se prefiere, ‘literaturas’” (Aventura semiológica, 1990: 232). Desde esta perspectiva deseo hacer un esbozo de comentarios literarios de un primer corpus de seis discursos políticos escritos durante el período de julio de 1898 a junio de 1917, en Bolivia. El afán literario es distinguir los efectos de la escritura, en una determinada época. Por tal motivo, por un lado, observaré el nivel textual y por otro, las referencias del contexto, del grupo de seis discursos políticos bolivianos. 

Partiré afirmando que, desde el ámbito del contexto, la máquina narrativa política como necesidad de expresión (pública) ansia fijarse de forma específica partiendo de la presentación, siendo el soporte editorial el modo del folletín. La forma de circulación es por entregas. Así lo reconoce  Casto Valda: “En mi informe anterior hize (sic) constar que se trasladó á (sic) este Palacio el Estanco de Alcoholes” (1898: 8). La mayoría de los impresos oficiales no supera más de 40 páginas. Imagino que la práctica editorial folletinesca, por sus particularidades, brinda óptimos resultados, pues originaría un importante circuito de propaganda y difusión. En cierta medida esta práctica editorial propiciaría el impulso del género folletinesco político, con atributos propios hasta nuestros días.

En el ámbito textual sobresalen cuestiones para-textuales, por consiguiente, es notorio que los títulos (presentes en la tapa del folletín) sean extensos para cada discurso. Es una marca lingüística que abusa de las mayúsculas. A continuación transcribo los títulos completos (sin alterar la grafía) develando la sintaxis del enunciado: Informe del Prefecto y Comandante General de Departamento Dr. Ángel Casto Valda al Señor Ministro de Gobierno (Potosí, 1898); Informe del Presidente de la Honorable Junta Municipal de la Ciudad de Vallegrande Dr. Grisólogo Gallardo (La Paz, 1901); Informe que el Prefecto y Comandante General del Departamento de Santa Cruz General Rosendo R. Rojas Eleva á la consideración del Supremo Gobierno. Gestión 1905 (Santa Cruz, 1905); Ferrocarril de La Quiaca á Tarija (Una carta). Tarija, 6 de Agosto (sic) de 1907 (Sucre, 1907); Informe Anual del Presidente de la Corte Superior de Oruro Doctor Enrique Velasco y G. en la Inauguración del año judicial de 1914 (Oruro, 1914); Mensaje del Poder Ejecutivo é Informe de la H. Comisión de Presupuesto de la H. Cámara de Diputados (La Paz, 1915) y El Partido Republicano de Potosí en las elecciones presidenciales (Potosí, 1917).

El folletín no presenta índice. Explicaciones no tengo. La única explicación posible que pienso es que el autor desea ingresar de lleno al informe. El orden del discurso político en cada texto está organizado con la estructura narrativa de presentación o salutación; desarrollo, conclusión o despedida y anexos. Seguidamente advierto que el relato aborda en la introducción un primer nivel funcional que se refleja cuando el mensaje político, necesariamente, tiene que dirigirse a un interlocutor preciso. El detalle ya es develado a partir de la exposición de los títulos, sin embargo, en este acápite se hace extensible el saludo al remitente, como el comienzo de una carta. En la mayoría de los folletines el discurso va dirigido a la máxima autoridad de una instancia política. 

En el desarrollo, el autor propone que la escritura (en tiempo presente) muestre el carácter oficial del mensaje, motivo que generaría “opinión pública”. Los discursos tienen divisiones de segmentos como: Orden Público, Hacienda É (sic) Industria, Sección de Justicia, Sección de Instrucción (educación). Cada sección tiene unidades de contenidos o temas definidos al área que explican, donde la escritura descubre lo que el autor anhela expresar o hace notar positivamente de los avances, en la gestión que ocupa. Leamos un fragmento del subtítulo Instrucción o Educación, que expone: “Se ha tenido en esta ciudad, tres institutrices y dos preceptores, bachilleres en letras, jóvenes diplomados, á (sic) los que, no obstante, como á (sic) las primeras, se les exigió prueba de idoneidad para el desempeño del cargo”, (Gallardo, 1901: 10).   

Aparece un segundo nivel discursivo donde aprecio el estilo llano del escrito. La lectura me posibilita observar que, en la construcción de oraciones, las vocales fuertes llevan tilde. Entiendo para dar énfasis a la expresión y, obviamente, en castellano antiguo. En el texto político los acápites cumplen la función de remarcar una acción categórica. El autor narra su gestión y clasifica la información en pirámide invertida, de lo sobresaliente a lo negativo. Tal lo indica el general Rojas, prefecto de Santa Cruz cuando se refiere al subtítulo Universidad: “La juventud cruceña casi nada aspira en la época presente á adquirir un título profesional, concretándose solamente á obtener un grado universitario, con el cual considera bastante para el sostén de la vida” (1905: 62). El autor describe exageradamente una situación negativa educacional envolviendo a toda la juventud cruceña. Los argumentos para esta afirmación no convencen, ya que esta apreciación divulga deficiencias administrativas en torno al interés del universo universitario del oriente boliviano por la educación universitaria. 

Encuentro un tercer nivel discursivo, la forma lingüística del discurso político. Condición que me permite apreciar que el autor escribe en primera y en tercera persona, indistintamente. Cuando el relato propone resaltar acciones positivas emerge la escritura en primera persona (tono personal). Extraigo el fragmento del texto del Dr. Enrique Velasco quien manifiesta que “En las provincias no ha habido alteración en el personal de los señores jueces, siéndome muy grato tener que hacer constar que todos ellos se expiden de un modo satisfactorio” (Oruro: 5). Sin embargo, si el mensaje es negativo aparece el narrador en tercera persona (tono apersonal) “la defensa de los reos indigentes, como siempre ha dejado mucho q’ (sic) desear, pues los defensores, personas de muchas ocupaciones, no han podido destinar al objeto la suma de tiempo necesaria” (6). 

En la conclusión, el autor se despide del interlocutor de forma breve y aspirando a que el mensaje político sea aceptado, por el lector. Con todo esto, estimo (quizás con lectura forzosa) que las piezas políticas consideradas presentan características propias de un tipo de discurso. Necesariamente me hacen pensar que recurren a una imagen literaria, es decir todo indica que ajustan el relato a la estructuración de un discurso literario.

 

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