Cine

El viaje existencial de Charlie Kaufman

Los miedos, ilusiones, recuerdos y vivencias de Jake dan forma a los demás protagonistas en Estoy pensando en dejarlo, disponible en Netflix.
domingo, 16 de mayo de 2021 · 05:00

Gonzalo Araoz
Antropólogo

Debo advertir a las y los lectores que si no vieron la película de Charlie Kaufman estrenada en Netflix en septiembre de 2020, esta breve reseña les puede arruinar la experiencia. La traducción al español del título (Estoy pensando en dejarlo en lugar de terminar) ya da cuenta de la confusión que causó en el público este trabajo. Al especificar en el título traducido que lo que se piensa es en terminar una relación, se desecha su aspecto poli-semántico. Si bien el ocaso de una relación de pareja es un tema central de la narrativa, ella nos presenta una visión mucho más holística, profunda y compleja. En estas líneas, en lugar de dar soluciones (exclusivas o exhaustivas) al tremendo rompecabezas, busco nuevas preguntas que, como sugiere la joven narradora (nunca nombrada) en la novela homónima de Iain Reid en la que se basa la película, son muy importantes. 

Conduciendo a su nueva novia de regreso a casa, después de haber visitado juntos la casa de campo de los padres de él por primera vez, el joven Jake (interpretado por Jesse Plemons) exclama que “todos saben que David Foster Wallace se suicidó, que el suicidio se convirtió en la historia, la moraleja, como si todos sus escritos estuvieran resumidos en ese acto”. ¿Son la soledad, el tiempo, el envejecimiento, la locura y la atracción del suicidio los matices que tiñen este viaje alegórico a través de los recuerdos y cavilaciones finales de Jake?

La historia es narrada por la novia de Jake (interpretada por Jessie Buckley), cuyo nombre en la cinta varía entre Lucy, Lucia o Louisa. Su rostro, voz, humor, profesión y el color de la ropa que viste también cambian durante el viaje. La maleabilidad de este personaje o, más precisamente, su falta de fiabilidad es confirmada por el hecho de que ella y otros interlocutores parecen ser productos de la imaginación de Jake. 

Los pensamientos de la mayoría de la gente “... son las opiniones de otras personas; sus vidas una imitación, sus pasiones una cita”. Esta idea está ilustrada no solo por la cita que hace Lucy del fragmento de una carta que Oscar Wilde escribió en prisión, sino también por sus pensamientos que son los de Jake, que a su vez suceden en la mente de un viejo conserje.

Sosteniendo el volante, el joven Jake sugiere que un viaje por carretera nos permite ver más allá de nuestras cabezas, mientras el envejecido Jake (interpretado por Guy Boyd) sale de la granja de sus padres para conducir por última vez a su vieja escuela secundaria, donde trabaja como conserje. Los miedos, ilusiones, recuerdos y vivencias de Jake dan forma a los demás protagonistas, escenarios y  acciones de la película. La profundidad y la calidez de sus recuerdos y fantasías son moldeadas artísticamente a través de la manipulación sensorial de la luz, la decoración, el vestuario, los colores y el sonido. Kaufman utiliza también los movimientos y ángulos de cámara para evocar estados emocionales de los personajes que habitan este complejísimo laberinto audiovisual.

¿Les permite un viaje por carretera imaginario realmente mirar fuera de sus cabezas? No hay espejos para Lucy en esta travesía, no vaya a ser que encuentre el rostro de un anciano en ellos.

Durante el viaje, Jake y Lucy conversan sobre películas, poesía, ficción, filosofía y las diferencias entre pensamientos, palabras y acciones. Jake propone que todo está matizado y que los pensamientos a veces están más cerca de la verdad que las palabras y las acciones, porque no importa lo que digas o hagas, “no puedes fingir un pensamiento”. En la novela original de Reid, estas reflexiones suceden en la mente de  la novia de Jake. Esta es una de las muchas pautas que sugieren que Lucy y Jake son la misma persona o, al menos que Lucy es la mujer que Jake hubiera querido que lo viese y escuchase a él. Este imaginario viaje puede ser, entonces, una forma en que ellos logren realmente ver fuera de la cabeza de Jake.   

Ella pasa la mayor parte del tiempo esperando, ya sea para llegar a la casa de sus padres o para encontrarse con ellos una vez allí, o para tomar un refrigerio dulce cuando se detiene en Tulsey Town en el camino de regreso, o en el automóvil en el parqueo de la escuela, donde se desviaron para deshacerse de los pegajosos envases del refrigerio.  

En la granja, Lucy, la gerontóloga, ve a los padres de él (interpretados por Toni Collette y David Thewlis) envejeciendo y rejuveneciendo, mientras reflexiona sobre lo que es real e ilusorio, lo que pudo haber sido y cómo el miedo a ir donde Dios probablemente quería que Jake fuera (el temido sótano), puede haber sido la aprensión a enfrentar la realidad.

Aquí Kaufman reformula visualmente la broma de un personaje de Foster Wallace sobre el resultado de cruzar un insomne, un agnóstico involuntario y un disléxico: Lucy parece no poder dormir, mientras se pregunta si existe o no un perro. La traducción del inglés impide entender no solo el chiste, sino también otra pauta casi subliminal, donde en inglés perro (dog) se lee al revés Dios (God). Ella dice que dondequiera que haya un perro, hay signos visibles, como juguetes y huesos. El perro (¿Dios?) de Jake, siempre sacudiéndose para secarse, aparece y desaparece en forma intermitente. ¿Implica esto una negación o preferencia por el aire libre?

Cuando Lucy finalmente va a la que fuera la habitación del niño Jake y al sótano, encuentra en ellos rastros de la vida real de éste; sus pinturas (tratando de emular imágenes de RE Blakelock, que Lucy la artista había mostrado a los padres de él como si fueran suyas), los juguetes de su infancia, las cenizas de su perro, sus uniformes de conserje en la lavadora, y sus libros, uno de ellos abierto en Bone dog, el poema que Lucy la poeta recitó magistralmente en el coche. Su declamación dio la impresión de que, si Bone dog no fue escrito por ella, trataba de ella, como el espacio vacío con forma de mujer en la vida de Jake.

Lucy recibe constantes llamadas de sí misma en su teléfono móvil. Los mensajes grabados tienen la voz de un hombre que le dice que solo queda una pregunta por hacer. ¿Se está impacientando el viejo conserje? También se ve a sí misma en una foto de la infancia de Jake.  Al reflexionar sobre el tiempo, Lucy observa cómo las personas están realmente inmóviles y “el tiempo pasa a través de nosotros, soplando como un viento frío”. Luego se pregunta si ella podría haber sido el viento que soplaba en la vida de los padres de él. ¿Es Lucy el lado fuerte, maduro y femenino de Jake?  ¿O su infancia perdida? ¿O el amor que nunca tuvo? ¿O la esperanza del tiempo? ¿O el tiempo de vida que le queda a él?

La narradora no identificada en la novela de Reid enfatiza la importancia de las preguntas. A la espera de que se formule o responda una pregunta, la joven pareja en la mente del viejo conserje parece estar reflexionando sobre todos esos personajes, brillantemente interpretados, reales o imaginarios, que habitaron su vida, sin dejar de pensar y acercarse cada vez más y más a terminar con todo.

 

 

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