Contante y sonante

Emprendimiento

La elaboración de un queso de cinco kilos tarda dos años y es muy costosa. La materia prima está muy lejos y no hay mucho transporte...
domingo, 16 de mayo de 2021 · 05:00

Óscar García
Músico y poeta

El queso está hecho de lunas. El proceso es laborioso y sumamente delicado. Se requiere mucho cuidado, paciencia, un kilo de sal por cada trescientos gramos de luna y por supuesto, leche de tigre importada del sur de Malasia sin que sepa ningún funcionario de la aduana nacional para evitar que la roben con el pretexto del alza de los impuestos según la cara del importador. 

La elaboración de un queso de aproximadamente cinco kilos tarda lo mismo que estudiar una carrera veloz en una universidad que ofrece carreras que no tiene, en dos años, con profesores que no dan clases virtuales sino que ellos mismos son virtuales. 

Por ejemplo, la profesora de escritura creativa es un personaje de una novela escrita con escritura creativa por un algoritmo creado en Escocia durante las tres primeras semanas de la pandemia. Dicha profesora virtual envía directamente, mediante ondas y partículas, las clases. 

Directamente a los cerebros de los estudiantes. No hay para ello un horario fijado por lo que a menudo causa un ataque como epilepsia pero leve, cualquier rato. En la mesa mientras se come, en el baño, en medio de una escena de amor que no tiene nada que ver con el amor sino que con el sexo porque ya se sabe, en estos días toda emoción queda demás porque no resulta políticamente correcta en las nuevas tendencias neo oscurantistas.

Tampoco se trata de avergonzar al oscurantismo, hubo un renacimiento que le dicen, el del siglo XII. El algoritmo que es en verdad una profesora-personaje virtual de escritura creativa, se escribe a sí misma en primera persona y eso ya es una forma de decencia. Hay gente de verdad que habla de sí misma en tercera persona y en plural, un caso de extrema estupidez que se ha convertido en un síndrome que ya está siendo estudiado severamente en varias universidades en sus respectivos departamentos de psicología, en la especialidad de disonancias cognitivas en personas que ya viene con el seso fallado desde sus delirios desde el poder.

La elaboración de un queso de cinco kilos tarda, por lo tanto, dos años y es muy costosa. La materia prima está muy lejos y no hay mucho transporte. De hecho, el poco que hay está en tremenda disputa entre los más ricos personajes del mundo. 

Uno que negocia con turismo espacial y el otro que le apunta a preparar las condiciones perfectas para la vida en marte, comenzando con la plantación de árboles que en la tierra se está quemando. Entonces traer pedazos de luna para el queso se complica un poco. Encarece el producto final y el mercado es muy pequeño. Como todos los mercados pequeños en naciones gobernadas por pequeñas personas con pensamientos unidireccionales y pequeños pero eso sí, con grandes habilidades para organizar el crimen estatal. 

Ya no se trata de lo que fue en el pasado cercano, el terror desde el Estado, eso se ha trabajado mucho y mejor de tal manera que la especialidad ahora es el crimen de estado, que tiene por supuesto como brazo operativo, a la legalidad. Lo legal no es necesariamente justo. La esclavitud fue legal.

Hay un mercado negro de quesos hechos de lunas. No solo la tierra tiene luna, solo es la más accesible y sirve para otras cosas también, para estabilizar el clima, para aovalar el planeta azul, para posibilitar las mareas, para bajarla y entregarla en son de amor, para escribirle poesía con un montón de lugares comunes, para plantarle una bandera o dos y dar un pequeño paso que se convierta en un paso gigante para la humanidad. 

Para mirarla cambiar de sombras y de colores. Para tomarle fotos hermosas y otras no tanto. Para suspirar y también para saberse en estado de diminutez con más preguntas que respuestas, acerca de cómo es que la humanidad se ha convertido cada vez más (después de la desaparición de la Diosa), en un ruido insaciable y destructivo para su casa. Para la casa de todos.

 

 

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