Homenaje

Una flor y una joven inmarcesibles

Después de 100 años de su nacimiento, Sophie Scholl sigue siendo joven; su fortaleza, valentía, espiritualidad e integridad inspiran.
domingo, 23 de mayo de 2021 · 05:00

Alejandra Echazú Conitzer
Directora del Departamento de Cultura y Arte de la UCB. (Con gratitud a Lupe y Dietmar Zaefferer)

”¿Cómo podemos esperar que prevalezca la justicia cuando casi no hay gente que se brinde individualmente en pos de una causa justa?”. Sophie Scholl. 

Hace cien años, el 9 de mayo, nació Sophie Scholl, la cuarta hija en el seno de una familia alemana de clase media, que compartía el amor por la música, las buenas lecturas, el arte, la filosofía y las excursiones; sostenida por una tendencia liberal, inculcada por el padre: “Lo que quiero para ustedes es que vivan con rectitud y libertad de espíritu, sin importar cuán difícil resulte”, y por una profunda ética y moral cristiana, herencia de la madre. 

Hitler despertó en los cinco hijos Scholl la euforia que empujó a la mayoría de los adolescentes a unirse a las juventudes hitlerianas, y no comprendían la oposición del padre, implacable crítico del nacional socialismo. La desilusión de los jóvenes afloró ante la consciencia de que no existía respeto alguno por la individualidad. 

Sophie era una joven alegre y reflexiva, le encantaba dibujar y tenía bocetos para dos libros; sensible a cuanto la rodeaba, admiraba la naturaleza, escribía su diario y cartas a la familia y amigos. Era tiernamente religiosa: “quiero extenderme como un pañuelo, donde Dios recoja su rocío”. Escribe en su diario: “un espíritu fuerte sin un corazón suave es tan infructuoso como un suave corazón sin un espíritu riguroso” También sentencia: “una palabra que no es vivida por el alma, es una palabra muerta; y un sentimiento que no está en la profundidad de un pensamiento, es inútil”. 

Concluye la formación como profesora preescolar y el servicio a la comunidad, asignado por el Estado. La gran soledad de esos meses, al ser la única en el grupo contraria al nazismo, la lleva a buscar consuelo en San Agustín.  Hans, el tercer hermano, estudia medicina en Munich, donde conoce a otros jóvenes que, como él, rechazan el régimen. Sophie lo seguiría como estudiante de biología y filosofía.

La Rosa Blanca es el grupo de resistencia juvenil más admirado y reconocido de Alemania; el núcleo más importante de este movimiento estaba conformado por estudiantes de medicina entre 24 y 26 años de edad: Hans Scholl, Alexander Schmorell, Cristoph Probst, y Willi Graf,  Sophie Scholl de 21 años y el profesor de filosofía Kurt Huber de 50. 

Además de estudiar, los jóvenes tuvieron que viajar como sanitarios a los frentes de batalla, donde vieron el trato inhumano a los judíos del Gueto de Varsovia y las muertes masivas, también de opositores al régimen. El grupo se compromete a la resistencia y comienzan una campaña de desprestigio del nazismo y de Hitler, despertando la consciencia de los ciudadanos a través de seis volantes, extraordinariamente redactados, en los que se distinguen elementos cristianos, existenciales, influencias de Aristóteles, San Agustín, Santo Tomás, escritores alemanes como Goethe, Schiller, Novalis, Keller, así como Lao- Tse. En los textos percibimos urgencia y apelación al sentimiento alemán de cultura y conocimiento clásico, dirigidos a la inteligencia, sensibilidad y pensamiento crítico.  Los panfletos contrastan con los titulares de los periódicos que instan a la violencia, tales como: “El odio es nuestra oración, la victoria nuestro premio”. 

En el primer volante los jóvenes subrayan el concepto de libertad y resistencia individual; el segundo denuncia el asesinato de judíos, así como la aniquilación de la dignidad humana y la apatía de los ciudadanos comunes, subrayando la responsabilidad y culpa individuales. 

En el tercer folleto exhortan a un sabotaje civil y preguntan: “¿Está tu espíritu ya tan hollado por el abuso que olvida que es su derecho, o más bien, su deber moral, eliminar este sistema?”. En el cuarto volante afirman que no hay castigo suficiente para Hitler y sus seguidores por la magnitud de sus crímenes: “no callaremos, nosotros somos su consciencia; la Rosa Blanca no los dejará en paz”. 

Estos cuatro volantes son difundidos de junio a julio de 1942, luego los estudiantes de medicina son convocados, de un día a otro, para ir a Rusia de julio a octubre. Una de las fotos más difundidas es la de Sophie despidiendo, detrás de una reja, a su hermano Hans y a sus amigos, listos para partir ya con uniformes militares.  A su regreso, más maduros y golpeados por lo visto y vivido, los jóvenes comprenden que entregar sus vidas en el frente no tiene la grandeza de sacrificarlas en la resistencia y reparten los últimos dos volantes que alertan sobre la inminente derrota de Alemania. El quinto acusa: “Hitler está llevando al pueblo alemán hacia el abismo … ¿Hemos de ser para siempre una nación odiada y rechazada por toda la humanidad?”.

En enero de 1943 se conoce la devastadora derrota de Stalingrado, donde 300 mil jóvenes alemanes murieron de hambre, congelados y mutilados y otros cientos de miles, apresados. En febrero Hans, Alexander y Willi escriben en los muros de la ciudad “Abajo Hitler” y “Libertad”. 

El último panfleto estaba dirigido a los estudiantes; comienza con “compañeros, compañeras” y el jueves 18 de febrero de 1943 Hans y Sophie lo esparcen en las aulas vacías de la Universidad y los lanzan por los atrios. Claman por la libertad y el honor: “desde las llamas de Stalingrado los muertos nos convocan”. 

Identificados por un empleado de la universidad, son apresados junto a Christoph. En un juicio de dos horas, el juez nazi Freisler los sentencia muerte. Los tres son ejecutados el 22 de febrero de 1943. Antes de morir, Sophie escribe en el papel de su veredicto: “Libertad” y sentencia: “¡Día tan lindo, tan soleado, y debo irme, mas ¿qué importa mi muerte, si a través nuestro miles de personas despiertan y comienzan a actuar?”. Christoph pide bautizarse en el rito católico y les dice que pronto volverán a verse en la eternidad. Antes de su ejecución, Hans grita: “Viva la libertad”. 

En el siguiente proceso se ejecuta a Alexander, Willi y Kurt Huber. Los padres Scholl, además de perder a Hans y Sophie, son encarcelados junto a sus dos hijas mayores y viven la tragedia de la desaparición de Werner, el hijo menor, en el frente ruso en 1944.

Son 100 años de su nacimiento, sin embargo, Sophie Scholl sigue siendo joven; su fortaleza, valentía, espiritualidad e integridad inspiran y despiertan admiración. La rosa blanca para esa eterna joven que dio su vida por la libertad.

 

 

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