Contante y sonante

Mememorti

Para tener casa, hay que tener casa. O haber heredado o haber juntado entre al menos dos personas, un monto, durante años, para dar un pie al banco.
domingo, 30 de mayo de 2021 · 05:00

Óscar García
Músico y poeta

 

No se ve pero algo están construyendo en un terreno, al lado. De dónde sacarán plata, no se sabe. Mejor no meterse. Sabrán. Pero sospechosamente han desaparecido de la zona una cantidad desconocida de animales domésticos. Nada raro que estén construyendo unas instalaciones para un emprendimiento consistente en un zoológico privado cuya atracción sean animales no humanos en cautiverio pero domesticados, de los que extrañan, de los que se asustan de algunas varias cosas.

 De las bocinas, de otros animales callejeros. Se asustan de sus propios sonidos. No sé quién iría a observar a esa clase de seres en cautiverio pero no falta la gente que se frota las manos y le brillan los ojos cuando presencia el dolor ajeno. Se hace la empática, claro, por guardar las formas, En el fondo se alegran. Se nota a la legua. Escriben después en sus redes cosas tristes, denuncian, se hacen dar pataleta. Arman un escándalo. Ya sabemos que en las redes funciona el escándalo vestido de indignación y dura un suspiro. 

Luego del escándalo, la sonrisa y a otra cosa. Sería mejor pero que no sean instalaciones para un zoológico. Hay mucha gente que necesita dónde vivir porque no pudo hacerse nunca ni siquiera de un modesto anticrético con ventanas para que entre la luz. En la atribulada patria, para tener casa, hay que tener casa. O haber heredado o haber juntado entre al menos dos personas, un monto, durante años, para dar un pie al banco. 

Así, el banco presta a un porcentaje de usura la plata de otras personas a las que paga un porcentaje de intereses, de chiste. Cobra digamos 25, paga 0,5 al año. Pero así funciona esto del capital y se acepta o no hay tal. Hay gente para la que no hay tal. No lo hubo ni lo habrá. Además de no heredar bienes o plata, las gentes heredan pobreza y miseria, o bien, privilegios. Estas gentes son las menos. Mucho menos.

Peor, hay personas que quedan solas, sin lugar ni perspectiva y encima se enamoran de imposibles y eso les causa una profunda depresión que no pueden darse el lujo de llevarla con dignidad porque o se ocupan de su depresión o de agenciarse algo para comer y para pasar las noches y los días d lluvia, Total, los días con solo se los aguantan dando vueltas por las plazas, contemplando, pensando, escuchando lo que pasa. Saben montón de cosas pero es una pena porque no tienen a quién contar las cosas que saben por acumulación de días en estado de contemplación. 

Las otras gentes se pierden esos conocimientos porque ni siquiera se fijan en los solitarios. Se hacen a un lado, esquivan a las personas solas, piensan que les van a hacer algo.  Algo como sacar un cuchillo del bolsillo roto e incrustarlo en medio de la barriga sin más ni más. Piensan que de pronto saltarán al cuello con una fuerza inusitada para proceder al ahorcamiento pero no. Es lo más improbable. No tienen el espíritu para pensar de esa manera. 

Seguramente han perdido el miedo a muchas cosas de tanto asistir al miedo. Seguramente han presenciado espantosos accidentes y horrendos crímenes en las noches, más que en los días, mientras deambulaban por ahí cavilando asuntos sobre la vida y la muerte. Deben saber tanto sobre la vida y la muerte que a lo mejor sentarse cerca a escuchar a estas personas sea una inmensa tarea para el conocimiento sin embargo eso no pasa. 

La gente con vidas consideradas normales, se pasa de largo. Una vida normal parece ser la que repite con la tradición y las buenas costumbres. La que las leyes y la moral dictan como buena y normal. Nazca, estudie, tenga trabajo, cásese, procree, repita el mismo procedimiento con sus bendiciones, enferme, muera, sea recordado y saludado en las redes como si los muertos leyeran y se ocuparan de mirar memes. A lo mejor sí. A lo mejor la gente muerta tiene dispositivos misteriosos más avanzados que los que usan los humanos vivos y tienen sus propias redes con sus propias reglas, Cosas de muertos, dicen.

 

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