Poesía

Operaciones y palabras de Antagónica Furry

En el ejercicio de su arte, no hay revista que Antagónica Furry perdone, cuerpo que no corte, transgresión que no cometa...
domingo, 30 de mayo de 2021 · 05:00

 Juan Cristóbal Mac Lean E.
Escritor

Conocí los extraordinarios collages de Antagónica Furry, como ella eligió llamarse, por Facebook. El propio hecho de que su obra circule por esa plataforma virtual, llenándola de prodigios y de engendros, y que tenga entonces muchísimos fans, como yo mismo, es algo que ya merecería una reflexión aparte. ¿Qué consecuencias tiene, para el arte plástico, la posibilidad de que pueda ser inmediatamente exhibido en las pantallas, prescindiendo de galerías?

Pero vamos, más directamente, a las obras de Antagónica Furry, que con su nombre de diva de arrabal o de Far West, o de Bienal, es una singularidad única en el firmamento del arte boliviano, con su luz propia y, además, desbordando de tal firmamento.

Desbordando hacia Facebook, desbordando hacia la creación de un personaje, o también hacia la poesía en numerosos post, labrando la figura de una artista, esa con su propio nombre, marca y logo de artista o a veces no siendo más que ella misma, el ser civil respirando en su casa o guarida creativa, cerca de esas plantas que también nos dejó ver en algún post. Efectos de Facebook, está esa inmediatez con la que muestra sus trabajos pero con la que también y hasta cierto punto, ella misma se muestra y expone, pues en este territorio, las fronteras entre lo público y lo privado se tornan mucho más ambiguas, si no se disuelven.

Un paréntesis inicial: aquí, casi sin quererlo, estoy suponiendo que “todos” conocen los trabajos de Antagónica, por lo menos los interesados en cuestiones artísticas y que tienen cuenta en Facebook… que por cierto no son “todos”. Tampoco, que yo sepa, ella nunca fue “consagrada”, como se merece, con una exposición grande e individual, en una buena galería. ¿Cómo podría remediar aquí el desconocimiento de algunos lectores sobre los collages de Antagónica? ¿Describiéndolos, contándolos? Pero, como sabemos, las obras hechas para ser miradas no pueden pasar, así nomás, a ser contadas con palabras. No tienen ningún cuento, aunque tantas veces, en el collage, pareciera que se ha atrapado un instante  de una secuencia trunca e inverosímil, ine-narrable, como un cuento, justamente, pero desmembrado y del que nos llega sólo un fragmento, un instante.

Desde que algún día me dije que escribiría sobre Antagónica, me fui copiando muchos de los trabajos que muestra  y renueva sin cesar, casi a diario, muchos extraordinariamente buenos (como el par expuesto en esta misma página) y así el archivo que tengo es apreciable.

En los trabajos de Antagónica que vemos incesantemente se celebran bodas contra natura, consagraciones de lo inverosímil, a la par que son archivos de lo sorprendente, dominios de lo inesperado, afirmaciones de lo improbable, mientras lo fantasía pareciera la guía natural de sus operaciones.

El collage tiene un estatuto peculiar dentro del arte, como si fuera un barrio interior del mismo, por supuesto que plenamente reconocido, con todas sus glorias y sus héroes, sus propias bienales y escenarios, aún no lograra, sin embargo, desprenderse de cierto carácter, o mejor vocación marginal, allá recluido en sus propios pasajes, con sus tijeras, pinceles, pegamentos y revistas.

Nacido como un desprendimiento de la pintura hacia principios del siglo pasado, el collage ampliaba, inicialmente, los materiales del pintor (Picasso, Braque, Gris), pero pronto se constituyó en un arte propio: se le brindaban, en nueva y tumultuosa profusión, todos los materiales de la modernidad y el mundo se sobre poblaba de papeles, de revistas y de imágenes.

En el ejercicio de su arte, no hay revista que Antagónica Furry perdone, cuerpo que no corte, transgresión que no cometa. Con gran sentido del humor muchas veces, hay órganos desmembrados, operaciones, disecciones, amputaciones, escalas confundidas, o ya también niñas inocentes, decoraciones llenas de ironía.

Otro aspecto que merece señalarse, son los posts, las escrituras, los poemas que acompañan –formato de Facebook– muchas de las imágenes. Desde partes de un diario a refunfuños, a veces se leen poemas, o pedazos de poemas, que refulgen con su propia luz, muy buenos. Aquí van tres de ellos,  que salvé azarosamente y vale la pena reproducir enteros:

“Este domingo tiene un azul de torbellino que me pone deshojada, traspapelada, torpe, inanicida feroz de hambres y de pétalos. Me cuelgo mirando el colchón, ese donde se habían enredado varias criaturas, todo amarrado como sosteniendo su locura, a minutos de irse, espero que quién lo tenga, le guarde paciencia, de seguro no parará de contar historias, esas donde soy varias según la compañía”.

“Hasta las seis hice un agujero en el suelo de mi espíritu, lo suficientemente hondo como para que no me encuentren, como para que no puedan dañarme más, y me metí en él, me quedé muy callada y muy quieta, sin saber que había cavado mi propia casa y desde entonces estoy ahí como una yegua enferma de latido sibilante”.

“Estoy enferma. Escribo esto en horizontal. Estando así he creado una estructura arquitectónica de nervio preciso y delicada corpulencia, un sistema planetario que tirita bello en la fisura, he creado para ti –desconocido– el mausoleo al que acudes sin saberlo. Me canso de temer que me apuñalen las pastillas. Da miedo entender que te has convertido en un reclamo reluciente que sólo sirve para alejar a los monstruos del hueco donde realmente sobrevives”.

La cosa va en serio, podemos decir, no solamente tras leer semejantes líneas, sino tras haber venido siguiendo, desde hace meses, esta fantástica obra en despliegue, esa corriente interior y siempre en marea alta, creándose, permanentemente expuesta y renovada.

 

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