Esbozos culturales

Purgas políticas del s. XX y el fascismo del s. XXI

Las versiones fascistas europeas engendraron también esa corriente en varios países latinoamericanos, con hostigamientos políticos, encarcelamientos y muerte.
domingo, 30 de mayo de 2021 · 05:00

Óscar Rivera-Rodas
Escritor

Aunque postergado y sin fecha, el MAS tendrá un congreso para modificar sus estatutos y aprobar normas de disciplina para sus militantes, purgas y castigos para conseguir una corriente “evista” única. Esta información fue reiterada por el mismo Evo Morales.

Según declaraciones del 17 de mayo, el cabecilla del MAS espera en ese congreso “estrellarse contra los promotores de la renovación” de su partido, a quienes acusa “ser instrumento de la oposición y del imperialismo norteamericano”. La modificación de estatutos, normas de disciplina, purgas y castigos tienen el fin de “reconocer la dirigencia histórica y fundamental de Morales”, que desea postularse a la presidencia del país en las elecciones del 2025.

 Por supuesto que ese anunció levantó voces de corifeos que manifestaron su conformidad desde sus puestos políticos en el actual gobierno, que desean conservarlos en el próximo. También otros se manifestaron, y que anhelan ser parte del régimen, como el exministro Carlos Romero, cuya declaración plañidera afirmó: “el presente y futuro político” requieren todavía de Evo que “trasciende al MAS”.

Las purgas fascistas de siglo XX

Los anuncios de disciplina, purgas y castigos de Evo para lograr una corriente “evista” única en su partido despertaron también ecos de las purgas fascistas de la Europa del siglo pasado, aplicadas tanto a los partidos políticos como a los pueblos respectivos. 

Recordemos algunas:

 1930, durante el final de esa década, la “Gran purga” o campañas de represión y persecución política en la Unión Soviética de Iósif Stalin. Todavía se recuerda esa purga como el “Gran terror”.

 1934, el paso del 30 de junio al 1 de julio, conocido como Noche de cuchillos largos (en alemán: Nacht der langen Messer) u Operación Colibrí, purga ejecutada por el régimen nazi de Adolf Hitler.

 1939-1945, purgas y represiones del dictador Francisco Franco en España, tanto en la política como en la educación contra más de 500 mil “maestros depurados”.

 1944-1949, la “depuración legal” o purga legal (Épuration légale) de Francia al final de la Segunda Guerra Mundial.

     1945-1965, purgas en los países de Europa oriental después de la misma guerra mundial.

1950-1955, Estados Unidos, acusaciones y castigos por subversión y traición a la patria, propuestas por el senador republicano Joseph McCarth. Purgas conocidas como el “macartismo” o “mccarthismo”, entre otros nombres.

Tampoco se puede desconocer que los gobiernos comunistas derivaron en purgas similares, como el “Terror rojo”: detenciones y fusilamientos ejecutados por la facción bolchevique de la “revolución rusa” que, entre 1918 y 1922, sin proceso judicial eliminó a miles de personas. De ahí su nombre de “terror rojo”, que ocurrió una década anterior a la “Gran purga” ordenada por Stalin.

Actualmente, el sistema político de Rusia es mantenido y prolongado al margen de la legalidad por el dictador Vladímir Putin, que ha puesto bajo su servicio agencias gubernamentales, ejército, policía, guardia nacional y otras instituciones rusas. No deja de ser un fascista tan peligroso como lo fue Stalin. 

En estos días observamos la persecución y arresto del político y abogado Alexei Navalny, crítico de Putin y su “putinismo”.

Otro caso similar a Putín es el dictador de Bielorrusia, Alexandr Lukashenko, que si bien ganó las elecciones presidenciales en 1994, se mantiene en el gobierno 26 años mediante fraudes electorales. Desata también purgas stalinistas, y el domingo pasado ordenó el secuestro y desvío a Bielorrusia de un avión que volaba de Grecia a Lituania, para arrestar al periodista Roman Protasevich, crítico del dictador. Varios países europeos reaccionaron y acusaron a la dictadura de Lukashenko de “terrorismo de Estado”.

 

Múltiples fascismos 

Los acontecimientos políticos ocurridos en Europa occidental y oriental del siglo XX revelan el origen de una variedad de fascismos, debida a la individualidad egocéntrica y megalómana de sus caudillos. Todos ellos se consideraban singulares y únicos. 

El fascismo nazi que se inició en Alemania y Austria se extendió diferentemente a otros países europeos aplastando brutalmente movimientos obreros. En Italia surgió con Mussolini, militar y dictador que gobernó con el Partido Nacional Fascista, y fue afiliado al Partido Socialista Italiano, del cual fue expulsado. 

Por su parte, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas sometió sus planes económicos a un poder policiaco totalitario y cruel. De acuerdo con el teórico político, economista e historiador inglés George Douglas Howard Cole (1889-1959), autor de una Historia del pensamiento socialista, en 7 tomos, las purgas y persecuciones de ese tiempo buscaban “satisfacer la sospechosa y desordenada ambición de poder y adoración de Stalin” (1963, 7: 15). Pero la URSS se desintegró con la perestroika, reforma económica destinada a superar el fracaso socialista soviético, iniciada por Mijaíl Gorbachov, en abril de 1985. 

Así surgieron las varias modalidades fascistas entre las que se destacaron tres: nazismo, fascismo, estalinismo, que después se multiplicaron sin número... La característica común fue imponer una dictadura. 

 

El fascismo del siglo XXI

Como vimos, las versiones fascistas europeas del siglo XX engendraron el “fascismo del siglo XXI” en ese continente. Pero también en varios países latinoamericanos, cuyos pueblos padecen hostigamientos políticos, encarcelamientos y muerte.

La fracasada “revolución rusa” y su obsoleto partido comunista fueron el modelo reverenciado del régimen castrista, incapaz de pensamiento político propio y ajeno a las circunstancias de la realidad cubana. 

En 60 años los dictadores castristas fracasaron, y solo cultivaron la corrupción mediante purgas, persecuciones, encarcelamientos, torturas, fusilamientos, además de someter a su pueblo al hambre y a la miseria, y provocar éxodos masivos de cubanos que abandonaron su país en busca de libertad y pan. 

Tal fue el castrismo, copiado después por otros regímenes criminales como los que oprimen a los pueblos venezolano y nicaragüense.

 Actualmente, bajo el legatario del castrismo Díaz Canel, continúan las persecuciones y los arrestos, como el caso del artista y activista cubano Luis Manuel Otero Alcántara, miembro del Movimiento San Isidro, que se halla preso bajo secuestro desde el 2 de mayo de 2021, cuando agentes de la dictadura lo sacaron de su casa; días antes habían confiscado obras de arte de su domicilio. Esta purga está destinada a los artistas e intelectuales del Movimiento San Isidro, que cultiva un pensar libre, y cuya sede se halla en el hogar de Otero. Amnistía Internacional ha instado a Díaz Canel y a otros dirigentes de la tiranía liberar al artista inmediata e incondicionalmente.

Los castristas, en su dogmatismo irracional y ciego, han levantado una basílica imaginaria para adorar la pureza de la secretaría del partido comunista, singular y única, ante la cual, de rodillas, golpean su cabeza contra el suelo esperando algún milagro político. Claro que el castrismo, por encima del hambre de su pueblo, disfruta de inversiones capitalistas en el narcotráfico internacional; su dogmatismo ciego es una creencia de absurda metafísica y una modalidad más del fascismo del siglo XXI. 

El chavismo heredado por el torpe madurismo que somete a brutales tormentos al pueblo venezolano es un remedo del castrismo. Con estos sátrapas castristas y maduristas se reunió el caudillo del MAS. Hizo un viaje para consultar con ellos sobre purgas, persecuciones, encarcelamientos, torturas, y otros atropellos contra los derechos humanos de los bolivianos. 

El 24 de abril llegó el canciller del madurismo, otra versión del fascismo del siglo XXI, para reunirse con su pongo mascista en el Chapare, donde éste realiza inversiones capitalistas en sus empresas cocaleras.  

No es difícil ver que las purgas y castigos que Morales anunció para su partido son también para la ciudadanía nacional. El gobierno de Arce despliega desde sus inicios represiones y persecuciones políticas al margen de procesos judiciales.

Adán y Evo, singular y único, está convencido de que en su organización y en el país, él es el máximo e irremplazable cabecilla, y que sus partidarios que no piensan como él son el “instrumento de la oposición y del imperialismo norteamericano”. Además, considera que los bolivianos del oriente son “pandilleros”. Bolivia sufre actualmente la dictadura fascista del mascismo. El “dedazo” Arce, que solo dispone de muñecos en la procuraduría del Estado y en el sistema judicial, está practicando el fascismo del siglo XXI.

El pasado domingo 23 de mayo, en la Radio Kawsachun Coca, el cabecilla Morales exhibió nuevamente su egolatría, cuando hipócritamente pretendió convencer de su humildad refiriéndose a sí mismo en tercera persona: “Evo es pueblo, líder de los humildes”.

 

Ejércitos y fascismo

Sin duda, en América Latina, las dictaduras militares del siglo XX estimularon las prácticas del fascismo, arquetipo no para políticos pensantes y educados en disciplinas sociológicas, sino para dirigentes enviciados por el oportunismo, sin ideología ni reflexión, pero con excesivas ambiciones personales. 

Así como los castros, chávez, maduros, ortegas… Estos también heredaron el fascismo de las dictaduras militares y las asumieron totalmente, con la única diferencia de someter a los ejércitos nacionales a la capitulación y al silencio, disueltos en la docilidad y el acatamiento. Acaso por asumir la responsabilidad de hechos cometidos en el pasado por coroneles y generales corruptos, los ejércitos nacionales buscaron desagraviar a sus países y bajaron la cabeza ante caudillos ignorantes que se etiquetaron de “socialistas del siglo XXI”. 

Las consecuencias de los ejércitos fueron claras: cooperaron en la destrucción de las democracias de sus países, ejecutaron persecuciones, encarcelamientos, torturas e incluso muertes… Los dictadores castristas, chavistas-maduristas y otros pusieron sus botines sobre el cuello de las Fuerzas Armadas de sus naciones hasta enmudecerlas.  

En estos días, tales regímenes se hallan bajo la mira de la Corte Penal Internacional, de La Haya, que reconoce crímenes de lesa humanidad.

 En Bolivia, el fascismo del siglo XXI está representado por los dirigentes mascistas, especialmente por su caudillo Adán y Evo. Con sus planes de purgas y castigos sólo busca perpetuarse en el poder, mediante fraudes, alegando repetidamente mentiras, y apoyado en un sistema jurídico corrupto y fantoche.

Tal como el “dedazo” Arce lo practica en nuestros días, ocupado más en el proyecto del 2025, cuando en pleno 2021 la pandemia ataca a la nación desprovista de recursos sanitarios. Sólo cabe una pregunta: este descuido del MAS respecto a la epidemia ¿es parte de los planes de purga y castigo al pueblo que no cree en el “evismo”?

 

 

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