Música

Son grandes los pueblos que cantan

Los bolivianos descuidamos el canto. El canto engrandece el espíritu, inflama el valor, despierta el patriotismo y enardece el civismo.
domingo, 30 de mayo de 2021 · 05:00

Rodolfo Becerra de la Roca 
Creador del Parque Nacional Torotoro

En Bolivia todos bailan, chicos y grandes, hombres y mujeres. Demás esta decir que nuestras danzas son múltiples y multicolores, con ritmos y música tan bellos que podemos asegurar son variados y singulares que acaso solo nos gana la hermosa marinera peruana. 

La cueca, con matices y movimientos gráciles según la zona, desde muy alegres y bullangueras hasta los cadenciosos y delicados pasos  que se asemejan a la danza clásica por su elegancia y dulzura. Tenemos el salay, tan fascinante con sus zapateos y su gracia, los picarescos bailecitos y el huayño tan pronto triste y alegre como el alma del altiplano, el taquirari colla y camba que nos deleita  con su música de estudiantinas.

En fin, está la llamerada autóctona, los wacatokoris,  la alegre y acompasada morenada, la saya afroide,  la fastuosa diablada y los varoniles tinkus y  caporales y tantos  otros que nos arroban con el donaire y belleza de la mujer boliviana. Bailes todos que los países vecinos no cejan de apropiarse a falta de ritmos propios, hasta los peruanos que también tienen una variedad de folklore hermoso.

Pero hay algo que los bolivianos descuidamos y es el canto. Bolivia debe también cultivar la canción que con valor mas superlativo engrandece a los pueblos que se elevan a niveles de mayor sublimidad. El canto engrandece el espíritu, inflama el valor, despierta el patriotismo y enardece el civismo.

Y de toda esa gama de canciones debe haber una que nos invoque al amor a nuestra patria, la devoción por nuestra tierra y sea la inspiración para ser mejores en trabajo, en estudio y nos inculque disciplina y honradez.    

¿Acaso no fue una sola  canción la que levantó al pueblo francés, la Marsellesa, que irradiando en otros países, aun en los centros educativos de Bolivia se entonaba tanto como el himno nacional?  ¿No fue que cantando  el famoso coro de los esclavos de Nabucco de Giuseppe Verdi, que el pueblo italiano  rompió sus cadenas de Austria  para consolidar su nación? ¿Los pueblos germanos no cantan? En esa simpática región española, Asturias, todos cantan.

Esto requiere el pueblo boliviano para superar su atraso y adquirir un porte de país fuerte, valeroso y  próspero. Necesitamos un genio de la noche –que narra Sthendal– que nos componga esa canción redentora que nos haga vibrar en nuestras fibras más íntimas y nos empuje a situarnos como par de otras naciones, sin prejuicios y sin complejos con toda altivez. Porque la canción de la cueca Viva mi patria Bolivia no pasa de ser una tonada folklórica que no tiene la fuerza de esa canción mágica que  anhelamos.

Todos los  establecimientos educativos cuentan con un profesor de música. ¿Cuál es su misión? ¡Los alumnos ni siquiera saben cantar a viva voz el himno nacional!  Si todos ellos tuvieran la obligación de enseñar a cantar aunque sea los himnos militares, que hay muy bellos, estaría cumplida su misión. 

Si a esto logramos tener la inspiración de ese “genio de la noche” , todo el pueblo, la niñez y la juventud cantaría a voz en cuello esa composición que nos exalte y nos libere de tantos complejos; y, esto es lo lindo. El pueblo aprendería a cantar una canción que nos inspire a la prosperidad, a la unión entre bolivianos y a amar nuestra patria. 

De este modo la labor de los profesores de música valorizaría su actuación, preparando un festival anual de canto en todo el país, en una fecha y hora determinada, el día de la juventud por ejemplo.

 

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