Manga

Un legado de arte y advertencia

Kentauro Miura, creador de Berserker, falleció a los 54 años y aún no se sabe cuál será el futuro de la historia de este cómic oriental.
domingo, 30 de mayo de 2021 · 05:00

Jorge Manuel Soruco Ruiz
Periodista

Antes de que Juego de Tronos, adaptación televisiva de la saga literaria Canción de Fuego y Hielo de George R. R. Martin, popularizara el subgénero de baja fantasía –en el que los ingredientes comunes de espada y brujería se desenvuelven en un trasfondo muy realista y oscuro– una obra de manga (historieta japonés) ya la había puesto en palestra, en papel como en la televisión. Se trata de Berserker, de Kentauro Miura, una  obra en la que la política y los traumas de guerreros medievales pesan mucho y la magia siempre tiene una tonalidad negra. Lamentablemente, la historia, reunida en 40 tomos recopilatorios, quedará inconclusa debido a la muerte del autor, un artista que deja un legado de narrativa y advertencia.

El 20 de mayo pasado se dio a conocer el obituario del escritor y dibujante, anunciando que Miura pereció el 6 de mayo, a los 54 años, a causa de “una disección aórtica aguda”, es decir el desgarro de la capa interna del gran vaso sanguíneo que nace del corazón. 

El anuncio volvió a poner en mesa la discusión sobre el ritmo frenético y la explotación laboral a la que son sometidos los realizadores de manga en su natal Japón. Mostrado en varias  obras del cómic oriental, aunque solapadas y bajo un barniz de comedia, son ya varios los casos en los que las y los autores son obligados por las editoriales a cumplir inhumanos plazos de entrega cada semana para cumplir con las fechas de publicación.

No es un secreto.  Autores como Nobuhiro Watsuki, creador de Ruroini Kenshin (conocido como Samurai X en Latinoamérica), utilizaban espacios en sus propios trabajos para desahogarse ante los lectores y explicar algunos defectos de las historias o por el hecho de no responder a las cartas que recibían de los seguidores y fanáticos.

Es tal la presión que los creadores de los títulos más exitosos tienen que recurrir a ayudantes o subcontratar estudios para cumplir con los plazos. Algunos de estos artistas de soporte obtienen luego el apoyo de sus empleadores para lanzar sus propias obras y, así, continua el círculo vicioso.

Los mangas se distribuyen de forma impresa en dos modalidades. La primera es la más común: tomos semanales de entre 200 a 900 páginas, en los cuales se presentan los capítulos de varias series de la editorial. Cada capítulo tiene de 40 a 50 páginas a lo mucho. Si alguna de las series logra éxito, como fue el caso de Berserker, se autoriza la publicación de tankobon, tomos recopilatorios en los que se unen de cinco a 10 capítulos.

En el caso de Miura esto hizo que el desarrollo de su obra se extendiera por 31 años, ya que en varias ocasiones tuvo que hacer pausas que fueron desde meses hasta años, debido a problemas de salud que le impedían continuar con el trabajo. En la última década solo sacaba entre cuatro a cinco capítulos por año, una cifra ínfima para esa máquina devoradora de historias. Aunque los seguidores de la serie no solían protestar mucho, ya que el resultado que recibían era exquisito, con una trama apasionante y un arte fuera de lo común dentro de la industria.

Cada viñeta de Kintaro Miura era trabajada con mucho arte y detalle, hasta alcanzar niveles barrocos. Al ser una pieza de baja fantasía, las armaduras, vestidos, escenarios y armas medievales tomaban protagonismo propio, a diferencia de otros mangas en los que estos elementos son simplificados durante la acción y solo detallados cuando el personaje los examina. 

En Berserker los paneles que retratan batallas masivas, ninguna pieza de equipo es igual a otra. Se nota la diferencia entre la coraza de un noble y el peto de cuero de un plebeyo, por ejemplo. En una sola carga de caballería el lector puede identificar la heráldica del guerrero o la forma de los gavilanes (la guardia) de las espadas; mientras que en las secuencias de calma o de paz Miura ofrecía primorosos diseños de vestidos de los personajes de nobles, inspirados en trajes europeos de  los siglos XIV y XVIII.

Otro aspecto que diferenciaba gráficamente a Berserker de otras publicaciones era el trazo de los personajes. Como explica el historietista y académico Scott McCloud, en una gran mayoría de los títulos se aplica el efecto máscara, es decir que los personajes tienen una apariencia simplificada o caricaturizada con líneas simples en entornos más detallados, recurso ideal para facilitar que el lector se identifique o se mimetice mentalmente con ellos, lo que no pasa el esta serie, en la cual los rostros están llenos de características individuales.

Y, claro, también  está el peso de la historia. Al igual que en Juego de Tronos, en Berserker se parte con una premisa sumamente realista dentro de un entorno fantástico. Pero, mientras que en la obra de Martin se trata de la lucha por el poder político, Miura cuenta la vida de Gutz, un mercenario que nació cuando colgaron a su madre embarazada, y que creció rodeado de violencia en un continente muy similar a la Europa de la Guerra de los 100 años. 

Gutz no es un héroe épico y arquetípico a la usanza de los creados por J. R. R. Tolkien. Por el contrario, es un ser violento y brutalmente pragmático que mató a su primer soldado enemigo a los seis años y que, inicialmente, solo tiene lealtad consigo mismo. Su característica más reconocible es que su arma es una espada enorme: “era gigantesca, gruesa y pesaba mucho, muy primitiva y parecía más una masa de hierro que una espada”. El lector lo conoce mientras se enfrenta a bandidos, violadores, fanáticos religiosos y demonios sobrenaturales conocidos como “apóstoles”. Pero, a lo largo de la historia vemos como Gutz va transformándose, encuentra compañeros, una causa noble e, incluso, el amor.

Muerto Miura, aún no se sabe cuál será el futuro de la historia. Se especula que es muy posible que quede dónde está o que la editorial encargue a uno de los ayudantes de Miura que la termine, así como en occidente la saga La rueda del tiempo, de Robert Jordan, fue concluida a la muerte del autor por Brandon Sanderson.

Mientras eso se decide, sus seguidores postean en redes sociales imágenes de Gutz cabizbajo y triste, como homenaje a un autor que marcó historia en el manga y cuya obra es un testimonio de su talento y del abuso de una industria enorme y despiadada.

 

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