Entrevista

Bolivia-Brasil, construyendo vínculos

Walter Auad habla de su último libro, en el que analiza a fondo las relaciones comerciales con el vecino país, que no se centran solo en la venta de gas.
domingo, 9 de mayo de 2021 · 05:00

Jorge Soruco
Periodista

Walter Auad Sotomayor continúa escudriñando en la historia de las relaciones entre Brasil y Bolivia en el libro Relaciones Brasil Bolivia: La construcción de vínculos, que enfoca los procesos de negociación entre ambas naciones a lo largo del siglo XX.  Se trata del segundo libro que escribe sobre el tema. El anterior, Relaciones Brasil Bolivia: la definición de fronteras, fue publicado en 2013.

Auad Sotomayor nació en Cochabamba en 1948. Estudió periodismo y ciencias sociales en la Universidad de Brasilia. Fue reportero y editor de medios brasileños y de agencias de noticias. Desde 2004 estudia la historia de las relaciones entre Brasil y Bolivia. Su interés en la historia de ambos países nace debido a su trabajo profesional y en la participación de cursos de postgrado.

En Bolivia el libro puede conseguirse en las sedes de la editorial Plural o en espacios como Cowork en Cochabamba.

¿Qué diferencia este libro del anterior?

El anterior título trata sobre la definición de las fronteras y se restringe al siglo XIX, mientras que éste trata de la construcción de vínculos y corre a lo largo del siglo XX. Es una especie de continuación, aunque no me refiero al libro de esa manera, ya que no es un folletín. Otra diferencia es que hago un uso mucho más intenso de las fuentes primarias, por lo que hay diferencias metodológicas. El primero salió en 2013, aunque lo cerré un poco antes. Para éste comencé la investigación inmediatamente después.

 ¿Por qué escribir sobre la construcción de vínculos entre Brasil y Bolivia?

Porque creo que ese es el objetivo de cualquier relación externa. Tú tratas de mejorar la relación y ahí, en un sentido más amplio, representar a tu país, promover sus intereses –estamos hablando de comercio y defensa de los intereses de tus conciudadanos que viven en el otro país– hay toda una serie de temas que tienen que ver con la representación diplomática de consulado. Mucha gente ve en estas relaciones solo temas comerciales. Yo siento que es mucho más amplio.

En este caso se trata de un periodo en el que la construcción nacional de nuestros países pasaba, primero, por la institución de un Estado; después, por la definición de un territorio y, a partir de esto último, se comienzan a establecer otro tipo de relaciones. En el caso de Bolivia y Brasil no existía nada.

En mi libro cuento que para ir de Río de Janeiro a La Paz se tradaba seis meses: había que tomar un barco hasta Montevideo, pasar a Buenos Aires, cruzar el Estrecho de Magallanes, subir a Valparaíso, de ahí pasar a Arica, atravesar la cordillera… Era una aventura muy difícil. Eso significaba un problema que se manifiesta claramente durante la Guerra del Chaco, que es la falta de comunicación interna en Bolivia. Atenderlo comienza por varias sugerencias, a partir de una consultoría de Estados Unidos, sobre crear una carretera. 

Al principio se pensó en un ferrocarril que uniera a Cochabamba y Santa Cruz, los departametos involucrados, al mismo tiempo que se construía el ferrocarril de Santa Cruz a Brasil. Ya existía uno que iba de Sao Paulo hasta Baurú y de ahí, por el Matto Grosso, hasta Corumbá.

Simultáneamente, hubo otra iniciativa, que nunca se concretó, que consistía en conectar Santa Cruz con Salta, Argentina. Se tenía una red de ferrocarriles que vinculaba a Bolivia con Argentina –la segunda conexión internacional, siendo la primera con Chile–. En 1923, para ir de La Paz a Río de Janeiro se debía pasar vía Buenos Aires, por lo que viajabas tres días en tren y de ahí pasabas a un barco durante otros tres días. Así de aislado estaba el país.

Una de las primeras iniciativas para resolver esto fue del primer gobierno militar tras la Guerra del Chaco. El presidente David Toro mandó, en 1936, a Alberto Ostria Gutiérrez como embajador a Río de Janeiro. Este diplomático sucrense, que había estudiado en Río y conocía a mucha gente en su destino, negocia algo que parecía medio al aire: la construcción de un ferrocarril a ser pagado  en parte con un saldo de la deuda de Brasil por las compensaciones del Acre, y Bolivia pagaría el resto con petróleo.

Al mismo tiempo, había otro interés prioritario para el gobierno boliviano: asegurar el estatus quo territorial, que nadie más invadiera Bolivia. Había mucha inseguridad y fue un pedido formal que luego el presidente German Busch hizo mediante el embajador Ostria con ese propósito.

Estamos hablando de un acuerdo de transporte, de una garantía para la integridad territorial y de una participación brasileña en el acuerdo que cierra la Guerra del Chaco, todo negociado por Ostria, por lo que este personaje está en la tapa del libro.

¿Cuán difícil fue construir vínculos con Brasil, país no solo alejado por la distancia, sino también por el idioma, a diferencia de lo que pasa con Argentina y Perú?

Con Argentina y Perú tenemos vínculos muy fuertes desde antes de la independencia. Además, había una relación histórica muy intensa en la medida en que había una frontera viva. Con Brasil no había nada de eso y se comienza con el último punto, la construcción del ferrocarril. Sin embargo, este proceso es interrumpido por varios sucesos, entre ellos el estallido de la Segunda Guerra Mundial, que ocasiona escasez de acero, que era producido en la primera industria pesada de Brasil. 

Una frontera viva se refiere a que hay conexión directa, la que división es un río o una avenida. La gente que vive en esas ciudades tiene una experiencia particular con un nacionalismo más diluido. Tenemos frontera viva entre Puerto Quijarro y Corumbá, con gente que vive en un país y trabaja en el otro.

Fue difícil también por la cuestión del petróleo. Algunos sectores de Bolivia, especialmente de izquierda, consideraban que vender este recurso era una locura, ya que era vender nuestra riqueza nacional. Siempre hubo una relación complicada entre los bolivianos y la comercialización de recursos naturales, ya que había el antecedente de la expoliación. Esto se convirtió en un obstáculo para muchas relaciones. No sólo con el petróleo: tenemos el caso del hierro del Mutún, del que se habla desde hace unos 80 años y no se concreta realmente.

Esta actitud hizo que la venta de petróleo a Brasil sea precedida por una negociación muy larga, con varios periodos en los que no se pudo avanzar. Brasil creó una empresa de hidrocarburos estatal muy tarde en relación a Bolivia (Petrobras en 1953), que es la expresión de un nacionalismo muy fuerte, tanto militar como civil, tanto de izquierda como de derecha. Por ello, el país vecino no entiende por qué tenemos que invertir con empresas privadas de un país extranjero para sacar petróleo. 

A la larga, se descubre que no hay petróleo, lo que muestra cómo muchas discusiones se prorrogan sin sentido. Tras el fallo del petróleo se encuentra gas, gracias a inversión externa de EEUU. Entonces, cambia la negociación. Es otra muy larga, tanto para definir la venta y el precio como la propia construcción de un gasoducto. Este proceso fue llevado adelante por varios gobiernos de ambos países. Brasil quería cambiar su matriz energética, solo que al principio no sabía cómo, pues también se pensó en las termoeléctricas de tierras bajas. 

Igualmente hubo muchas intervenciones, como el impacto de las guerras mundiales y la Guerra Fría. Tampoco se puede hablar de la relación Brasil y Bolivia como algo de solo dos países, ya que, como con el gas, entra Argentina, que también quiso vender gas a Brasil. Esto introduce una cuestión de rivalidad que viene desde la época colonial. 

Hablando de rivalidades y relaciones complicadas tenemos el caso de la nuestra con Chile debido a la Guerra del Pacífico. ¿El conflicto del Acre afectó de manera similar los tratos con Brasil?

 Sí. Anoto esto en mi libro como un factor que generó desconfianzas futuras. De cierta manera lo que llamamos la Guerra del Acre fue un avance del expansionismo brasileño. En América del Sur sólo hubo dos grandes expansionismos: el chileno y el brasileño, y ambos le comieron mucho territorio a Bolivia. 

Entonces, hay una desconfianza que se mantiene, a pesar de que tras el conflicto del Acre se resolvió satisfactoriamente el problema, porque la frontera boliviana llegó hasta donde los gomeros de Nicolás Suárez llegaron. Este fue un empresario que explotó la goma de la misma forma que los brasileños. Él incluso exportaba su goma mediante el país vecino. Cuando explota el conflicto, Suárez organiza una milicia civil para frenar el avance de los empresarios de la otra nación. Aunque tanto como Bolivia y Brasil enviaron tropas, no llegó a darse realmente un combate entre las fuerzas estatales, sólo entre las fuerzas financiadas por ciudadanos.

 Los brasileños consideran esto muy importante para las negociaciones que finalizaron con la firma del Tratado de Petrópolis, en el cual se determina que Brasil pagará dos millones de libras esterlinas a Bolivia y construiría un ferrocarril atravesando más cachuelas del Río Madera para que Bolivia exporte su goma, y se definieron las fronteras. 

Finalmente, el compromiso de construir del ferrocarril se concretó en la línea Madera-Mamoré, algo muy chiquito, que no se usa. Por último, quedó una deuda monetizada por la diplomacia boliviana en un millón de libras... como una promesa, y cuando Ostria llegó a Brasil, trató de convertir esa promesa en dinero para el acuerdo. 

El ferrocarril comenzó a ser construido en 1939. Lo inauguró Víctor Paz Estenssoro en 1955. En Brasil, el hombre que dio mucho apoyo a este proceso fue el presidente Getulio Vargas, que fue dictador y después presidente constitucional, pero se suicidó y no llegó a la inauguración. 

En la inauguración, Paz Estenssoro habló con el sucesor de Vargas, Osvaldo Aranha, para reencauzar las negociones, y fue Hernán Siles Suazo, quien encabezó las charlas, que se mantuvieron hasta la década de los 90.

 ¿Cómo define el estilo de narrativa accesible que da a sus libros?

Cuando escribí el primero estaba pensando no solo en quienes están en el ámbito de la diplomacia, sino que fuera accesible para todo tipo de persona. Eso se debe en parte a mi formación en periodismo, trabajé 30 años en el área, tanto en medios como en agencias. Se puede leer de corrido o por capítulos separados. 

Hablar de construcción de vínculos parece ir en contra del discurso de la hermandad latinoamericana, la que presupone que sólo por ser de la misma región ya tenemos relaciones naturales…

De integración recién se habla tras la salida de las dictaduras en los 80. Y esto se da con la construcción de puentes y carreteras, que también tienen un valor simbólico. Antes, primaba sobre todo el interés nacional. Eso no quiere decir que ahora no se contempla esto, pero también se busca estrechar lazos. Como vimos hace poco en Europa, cuando hay más integración, más se acentúan algunos regionalismos y no sabemos qué va a pasar.

La idea de integración fue muy fuerte en el sentido que viabilizó determinadas demandas, como en el campo energético, el comercio y la atención a los emigrados. Pero, también existen los nacionalismos que buscan que cada país vaya por su lado. 

En ese sentido hay que destacar que Bolivia nunca faltó a sus compromisos. Y también hay que decir que la relación entre Brasil y Bolivia durante el Movimiento al Socialismo (MAS) no avanzó al igual que con gobiernos anteriores, en parte a causa de la nacionalización. 

 A lo largo de la investigación, ¿qué lo sorprendió especialmente? 

Me sorprendió descubrir lo poco que se habló de este compromiso que se convirtió en deuda del Acre, que es desde donde comienza la relación no circunscrita a la definición de límites.

Es interesante ver el impacto de este conflicto, ya que es uno de los menos conocidos por la población en general.

 Sí, yo veo que hubo una intensificación de los estudios respecto a Chile en desmedro de otros. Esto se explica porque la de Chile ha sido una guerra en la que se perdió mucho más que territorio, se perdió la condición marítima, lo que afectó a la economía.

El embajador Gustavo Fernández es de los pocos que quiso mostrar el nivel de relación con Brasil. Estaba interesado en conectar la intelectualidad de ambos países. Es algo que se ve poco, aunque hay países que lo hacen bien, como México. Pero no es común. Y es una pena, porque no hay una conexión entre diplomáticos bolivianos con varios sectores. Nuestro servicio se enfoca de manera superficial en esto. Antes había diplomáticos, como Ostria, que llegaban hasta el presidente. Se puede decir que nuestra diplomacia piensa en pequeño.

¿Esto se debe a que, como dijo anteriormente, se ve las relaciones entre países sólo como algo económico?

Sí. Creo que se tiene que hablar de igual a igual en cualquier capital, se tiene que defender los intereses de una manera más amplia, más allá de empresas. Debemos contactar con intelectuales. Por ejemplo, hice un curso de postgrado en la Universidad de Brasil dirigido a América Latina, que también es objeto de estudio. Tuve compañeros de toda la región. Hay cursos en los que se estudia a Bolivia. Pero, en el país no tenemos algo similar. Hemos estudiado mucho sobre Chile, pero no sabemos nada de los chilenos.

¿Además de lo económico, que otro factor es importante para las relaciones entre ambos países?

 Conectar a las élites intelectuales y económicas. Mucho de lo que Bolivia podría exportar no se hace porque no sabe qué se necesita. Es necesario conocer a la población para encontrar espacio en Bolivia. Y esa conexión no viene necesariamente por una ideología en común.

¿Aparte del gas ¿Brasil necesita a Bolivia?

Sí, porque Bolivia produce una infinidad de cosas que podría estar ofreciendo en el mercado brasileño. Algunas ocasiones hubo una gran demanda de estos productos, pero no se proveyó de manera regular. 

¿Cómo se distribuye el libro en Bolivia?

Primero he querido que llegue a mis amigos. Estamos organizando una charla on line. Es una edición pequeña. También está en formato ebook mediante el portal de Amazon. Se va vendiendo poco a poco y espero que se vuelva una referencia para quien esté estudiando el tema. No es una versión “definitiva”, ya que siempre se puede profundizar más. Pero, espero que sirva para despertar el interés.

 

 

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