Aullidos de la calle

Momentos de quietud

En Sound of metal, Darius Marder tiene el pulso para mostrarnos exactamente lo que siente Ruben mientras se empieza a quedar sordo.
domingo, 9 de mayo de 2021 · 05:00

Mónica Heinrich V. 
Reseñista y cinéfila de corazón

Ya Riz Ahmed nos había demostrado su valía en The night of, una recomendable serie de HBO que vimos el 2016. Sí, sí, su final fue un poco #pordiosquéhacésstevenzaillian, pero esa debacle narrativa no impidió que pudiéramos disfrutar de la gran actuación de Riz.

Y así, Riz volvió con Sound of metal y su personificación de Ruben traspasó la pantalla lo suficiente para hacer notar una película que años atrás jamás hubiera sido nominada al Oscar. ¿Por qué? Porque su factura está más cercana al cine autoral y su temática es muy poco comercial.

Darius Marder es el gringo que debuta en dirección capitaneando este barco. Gran amigo y colaborador de Derek Cianfrance, coescribió el guion de The place beyond the pines. ¿Se acuerdan? ¿La película atormentada y tormentosa con Ryan Gosling y Bradley Cooper? A Derek lo conocimos por esa no menos atormentada y tormentosa película que es Blue Valentine, también con Ryan Gosling. Y bueno, entre Derek y Darius hay cierta similitud en tipo de narrativa dramática con personajes siempre fatigados por la existencia.

De hecho, Sound of metal tiene su origen en un documental inacabado de Derek llamado Metalhead, cuya temática era la misma: músicos que pierden la audición y tienen que readaptarse al mundo. El trabajo de Derek está en post-producción desde el 2009, así que a Darius empezó a picarle el bichito de hacer una ficción en toda regla y le pidió a Derek su bendición. 

Voilá.

Ruben (Riz Ahmed), un baterista de una banda musical, empieza a perder la audición. El deterioro es veloz. Obviamente, nuestro protagonista estará shockeado por su situación y pasará por las fases normales de negación, rabia, negociación, etcétera. Estamos hablando de una persona cuya pasión es la música, de eso vive, a eso se dedica en cuerpo y alma. 

Darius nos lo cuenta sin despeinarse y tiene el pulso para mostrarnos exactamente lo que siente Ruben mientras se empieza a quedar sordo. Para eso se acompaña del gran trabajo en diseño de sonido de Jaime Baksht, Michelle Cuottolenc y Carlos Cortés, que tardaron 10 semanas en ocuparse de los climas, de crear los bruscos cortes de audio y los momentos de tensión.

Y sí, es muy desesperante comprender a cabalidad lo que pasa el personaje. Las escenas de Ruben tocando su batería, sabiendo nosotros que tendríamos que escuchar un “ruido” de padre y señor mío, mientras solo percibimos el triste silencio: Jodido. Qué ganas de abrazarte, Ruben.

Evidentemente que una pérdida de audición no solo resignifica tu vida como ser humano, sino tus relaciones. Ruben está en pareja con Lou (Olivia Cooke), por lo que se abre otro frente de dolor para el personaje. ¿El amor sobrevivirá a la nueva situación? 

Darius escribe el guion junto a su hermano Abraham Marder e introduce, además, la figura de la comunidad de sordos a la que Ruben recurre tratando de readaptarse al mundo.

Hasta ahí, tenemos una película emotiva, bellamente filmada con un diseño de sonido más que inteligente y con actores protagónicos que hacen que uno como espectador compre toda la pomada. 

Lo que fue un gol en contra es cómo se trata la necesidad de Ruben de aferrarse a cualquier esperanza para recuperar su audición o mejorarla. O sea, el tipo es músico, vive de tocar la batería, a mí no me parece para nada fuera de lugar que trate de recuperar la audición de cualquier manera. 

Pero en Sound of metal, la necesidad del personaje de no conformarse se compara incluso con la adicción a las drogas, ya que Ruben resulta también ser un exadicto. De ahí, algunas escenas aleccionadoras comandadas por Joe (Paul Raci) son los puntos más bajos de la película, porque para moralejas y enseñanzas estoicas prefiero ir a misa.

En una situación llena de grises, el director se va por la tónica negro o blanco en  todas las premisas de su película, incluida la relación amorosa. Y claro, eso al final termina haciendo más débil el relato al anclarlo a una cosa sensiblera. Porque Sound of metal posa como una película con un acercamiento humano al descubrimiento de una discapacidad, pero al mismo tiempo termina siendo este tipo de película “terapia”, con una mirada chata a los implantes cocleares.

No negaremos que su bella puesta en escena y su diseño de sonido la elevan unos escalones más, aunque, por ejemplo, La escafandra y la mariposa llevó esa experimentación hacia lugares inimaginables. 

Así y todo, Sound of metal llega a asestarte los golpes emocionales que se supone tiene que asestar.  No cabe duda que Darius es muy hábil. Y Riz es muy hábil. Y cuando termina, te quedás conmovido (a)  junto a Ruben sintiendo el silencio.

 

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