Novela

¿Un texto del siglo XII inspiró Robinson Crusoe?

¿Será posible que Daniel de Foe hubiese escrito el Robinson Crusoe luego de leer un antecedente árabe? El crítico inglés, M. Wainwright considera que sí.
domingo, 13 de junio de 2021 · 05:00

Jorge V. Ordenes Lavadenz
Ph.D. Literatura Hispánica, Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua

 

El autor de Robinson Crusoe es el inglés Daniel de Foe (Londres, 1660-1731), hijo de James Foe, un carnicero de Londres. Daniel cambia su nombre a de Foe en 1695 y es un representante del individuo ambicioso de la época. Se casa en 1683 y comercia en calcetería, viaja por Francia, España, los Países Bajos, Italia y Alemania. Diside temprano de la religión anglicana y sus escritos en panfletos son incansables y por largo tiempo. 

Su libro, El inglés genuino (1701), es una defensa de Guillermo III; su disidencia religiosa le significó cárcel; lo rescata el político H. Harley para emplearlo en política. De 1694 a 1713 escribe y publica una revista de asuntos europeos. Cerca a los 60 años empieza a escribir novelas: en 1719 publica La vida de aventuras extrañas y sorprendentes de Robinson Crusoe, y su éxito hizo que le siguieran dos secuelas: Mol Flanders (1722) que retrata la sociedad inglesa; y  El año de la peste (1722) en torno a la epidemia que sufrió Londres. Escribió seis novelas más. Es considerado el iniciador de la novela inglesa. La cuestión es ¿será posible que de Foe hubiese escrito el Robinson Crusoe luego de leer un antecedente árabe?

En el libro, de próxima aparición, Reapertura de la mente musulmana: una vuelta a la razón, libertad y tolerancia, el escritor Mustafa Akyol postula que en 1708, el estudioso orientalista de la Universidad de Cambridge, Simon Ockley, traduce la novela del siglo XII escrita en árabe: Hayy ibn Yaqzan que significa Con vida, el hijo del despierto, del autor andaluz Abu Bakr Muhammad Ibn Tufayl. El crítico inglés, M. Wainwright, opina que “las huella de Ibn Tufayl se ven en la gran novela clásica”. 

Akyol, que ha leído el libro de Ibn Tufayl, dice que se trata de la historia de Hayy, un muchacho que crece solo, con animales, en una isla desértica, evaluando y analizando el devenir del mundo natural, explora su lógica y hasta conforma una teología natural, y otra del origen del universo basada en un sentido ético que enaltece el mundo animal. Se vuelve vegetariano, aunque su sentido de preservación de las plantas hace que cuide especialmente de sus semillas.

Hayy deja la isla y visita una sociedad religiosa donde se da cuenta de que la religión y la razón son compatibles y complementarias, aunque observa que cierta gente religiosa acaso sea grosera e incluso hipócrita. Regresa a su isla donde había descubierto a Dios, y desarrolla sus acepciones de verdad, moral y ética basándose en sus observaciones y razonamientos. El mensaje de Ibn Tufay es revolucionario para su época: que la religión es una vía hacia la verdad pero no es la única vía. El hombre ha sido consagrado con revelaciones divinas, con razón y conciencia interiores. Se puede ser virtuoso sin religión, o con otra religión.

E. Pockery Jr. traduce el Hayy ibn Yaqzan al latín en 1671, E. Pococky Jr. en 1674 y S. Ockely en 1708 al inglés. Es muy leído. Admiradores del libro, de acuerdo a M. Akyol, son nada menos que notables de la Ilustración como Baruck Spinoza, Gottfried W. Leibniz, y John Locke que abordan la dignidad en una época de conflictos religiosos, guerras y persecuciones sectarias. 

Una secta protestante, los cuáqueros, adoptaron el Hayy ibn Yaqzan, y su ministro Keith también la traduce al inglés porque resonaba en la creencia cuáquera que cada ser humano posee una luz interior sin importar la fe, género o raza, principios teológicos que resonarían socio-políticamente en la lucha contra la esclavitud, a favor de los derechos de la mujer, et. al. con mucha longanimidad.

M. Akyol también postula que los mensajes místico-racionales de la novela Hayy ibn Yaqzanfluyen del pensamiento de Abul-I-Walid Ibn Rusd, más conocido como Averroes (1126-1198), quien procura armonizar su interpretación filosófica con la ley islámica o Shariah, y plantea  la visión filosófico-narrativa de Ibn Tufayl  cuando estipula que la religión y la razón son fuentes independientes de sabiduría. La religión tiene sus leyes escritas; la razón tiene sus leyes no escritas en los principios universales de justicia, misericordia y agradecimiento. 

Averroes afirma que de generarse un conflicto entre las dos, las leyes de religión deberían reinterpretarse porque están inevitablemente limitadas por lo escrito. La vida en mucho más compleja a medida que transcurre el tiempo y las relaciones humanas no solamente deben, ni pueden, regirse por escritos de hace siglos y hasta miles de años.

Se sabe que el autor de la novela, Ibn Tufayl, como ministro de la corte de un califa almohade de la España musulmana, comisiona a Averroes, seguidor de Avempace, a que escriba comentarios de la filosofía griega y sobre todo de Aristóteles, a quien comentó célebremente. Llegó a delimitar los dominios de la fe religiosa y el poder del razonamiento a los que consideró compatibles. Santo Tomás lo respeta pero no está de acuerdo en que la verdad se derive de la razón y no de la fe religiosa. 

Las valoraciones que Averroes hace de lo griego resultaron una fuente notable para el pensamiento europeo subsecuente que se compenetra de lo griego hasta entrado el Renacimiento. O sea que Ibn Tufay conocía las bondades del racionalismo de entonces y lo dispuso hábilmente en su novela Hayy iben Yaqzan muy temprano en el trato de estos asuntos  innovadores por no decir revolucionarios de la época. Y es muy probable que Daniel de Foe comprendiese la trascendencia del modelo.

 

 

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos