Reseña

La mujer de Seúl, São Paulo

Si bien es cierto que hay mujeres en el relato de Gabriel Mamani, no se les oye la voz. Pero es una novela exquisita. La prosa es impecable, entretenida.
domingo, 20 de junio de 2021 · 05:00

Marcio Aguilar Jurado
 Trabaja en edición y estudia sociología

En el artículo ¿Literatura de la menopausia masculina? (2009), Alison Spedding realiza una crítica a siete novelas bolivianas publicadas entre 1998 y 2004, la mayoría ganadoras del Premio Nacional y escritas por hombres. Uno de los temas analizados es la presencia de sesgos de género en los relatos donde, a la vez que la autora encuentra expresiones notoriamente masculinistas, observa un elemento abrumadoramente común: el núcleo temático de todas las novelas oscila “entre fantasías de seductor incansable y paranoias de marido impotente”.

No voy a entrar en los detalles del artículo. Menciono el texto porque fue revelador a la hora de leer la narrativa boliviana más reciente. Tal el caso del Premio Nacional de Novela 2019, Seúl, São Paulo, de Gabriel Mamani Magne.

Como ejercicio de lectura, Seúl, São Paulo es una novela exquisita. La prosa es impecable, entretenida. Varios comentarios coinciden en que la historia atrapa tanto que puede ser leída de un tirón. En lo personal, encuentro en la novela rasgos y aires semejantes a La maravillosa vida breve de Oscar Wao, del dominicano Junot Díaz. ¿Qué aires? Unos que circulan a velocidad de huracán. Tanto la prosa de Díaz como la de Mamani son así de intensas y de ágiles. Un tema transversal a sus relatos es la migración. De igual manera, algo común a estos escritores es la diversidad de lenguas que intervienen en sus obras. En La maravillosa vida breve de Oscar Wao, el inglés, el español dominicano, el spanglish y otras variantes matizan la novela de Junot Díaz. En Seúl, São Paulo, los condimentos son el portugués, el español aymara o el español alteño y el portuñol. 

Incluso, podría decir que el fukú de la familia dominicana en La maravillosa vida breve… probablemente es, en Seúl, São Paulo, Bolivia misma. Eso se percibe cuando en la novela de Mamani se lee que Bolivia es un intento fallido de no ser Bolivia; es decir, que el país es, para él mismo, su propia maldición. 

Muchos comentarios también coinciden en los temas contenidos en Seúl, São Paulo. ¿Quién, que haya leído la novela no se da cuenta que Mamani abarca la identidad, la migración, la idea de nación y patria, la adolescencia, la vida militar y sus jerarquías, la masculinidad, lo étnico, la sexualidad? Algunos de estos temas han estado en boca de lectores como Silvia Rivera Cusicanqui, reconocida socióloga y última voz opinante de Seúl, São Paulo en el Centro Cultural de España en La Paz el pasado 20 de mayo. Sin embargo, un tema que ha caído en el mutismo de los comentarios y que campea toda la novela es la representación del género.

Hace unos años, para un proyecto de investigación, leí novelas bolivianas de principios del siglo XX. Y así como Spedding encontró en las obras del periodo 1998-2004 temas recurrentes que oscilan “entre fantasías de seductor incansable y paranoias de marido impotente”, en mi experiencia hallé novelas donde algunos personajes masculinos eran parte de una élite en proceso de desplazamiento. 

Esos hombres estaban hundidos en depresiones abismales, muchos fueron suicidas y, mientras pudieron, lucharon por no perder sus privilegios en sus relaciones con el otro sexo; es decir, aunque perdían el ánimo por la vida no perdían el ánimo para que las mujeres siguieran ocupando un lugar de sometimiento.

Dejando en claro estos antecedentes, pregunto: ¿qué mujer encontramos en Seúl, São Paulo? No sé ustedes, pero yo no la encuentro. La presencia de la mujer es “fantasmagórica”. Esta palabra fue usada por Silvia Rivera en el único momento de crítica en su intervención en el CCELP y después de la pregunta que le hice: ¿Qué mujer encuentra en Seúl, São Paulo? 

Si bien es cierto que hay mujeres en el relato de Mamani, no se les oye la voz. Me refiero a esa voz que podría decir “Si me permiten hablar”. Porque de haber voces de mujeres en Seúl, São Paulo, aunque pocas, las hay, y se expresan del siguiente modo. En una escena, Vida Palomeque tiene un día de paseo con su novio, el primo de Tayson. Conversan. Ella le pregunta qué piensa estudiar. Él le responde que nada, que prefiere dedicarse al comercio para ganar dinero. Vida, toda sentimental, le comenta que si eso es lo que quiere está bien, pues “todo lo que haces con amor puede transformarse en dinero… (tal vez) la gente note todo el corazón que le pones a tu negocio y compre tus productos”. (p.126). 

En las páginas de Historias de mujeres de Ana María Lema (2011) y en las de Alterando la rutina de Ximena Medinacelli (1989) recordamos que el carácter sensible y las cosas del corazón fueron, en el pasado, emparentadas con las mujeres por una lógica patriarcal que las confinaba al cuidado del hogar. 

En otra escena, los varones de la familia Pacsi están reunidos para ver los partidos del Mundial, y al tiempo que ellos ven televisión “las mujeres preparan una fritanga en la cocina mientras escuchan Radio Chacaltaya a bajo volumen” (p.67). Tal vez dos citas escuetas no sean suficientes para aplicar las palabras de Lema y Medinacelli en la obra de Mamani, pero no hay más. Entonces, ¿qué mujer encontramos en Seúl, São Paulo?

Algo que sí hay e involucra a la mujer, es su presencia recurrente en el imaginario de los personajes que dicen cosas como: quiero “ver las tetas de la Crespo” (p.24); “mi único objetivo es tirar con la Vida Palomeque” (p.72); “pena por mi primo, la chica que estaba con él se fue, ahora es un hombre que creía que tiraría pero no va a tirar, el deseo que arde, un pene decepcionado” (p.75).

Hay una escena que es inquietante desde su potencial significado. El primo de Tayson, protagonista y voz narradora de la novela, dice que de ahora en adelante (tiene 17 años) todo lo que le ocurra será una simple imitación de lo que ya ha vivido, y expone como su máximo ejemplo su experiencia sexual (la primera) con Esbenka, una prostituta. Enfatiza que los futuros cuerpos que acaricie seguirán siendo el de Esbenka, lo mismo que los nombres de esos cuerpos, su futura esposa también será Esbenka, y Esbenka será él mismo cuando de viejo se mire al espejo y sienta nostalgia. 

La reflexión culmina cuando sentencia: “El pasado tiene cuerpo de hembra” (p.118). Pregunto: ¿esta afirmación es solo un homenaje a la mujer más relevante de su vida hasta ese momento? ¿Solo eso?

Que el lector de Seúl, São Paulo saque sus conclusiones. En medio de varias interrogantes, mi mayor certeza es que la última obra ganadora del Premio Nacional de Novela tiene que ser leída.

 

 

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