Novela

100 años de El honorable Poroto

La intención de veracidad, desde la burla, es a todas luces eficaz en este relato, la biografía ficcional de un personaje político profesional, ¿imaginado?
domingo, 6 de junio de 2021 · 05:00

Jorge Saravia Chuquimia
Arquitecto

En breves palabras, esta novela de estilo avispado y sencillo argumento es un modelo más de la ficción política boliviana. Añadiría que La candidatura de Rojas (1908), de igual forma, es parte del género. Con esta mención corresponde decir que este año se cumplen cien años de la publicación de El honorable Poroto (1921). Esta circunstancia da lugar a mencionar que la obra (divertida) está organizada en doce capítulos marcados y veintitrés textos no numerados y puede leerse como la biografía ficcional de un personaje político profesional ¿imaginado?, o cómo los rastros ficticios de la semblanza de un sujeto que se acercan a la realidad. En este orden, deseo enumerar algunas impresiones que me brinda la lectura de este celebrado libro desde la caracterización del personaje, los espacios novelescos y el anti-oficio del político Poroto.

Empezaré afirmando que no son menos importantes los elementos extra-diegéticos que acompañan a la obra, a la vez que nada secundarios. Entonces parto del título de la novela que hace mención o tiene relación con el distinguido señor Poroto. Expresión que, por un lado, es el apellido del personaje central del relato: Juan Poroto. Por otro lado, el poroto es un frijol que se consume generalmente en Bolivia, en estado deshidratado, y que produce flatulencia. En esta óptica, el rótulo condensa el horizonte de la lectura de la trama. Ahora, el autor, según señala la tapa del libro, es el curioso parlante, “otro” seudónimo del escritor y Premio Nacional de Literatura, de 1957, el paceño Gustavo Adolfo Otero (1896-1958). 

Para aclarar estas cuestiones, a continuación, aparece una nota, en el texto, que firma el autor Parlante, donde explica que el relato es un “estudio crítico-biográfico, troglodita, funambulesco sesquipedal, cómico, trágico y político de este notable público”. La información y exigencia del autor de la anotación está dirigido al lector y conlleva a leer el discurso corto como aquella posibilidad de direccionar el tipo de lectura burlesco del relato. 

En seguida sobresale una primera dedicatoria (real) que es un homenaje para dos escritores y diplomáticos nacionales: “A don Fabián Vaca Chávez y don Octavio Limpias”. La segunda dedicatoria (ficcional) es “‘Al gran histrión’: Democrático cuya figura jocunda encarna el sanchopancismo del momento actual, con todo el fervor cómico que me inspira su egoísmo jactancioso, su hinchada suficiencia, y su espíritu de un criollismo hibrido y mediocre”. Evidentemente el autor insinúa que el sujeto dedicado es el conformista ficcional Juan Poroto.  

La intención de veracidad, desde la burla, es a todas luces eficaz, en el relato. Por eso, en lo diegético, el primer elemento representativo que da fe esta apreciación es la aparición del narrador biográfico ficcional que conoce absolutamente toda la historia de los personajes y obviamente de la figura central. La construcción y descripción del actor central es narrada desde las vicisitudes risibles en que participa. El narrador cuestiona, en particular, si tendría importancia saber la procedencia o en qué lugar nació Poroto. 

Lo sustancial “puede establecerse de un modo sólido, básico, incuestionable, inconmovible, insustituible, definitivo, que don Juan Poroto, para honra del país es boliviano. ¡No faltaba más! ¿Acaso habrá también Porotos en otros países?”. Lo evidente es que el único que ayuda a develar verazmente el origen del personaje es don Alcides Arguedas, por cuanto facilita unos papeles familiares donde residen referencias del principio de los Poroto y que el narrador copia al pie de la letra: “En el pueblo de Villa Zonzo, conocí a don Temístocles Arveja que tuvo cinco hijos (…) y al menor en recuerdo de San Juan Bautista que no tuvo camisa, le bautizaron con el nombre de Juan y además le cambiaron el apellido por el que el muchacho era archibruto y de ese modo contribuía al descredito de la familia y le llamaron Juan Poroto”. Este firmamento anuncia que Juan era una arveja (ordinaria) antes de ser un poroto (extraordinario). 

Estos primeros indicios ficticios del lugar de nacimiento del aludido permiten puntualizar que Poroto es un “archibruto”, que nació en Villa Zonzo.    

Desde esta revelación, el narrador prosigue contando los acontecimientos históricos de Poroto en el espacio novelesco. Evidentemente, el primer lugar elegido es el nada particular pueblo de Villa Zonzo, cerca de la ribera del lago Izonzo. Un dato sorprendente es que, en esta topografía rural, aparte de los Poroto, viven los Zanahoria, los Camote, los Beterraga, todos ellos vegetarianos. Además, el sitio donde estudia es la escuela municipal a cargo del profesor don Emeterio y en estas aulas recibe la primera paliza de su vida, pues el lema del educador es: “La letra entra con sangre y el que no quiere aprender que se vaya a pisar adobes”. Pasaron los años, Poroto trepa, digo progresa y contrae nupcias en la provincia. A la sazón, en esta temporalidad en Bolivia habían sido presidentes los “Arce, Baptista, Alonso, Pando, Montes, Gutiérrez Guerra, Saavedra…”. En este trayecto, el honorable recala en la ciudad de La Paz.  

El narrador menciona que, en la estadía en la urbe, el brioso Poroto es político oficialista consumado. Con lo cual, en el gobierno de turno exige ser ministro y ante la negativa del presidente, Poroto transita la ciudad tal un ser intranquilo y está aburrido con el régimen que preside el país. Esta inconformidad hace que Poroto se transforme en político de la oposición, o sea “he resuelto pasarme al partido de los republicanos rectilíneos”. 

El prestigioso don Juan Poroto es un tránsfuga. Con estos antecedentes desertores promulga proyectos de leyes irracionales, cuestiona la presencia de don Ricardo Jaimes Freyre en la convención: “Sencillamente me parece una barbaridad… Un poeta en la convención es algo inusitado… A no ser por la presión de la barra, yo habría pedido que se le decapite. Los poetas son unos seres que deben ser eliminados de todo concurso donde hay personas entendidas en política. Eso que tengan talento es un peligro”. Con esta cita, Poroto admite que posee idoneidad de bribón. Finalmente, tiene miedo que lo maten de un tiro en la sublevación del país. Vive intranquilo y acepta que, en momentos de revolución, él no está apto para ser ministro.  

A manera de colofón, considero admirable que El honorable Poroto llegue a los cien años. Por ende, el comentario que realizo no pretende ser una elegía memorable de esta obra literaria. Opuestamente, aspiro que esta ficción siga deleitándome con las aventuras de éste y otros porotos que existen. Juan Poroto me agradece exclamando el proverbio: “En las sesiones nunca escuches los discursos del adversario, porque te expondría a que te convenzan”.

 

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