Aullidos de la calle

Debe ser la tormenta

En Mare of Easttown, Kate Winslet y el director Craig Zobel logran transformar un “lugar común” en una experiencia disfrutable.
domingo, 18 de julio de 2021 · 05:00

Mónica Heinrich V. 
Reseñista y cinéfila de corazón

Nos suena a algo. Ya lo vimos, ya lo conocemos. Y es porque Mare of Easttown, la miniserie nominada a siete categorías en los Premios Emmy 2021, plantea la típica historia de un asesinato en un pueblo chico-infierno grande que debe ser solucionado por un detective traumado, en sus horas bajas.

No me alcanzan las referencias para ilustrar el punto, muy bien puede ser True Detective, como también The Killing o Broadchurch. Asesinato + pueblito + detective especial tomando una chela en la barra del bar local = engancha.

Para repetir figurita, sin embargo, HBO hace lo suyo y llama como protagonista a Kate Winslet y como director a Craig Zobel, y con ellos dos logra transformar este “lugar común” en una experiencia disfrutable. 

Mare es un personaje que le cae como anillo al dedo a Kate Winslet. Sabemos que a Kate su Rose titánica no la representaba, nunca se ha considerado damisela en apuros, ni rol model de la femineidad, así que esta malhablada, poco acicalada Mare es una oportunidad de lucirse en un papel lejos del glamour hollywoodense. Y sí, se luce.

La Pensilvania epicentro de uno de los casos más sonados de pedofilia dentro de la Iglesia católica (300 sacerdotes denunciados) es el lugar elegido para dejar morir a Erin McMenamin, una adolescente madre soltera que aparece asesinada y desnuda en una zona boscosa. Un año antes, otra adolescente desapareció y Mare no ha resuelto el caso por lo que le envían al Detective Colin (Evan Peters) para que complete la usual dupla detectivesca de este tipo de thrillers.

Lo que los siete episodios de la miniserie logran es transmitir este relato del desencanto humano, de gente hastiada viviendo sus vidas en un lugar en el que por lo general no pasa nada interesante. La fotografía y la colorimetría gris, azulada, nos pintan calles llenas de gente abrigada y en su propio mundo. 

Todos se conocen, son una comunidad cerrada, y aunque no pase nada “interesante”, hay un zumbido interno en cada casa, en cada familia de monstruos en el placard. Desde ahí, como espectador, te sentís atraído por esa oscuridad, por ir descubriendo los secretos del curita, del vecino, del chico tonto de la secundaria, de la chica que suele hacer bullying, del papá que bebe todo el tiempo, del ex marido que vive al lado y está por volverse a casar. Es el chisme que no alimenta, pero entretiene.

Brad Ingelsby, el productor, creador y guionista, cuenta su historia tratando de hacernos sospechar de inocentes, es la única manera de alargar la miniserie hasta los siete episodios. Rellena con personajes como Richard Ryan (Guy Pearce) que aparece porque sí, tiene un idilio con Kate (perdón, con Mare) porque sí, entra y sale de la serie porque sí, y cuyo papel es tan intrascendente como el de la mamá de Jess Riley (Ruby Cruz) o la misma Jess Riley.

Desde el inicio, los personajes hablan sobre lo difícil que es trabajar en un lugar donde vas a tener que arrestar a la hija de un tipo que estuvo en tu colegio o si la chica desaparecida es la hija de una ex compañera que fue parte del equipo de básquet que hizo famosa a nuestra heroína. Es todo endogámico y apunta a su resolución con una flecha de neón: este es el asesino. 

La dirección de Craig Zobel aliviana los baches del guión. Las secuencias están tan bien construidas visualmente, que pasas por alto la absoluta falta de química entre Mare y Colin, lo absurdo que es el comportamiento del tarado de Dylan y tu necesidad de tener más profundidad y significado en lugar de una sucesión de personajes y situaciones clichés.

Zobel fue el director de The Hunt, esa película en la que un grupo de conservadores-republicanos despierta en un lugar con el único objetivo de ser cazados por unos aburridos “progres”. Ahí abundaba el discurso, el intento de comedia, pero por encima de elementos binarios y algo desafortunados, veías la mano de un director capaz de vender ese artificio. Porque, a veces, el arte, lo destacable, es que te consigan vender huevadas.

Lo mismo sucede con Mare of Easttown, es un trabajo cumplidor con una gran actriz como protagonista que al igual que todos los detectives ficcionales visita bares, desconfía de las relaciones y tiene un pasado que intenta ahogar en una chela, elevado por otros elementos que están sobrepuestos al guion. 

Nuevamente, ya lo vimos: mejor y más desarrollado. Aún así, te quedás hasta el final. El asesino, que fue sugerido una semana antes del final por el mismísimo Stephen King,  enfrentará a nuestra genérica detective a esa famosa disyuntiva de lo justo y lo legal. En ese punto, ya queremos que la serie termine, y, además, estamos seguros que el destino de los que rodean a Mare seguirá su curso natural con o sin justicia. 

Así es la vida.

 

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