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Arte y Trabajo: entre la juventud y el anarquismo

La revista cochabambina, que circuló entre 1921 y 1934, se ocupó de dar voz a ciertas inquietudes y malestares de ese momento.
domingo, 1 de agosto de 2021 · 05:00

Oscar Córdova Sánchez
Estudiante universitario y gestor cultural

 

La tranquilidad que se vivía en Cochabamba a principios del siglo XX era de una vida profundamente religiosa y de una silenciosa crisis que se avecinaba con el ausente desarrollo urbano y económico; sin embargo, surgiría a partir de un mítico personaje la creación de una revista que durante la década de los años 20, agruparía a lo más selecto de la juventud cochabambina para dar voz a ciertas inquietudes y malestares de ese momento, logrando con el tiempo que estos jóvenes den rienda sueltas a sus ideas que tendrán importancia en las siguientes décadas.

La dinámica social en esos tiempos en el pueblo cochabambino era la subordinación a la religión católica, el consumo excesivo de alcohol y la pobre modernización urbana; que fueron claves para entender la ideología del mítico Cesáreo Capriles López y la creación del semanario Arte y Trabajo.

La conformación del semanario se basó en la postura ideología de Capriles, calificado como “ácrata de convicción y temperamento”, más allá de su polifacética vida desenvolviéndose en la minería, sindicalismo, farmacología y astronomía; muy aparte de su dote aventurero que lo llevó, en los años 50, al Chapare para desaparecer totalmente. 

Arte y Trabajo salió el 27 de febrero de 1921, con un tiraje de 500 ejemplares, siendo la atención principal de la población “somnolienta” cochabambina. 

La conformación del equipo estaba encabezada por su director, Cesáreo Capriles;  redactor, Roberto Weiler y como administrador a Roberto Escobar. El semanario costaba 20 centavos y se podía obtener en el Parque 14 de septiembre y en la imprenta de F.O Cuenca.

Todos tenían conocimiento sobre Capriles y su auténtico anarquismo individualista, pero al leer la publicación de Arte y Trabajo, la conformación del ideal anarquista no era percibido, ni mucho menos difundido. Si bien tuvo una recepción buena, la ideología misma con la que se creó se fue desvaneciendo y dio luz a otras ideologías propuestas, en este caso, por jóvenes universitarios.

Para entender las nuevas ideas acogidas por los universitarios, debemos analizar la lectura de varios libros en boga de ese momento. Esto será el determinante y permitirá que Arte y Trabajo adquiera una finalidad ideológica progresista con una clara tendencia izquierdista.

Augusto Guzmán, que formó parte de esa juventud y del corpus de redactores del semanario, menciona que las lecturas se centraban en autores como José Vargas Vila, Vicente Blasco Ibañez; autores rusos como Dostoyevski, Tolstoi, Gorki, Andréiev y más que nada a Lenin y Trotsky. Sin embargo, la condición de anticlericalismo con la que se formaron estos jóvenes de los años 20 fue con las lecturas del autor francés Anatole France que impuso el “descreimiento religioso... que cruzaba la edad del ateísmo, anticlericalismo y revolución social”.

Entre los jóvenes más inmiscuidos en la formación de una nueva tendencia y con la convicción de hacer Arte y Trabajo núcleo de sus inquietudes, figuraban José Antonio Arze, Carlos Montenegro, Augusto Céspedes, Ricardo Anaya, Carlos Walter Urquidi, Roberto Hinojosa, José Cuadros Quiroga entre otros.

Capriles, gracias a sus relaciones fraternales con Adela Zamudio y otros intelectuales pudo ser el “captor” de esta juventud universitaria que iniciaría sus primeras armas en Arte y Trabajo.

Este fenómeno dentro del semanario fue la “tribuna libre del pensamiento cochabambino” donde iba creciendo en su demanda, pero desapareciendo su forma anárquica. Entre otros colaboradores estuvieron Man Césped, Adela Zamudio, Franz Tamayo y Gregorio Reynolds. 

En cuanto a la definición de la revista, según Nirvardo Rodríguez, fue una “revista cultural, que comprimía temas políticos con una variedad de temas literarios y de actualidad”, con un énfasis por la propaganda comercial de productos y servicios.

Capriles, si bien pocas veces escribió para su revista, destaca su desdén por la falta de “higiene popular” declarándose antialcohólico, y por su crudeza hacia el artesano cochabambino, al que bautizó como  “un animal anfibio que vive entre la chicha y la política”. Por tanto, la dirección del semanario también estuvo marcada con las inclinaciones de Capriles, que escribió sobre la desconfianza hacia los políticos, el progreso económico y la modernización de la ciudad a partir de industriales privados y comerciantes, promoviendo una profilaxis social de a poco.

Si bien Capriles tiene marcada su ideología, ésta no influye directamente en los jóvenes redactores, quienes dan paso a sus ideas y reclamos; no ganaban un centavo por sus escritos, pero sí experiencia en el arte de la escritura.

Un caso particular fue el de Carlos Montenegro, de 19 años, y José Antonio Arze, de 17, por sus artículos anticlericales. Montenegro en una nota afirmaba que Jesucristo era un hombre sin “divinidad”, al enterarse el abanderado del catolicismo ortodoxo” de Cochabamba, monseñor Francisco Pierini, no tuvo compasión y Montenegro fue excomulgado; mientras Arze, que en otra firmó como Espartaco tuvo una sanción sin muchos inconvenientes. 

En el contenido del semanario se encuentra la lucha contra la tiranía “democrática” del gobierno de Bautista Saavedra, el apoyo hacia la Federación Obrera Local Cochabambina; además de los “cuentos, noticias, humor, dibujos, grabados, poesías, unas cuantas caricaturas y también artículos y debates literarios y científicos”, a decir de Huáscar Rodríguez.

Con el paso de los meses, Capriles de a poco terminaría decepcionándose de la ruta que seguía Arte y Trabajo, por este motivo dejó a José Antonio Arze como director del semanario, y así sucesivamente tendrían la dirección otros colaboradores, más nunca Capriles, que buscaría otros emprendimientos.

Luego de abandonar sus actividades con el semanario, Capriles después de muchos años volvería a ver una colección de Arte y Trabajo en la Biblioteca Pública de Nueva York. Mientras leía los últimos números del semanario, observaba que tenía inclinaciones al gobierno de Hernando Siles. Decepcionado, lanza el ejemplar al río. 

En 1929, los jóvenes Guzmán, Montenegro, Céspedes y Arze tomarían rumbos diferentes y otros emergentes grupos colaborarían para que no desaparezca Arte y Trabajo. El semanario duró hasta 1934, aún con la difusión de más de 300 ejemplares en plena guerra del Chaco. 

Podemos afirmar que, si bien no tuvo un objetivo para la divulgación anarquista, fue el caldo de cultivo para el desarrollo de las nuevas ideas entre los más jóvenes, que con el tiempo tuvieron un fuerte impacto en la política boliviana.
 

 

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