Fargo: ¿Un pacto con el diablo?

Aunque no existe una escena de “un pacto faustiano” ni en la película ni en la serie, el tropo está de alguna manera presente en todas las historias contadas.
domingo, 15 de agosto de 2021 · 05:00

Gonzalo Araoz
Antropólogo, artista plástico y escritor 

Fargo, la película de crimen y comedia oscura de los hermanos Coen se estrenó en el Festival de Cine de Cannes de 1996, donde ganó un premio al mejor director y fue nominada a la Palma de Oro. También recibió siete nominaciones a los 69 Premios de la Academia, ganando un Oscar a mejor actriz (Frances McDormant) y otro a mejor guion Original (Joel Coen y Ethan Coen). Mc Dormant interpreta a Marge Gunderson, una jefa de policía de Minnesota embarazada que investiga un caso de triple homicidio en la carretera después de que un vendedor de autos desesperado (William H. Macey) contrata a dos delincuentes (Steve Buscemi y Peter Stormare) para secuestrar a su esposa con el fin de extorsionar a su suegro millonario (Harve Presnell). A  los lectores que no vieron la película o las series de televisión, se les advierte que este texto les puede arruinar la experiencia.

La desesperación y la impotencia del vendedor de autos contrastan con la poderosa postura de su suegro, y esto se muestra no solo en la actuación, sino también en algunas luces, ángulos y movimiento de cámara. Las complicaciones en las negociaciones derivan en más asesinatos y un rastro sangriento que finalmente lleva a la jefa de policía Gunderson hacia los criminales. Al final de la película se resuelven los crímenes y todos los involucrados son capturados o asesinados.

Hay, sin embargo, una cuestión sin resolver: los 920 mil dólares que Carl Showalter (interpretado por Buscemi) entierra en la nieve con la intención de retornar tras repartirse los (supuestamente sólo) 80.000 dólares del rescate con su socio Gaear Grimsrud (interpretado por Stormare), sin saber que este último lo matará y desechará su cuerpo en una trituradora de madera.

Un salto de 18 años nos lleva al estreno de la primera temporada de la serie de televisión basada en la película. La serie, producida por los hermanos Coen y creada por Noah Hawley, no sólo transcurre en escenarios nevados muy similares de Minnesota (aunque filmada en Canadá), sino que también da continuidad al drama de comedia oscura de la película. Para este espectador, el disfrute de las diferentes historias contadas en escenarios similares y con un semejante sentido del humor se tornó en una especie de placer cuando la narrativa de la serie conectó con el vínculo que dejó abierto la película: el botín. Prefiero no desvelar todos los entresijos que caracterizan a la serie, pero es notable que el enlace de la maleta llena de dinero enterrada en la nieve y marcada por un raspador de hielo rojo podría ser el único error de continuidad entre la película y la primera temporada televisiva, sólo por los 20 años que separan los hechos narrados en ambas historias. Sin embargo, estoy seguro de que la licencia artística se aplica en este caso, y el espectador puede fácilmente hacer la conexión imaginando solo unas semanas entre ambos eventos.

Las escenas iniciales de la película y la primera temporada de la serie de televisión son casi idénticas, presentando el mismo tema musical y una paleta blanca dominante. Mientras que en la película el vendedor de autos conduce un automóvil para encontrarse con un par de matones y hacer un trato por el secuestro de su esposa, el conductor en la primera temporada de la serie de televisión es un asesino a sueldo profesional. Lo que debe notarse de inmediato es que esto es mucho más que una simple película de acción, donde el héroe derrota a los malos y se queda con la chica. Si hay un héroe en estas historias, en ambos casos es una mujer. Son la inteligencia y la diligencia de la jefa de policía Gunderson (en la película) y de la ayudante Solverson (interpretada por Allison Tolman en la primera temporada de la serie de televisión) las que resuelven los crímenes.

También se nota que no hay maniqueísmo en la creación de personalidades: ningún personaje es exclusivamente bueno o malo. Aunque Lorne Malvo (interpretado magistralmente por Billy Bob Thornton) lleva un nombre que sugiere un demonio solitario y es presentado como un sarcástico asesino a sueldo y a sangre fría, en ciertos momentos asume el papel de Dios. No necesariamente por ser uno de sus disfraces el de sacerdote, sino particularmente cuando juega con las emociones y los destinos de otros personajes principales y secundarios.

 Es más, Malvo propicia, irónicamente, eventos catastróficos de proporciones bíblicas. Por supuesto, ninguno de estos actos podría considerarse una “buena acción”, pero Malvo muestra simpatía cuando se encuentra con el tímido e intimidado vendedor de seguros Lester Nygaard (interpretado también en forma  magnífica por Martin Freeman) en el hospital de Bermidji, y le ofrece valiosos consejos. Al ver a Lester esforzándose por beber de una lata de refresco, Malvo pide un sorbo y Lester le entrega la lata entera. En reciprocidad, Malvo le aconseja a Lester no permitir que un hombre se salga con la suya abusándolo. Cuando Nygaard responde con un par de preguntas, algo como “¿qué puedo hacer? Entonces, ¿por qué no lo matas por mí?” Malvo se ofrece a hacer precisamente eso. Si esa no es una oferta generosa y solidaria, no sé qué es.

Aunque no existe una escena de un “pacto faustiano” en Fargo (tanto la película como la serie de televisión), o incluso la sugerencia de un trato hecho entre un personaje humano y un demonio, el tropo está de alguna manera presente en todas las historias contadas, no en el sentido de un pacto con un ser maligno y sobrenatural, pero dentro de contextos humanos, muy terrenales. En mi opinión, este es el atractivo más fuerte de las historias: ellas le permiten al espectador reflexionar y considerar si tomaría el camino que toman los personajes al llegar a una bifurcación en sus travesías. Es decir si el espectador alguna vez hizo un pacto con el “demonio interior”.

La transformación de Lester Nygaard desde el momento en que comparte una lata de refresco (y por lo tanto saliva) con Lorne Malvo, por ejemplo, puede interpretarse como la pérdida de inocencia. La personalidad de Lester es transformada radicalmente desde que conoce a Malvo, y su carácter apacible es reemplazado no sólo por el de un hombre seguro y exitoso, sino por el de una persona manipuladora, ambiciosa, egoísta y maliciosa.

No voy a estropear la experiencia de los lectores con más detalles, pero recomendaría ver tanto la película como las cuatro series de televisión, donde a muchos personajes se les presentan una serie de opciones y donde sus propias decisiones, ya sean de tomar alguna o ninguna acción, los llevan a sus destinos finales.

Las primeras tres temporadas de las series televisivas  están disponibles en Netflix.

 

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