La poesía de Blanca Terrazas Foronda

Una muestra de la creación de esta escritora y compositora orureña, que se distinguió en el campo de la literatura, obteniendo menciones honrosas.
domingo, 29 de agosto de 2021 · 05:00

Blanca Terrazas Foronda de Oporto nació en Oruro, ciudad donde radica actualmente y ha recibido menciones honrosas en el campo de la literatura. Aunque estudió Ciencias Jurídicas,  Políticas  y Sociales en  la Universidad Técnica de Oruro, no logró titularse.

Esta escritora, compositora y poeta es autora de los libros Chaqpa Rampay con sus relatos, Ecos del espíritu y Una mirada de ensueño y leyenda; además realizó varias publicaciones  en los periódicos La Patria y El Expreso.

Perteneció a las   instituciones Promoción Cultural, Institución Moral y Social, Comunidades Eclesiales de Base y a la Legión de María.

 Presentamos en esta edición algunas muestras de su poesía:

 

Plegaria a la libertad

Como en mágico poder de evocaciones

Vemos reaparecer viviente,

Aquel lejano imperio trinitario

Con sus características básicas:

No seas flojo, no seas ladrón, no seas mentiroso,

Pueblo de magnificencias increíbles,

Tierra colmada de bienes óptimos,

De reyes que paseaban en literas de oro macizo

Y encontraban la paz

En sus plegarias a su Dios Sol,

Tierra donde al feliz conquistador,

No le fue suficiente arrancar el oro indio,

Ni las extensas tierras colmaron su anhelo,

Tampoco, el poder ilimitado de gloria

Colmó su ansia de grandeza,

Y hoy, como segura embajada de progreso,

Comunicación...más bien...

Como himno potente que surge del asfalto,

Esa cinta blanca tendida como enorme brazo

Tratando de horadar horizontes pálidos,

Con reflejos de oro viejo,

Mezcla de grandeza y melancolía,

Como rayos solares sacudiendo sueños,

Trayendo consigo ¡no progreso!

Siempre opresión y yo, como en el

Antiguo Imperio Inca, elevo en ruego

La plegaria del alma mía,

Por aquel indefenso niño

Que esconde la cabeza, bajo sus tiernas alas,

Que aprende a volar al límpido cielo

Y contemplar de cara al sol indio

Una plegaria de perdón

Por aquel hijo que rifa su libertad

Con esa corriente de corrupción, droga, terrorismo

Que va quitándole su virtud,

Mi humilde plegaria por aquella madre

Que un día hospedó en su seno

Al hijo ingrato y por él, en silencio devora su dolor,

También la plegaria de perdón por mis hermanos

Que un día, un mismo techo nos cobijó

Y hoy, llenos de torpes vicios

Van muriendo en profundo cieno,

Porque les roe el corazón...que vean...

Cuánto vale un designio supremo de paz,

Logrando evitar inútiles guerras,

Llegue a ti Dios Sol, la plegaria

Por aquel político que pomposamente

Se hace llamar honesto

Y no se sonroja al devastar

El presupuesto nacional, extendiendo su zarpa

Hasta los más escondidos rincones,

Que esa hipocresía actual no  les llene de mañas

E ilusas ambiciones, porque sentimos ser

Sabiendo sin ver, que el tazón de barro

Esta cerca y lleno de agua,

Agua de espiritualidad

Que hacen valer los dones

De nuestros corazones oprimidos,

Elevando la plegaria de la libertad,

Que se escuche, que se expanda

En el silencio lóbrego de la noche

Y el eco resonando se filtre entre las fronteras,

Que al chocar con ellas se fuera al cielo,

Escalando las montañas guardadoras

De riquezas y leyendas, volviendo

A aquél imperio, zumo de raza heroica,

Limpia de odios desnaturalizados

Donde al pasar por los crisoles de los años

Vuelvan los cóndores a volar en sus cordilleras

Como signo de libertad,

Palabra dignificadora que enaltece la condición humana,

Porque aquel Dios Sol hará de esta plegaria

Una literatura de amor.

 

Las ñustas de ensueño

Nuestras ñustas o hadas de ensueño ¿dónde están?

Todas muertas, como vientos olvidados en la noche,

Tristes, lastimeras, silbando dolorosas

Eran ellas,  poesía, fe, candor y juventud del pueblo,

Nuestra tierra parecía mil veces más hermosa

Con sus ñustas que encantaban las montañas

Ó las piedras de las fuentes de las aguas cristalinas

Y la paja enmalezada del invierno,

Todo el altiplano adquiría con su presencia

Algo mágico, grande, porque en la claridad fantástica

De las leyendas indias se las veía...

Movedizas, inquietas o por todos lados

Arrastrando sus faldas multicolores, en un rayo de luna,

A veces corriendo misteriosas

Sobre las puntas de los pajonales

Queriendo alcanzar la marmita de barro encantada

Hasta fundirse en el arco iris de la esperanza,

Los campesinos las querían, las veneraban con temor,

Adoraban  su rueca de plata

Porque con ella, hacían que el arado se detenga

Ó que las piedras se detengan solas

Y el agua se deshiele corriendo tras ellas

Pero el tiempo y ciencia avanzan

Abriendo caminos, perforando túneles,

Las ñustas ya no tienen donde esconderse

Llaman de noche a las ventanas cercanas

Como mariposas nocturnas salidas de la oscuridad

Para aletear alrededor de una tenue luz

¡Es el viento! ¡no abras! Es la respuesta triste

De los hombres de los pueblos que ya no creen en ellas

Y ellas, que vivían de la creencia popular

Se convirtieron de hadas reinas, en ñustas viejas

Olvidándose con ellas del manantial puro

De las aguas cristalinas o de las asambleas

De viernes al claro de luna,

Los niños inocentes y puros ya no las conocen,

No saben de los seres que entran en las almas

Con sueños dorados, porque….

En el balbuceo de sus vidas,

Cuando suben a las rodillas de sus padres

No les enseñan ya la fantasía

De los cuentos de antaño

Ni les deleitan

Con la dulzura y sugestión de una leyenda,

Ni de montañas encantadas,

Ó espejos mágicos de esplendor

Y, si el niño no sueña la poesía, fe

Y candor del pueblo, no responde

Al conjuro de la rueca encantada

Subiendo de la tierra la tristeza de los niños

Como nube color ceniza que se pierde lentamente

Hasta confundirse con  aquel azul parejo

Que suele tener el  cielo, como endurecido metal

Semejante aquellas almas que guardan

El corazón en la grieta de un muro

Donde el aburrimiento sube como polvo gris

Disipando de los ojos de los niños

La virtud de crecer en la rueca encantada

Ó el sortilegio de las ñustas de ensueño.

 

Tu madre

Generoso y bueno fue el cielo contigo

Al darte aquella mujer humilde y sencilla

Sin nombre, sin riquezas...sin embargo

Ella te dio cuanto tenía consigo

Como principio de sabiduría

Como delicada flor sin ser vista

Exhalando su eterna fragancia

En el ávido terreno de tu  alma,

Templó tu espíritu dándote calma

Pilar y cimiento de tu hogar,

Te enseñó a conocer el amor sincero,

Singular  cuidado te prodigó

Aunque más llantos que gozo la animó,

¡Cuánto verso...cuánto llanto...cuánta flor!

Cuando ella, no esta más

Entonces tu alma se torna vieja

Porque en el verano de su vida

Sus sueños simples no cumpliste,

Ella, ahora duerme el sueño eterno

La llamaras sin que te oiga

Sentirás el invierno en tu corazón

Ese frío que te hiela dentro

¡Cuánto pesar por no saberla valorar!

¡Cuánto verso, cuánto llanto, cuánta flor!

Ese ayer lejano que no volverá

No podrás decir ya, cuanto la has querido

Querrás oír su voz en tu dolor,

Sólo habrá silencio ensombrecedor

Haciendo fijo el recuerdo que se va,

De esa mujer que un día te enseñó a orar

Pidiendo; pan de resignación, pan de fortaleza

Y, en cada frío soplo de la noche

Cuando suelte su sutil manto...es tu madre

Que te recuerda tengas conciencia pura

Y un pensar profundo,

¡Cuánto verso, cuánto llanto, cuánta flor....!

 

El trabajo

Al mirarte con atención

Se descubren en tus labios...

Suaves sonrisas de placer,

En tus ojos ardientes...

Miradas de prosperidad,

Te vistes con sencillez y orgullo

De la propia independencia,

Al seguir las huellas con curiosidad

Vemos doquiera que pasas florecer

Los campos con sus verdosas galas

Como tibia aurora de mayo,

A tu paso... se cubren los desiertos

Con poblaciones...emprendiendo reformas

Materiales, intelectuales, morales

Que impiden la decadencia,

Enseñas a sacarle a la tierra estéril

Alimentos agradables y nutritivos

Eres activo bienhechor del mundo

Compites la elevación de las ideas

Con la habilidad de la ejecución

Creas lo vasto y lo pequeño,

Lo sencillo y complicado

Librándonos del peso de las horas

Y de los días tristes que se alejan

En sombría sucesión,

Imitas en lo posible

La omnipotencia de Dios

Eres templo de mil artes

De un magnífico y lejano imperio

Donde bellas ñustas exhalan

Acentos divinos animando con sus consejos

Y advertencias oportunas

Eres maestro de alas audaces al progreso

Útil, estimable, constructivo

Como sombra quimérica que vas

Diseñando la palabra ¡trabajo!

 

El arte de escribir

¿Dónde y cómo aprendí a escribir?

No, no aprendí, fui escribiendo nada más

Quizás desde aquellos días alegres de la infancia,

 En los que aprendía

Poco a poco a amar los libros,

Al igual que aquellas mujeres

Amantes de las joyas, que al tenerlas

No se cansan de mirar....pero......

Al pasar la juventud dejé la poesía,

Como época incolora

Indefinida de mi vida,

En la que parecía andar

Por aquel camino de tierra dura

Con su pasto verde de esperanza,

Canciones y leyendas que se ven al frente

Pero...escrito estaba que mi destino

Se entrelazaría con el escribir,

Como dos ondas cercanas

En un inmenso mar,

…Y al paso de los años volvía a sentir

Aquel punto azul del alma, lleno de melodías,

Semejante a bosque en eterna primavera

Hasta sumergirme en cualquier papel

Haciendo posible el escribir todo de la vida,

Aún la fantasía

Ó el mundo interior que descubre

Aquella fuerza secreta que al juntar....

Alegrías, tristezas, amor, se convierten

En rimas, lisonjas sutiles, delicadas

Como matices de ensueño,

Tal es el poder maravilloso

De la pluma en su creación, que al escribir

Traduce la libertad del alma

Por medio del lápiz como clara sinfonía

De sonidos, de colores donde se asoma

El color milagroso de la inspiración

Como fuerte viento que sopla,

A veces viento leve….

Apenas si aire en actividad

Ó más bien, como viejo y eterno

Arado de liberación suprema

En el duro terreno del alma.

 

Inocencia humana

En ese concierto de la vida limpia,

Donde el hombre se encuentra

 En comunión con la naturaleza

Cuidando de ella como de sí mismo,

Vemos la inconsciencia humana traducida en fuego

Se escuchan lamentos de aves buscando  sus nidos,

   Buscando a  sus polluelos recién nacidos

 Que con sus tiernas voces piden protección y amparo,

Llaman a sus madres con lento quejido,

Se ven animales  buscando cobijo,

Se oyen gritos desgarradores

 Mezclados en la hoguera que abrasa

 Y lastima sin piedad,

 Sin pena, sin misericordia,

Plantas silenciosas que sufren de dolor por el incendio,

Aves y animales gimen, gritan, sucumben, mueren…

Luego el silencio…

 Sólo se escucha  el ruido del fuego que devora sin pausa,

Ellos murieron preguntándose

 ¿Porqué tanto dolor? Y… no pudimos huir..

El tiempo pasa…. sigue pasando

Y los corazones siguen vivos e insensibles

Pero el tiempo del recuerdo y la imaginación,

Nunca pasa…..

Ahora es el tiempo mudo,

Desgarrador y cruel

Que asola el alma de la Madre Tierra,

La despoja con fuerza y dolor de sus vestiduras elegantes

Que mostraban colores con matices

Increíblemente combinados,

Asombrando al hombre que ahora,  ni siquiera

Se inmuta ante este cuadro de dolor y desolación,

Sólo hay tristeza  y fuego que consume

Las grandezas de la Madre Tierra

Convirtiéndola en páramos y desiertos

¡Oh, cuánto dolor, cuanta tristeza!....

De las ruinas,  de tanta tragedia

Deberán surgir nuevos ideales

 De mentes sanas, agradecidas

 Que pidan perdón….perdón

 A nuestra Madre Tierra….

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