40 años no es nada: Felipe Delgado en el tiempo

La novela demoró mucho en ser escrita y publicada; debido al aura de su autor pasó a convertirse en un objeto de culto y tardó 28 años en ser reeditada por Plural.
domingo, 19 de septiembre de 2021 · 05:00

1979 marca en definitiva un momento particular en la historia política del país. Está, por un lado, el golpe a Natuch Bush. Está también la conmemoración del centenario de la Guerra del Pacífico. Está el final de una década. Y está el final de una dictadura y el paréntesis que se abrirá hacia otra dictadura. Pero también está el momento creativo dentro de la estética que contempla la escritura de ficción como una manera de continuación de la vida cotidiana por otros medios.

En ese sentido, la publicación de la primera novela de Jaime Saenz marca un antes y un después en la tradición narrativa nacional. Esto del antes y después es problemático porque establece una revisión ejecutada con posterioridad en el tiempo. En ese momento no se sabía qué tipo de impacto y recepción tendría. Lo que sí se sabía con más o menos claridad era que Felipe Delgado había sido una novela que demoró mucho en ser escrita y publicada. Debido al aura de su autor pasó a convertirse en un objeto de culto y tardó 28 años reeditada por Plural editores en 2007. Y según el pie de imprenta fue en agosto. En cambio, la edición de Difusión, marca como fecha de salida de imprenta el 25 de noviembre de 1979. Y la reimpresión se realiza un año después. Pero con la anécdota de que hacía la mitad del libro, la tipografía cambia porque las planchas originales habían sido reutilizadas y, por tanto, fundidas.

En interesante que un libro cambie de tipografía mientras va siendo impreso. Y al mismo tiempo, mientras se va leyendo, porque es como si el ritmo, las palabras y el mismo tono cambiasen. No sólo la tipografía cambia, el mundo que postula la novela también transita hacia una transformación.

Se habla mucho de que la novela trata sobre la ciudad de La Paz y es cierto, pero también están Chile y sus playas; además existe un paisaje que se perfila y que no es el de la ciudad. Están las laderas, y se enfilan las montañas como marco visual y ritual que queda de manifiesto cuando el luminoso espacio descrito representa lo lunar, apocalíptico y desértico; que es, por otro lado, la geografía en la que tiene cabida uno de los pasajes más extraños y estremecedores de la novela, aquel en el cual Felipe Delgado sufre un trance místico que, luego, pasa a ser el detonante para su desaparición.

Y esto es llamativo porque es en cierto modo la novela sobre un escape. El personaje principal de la novela –Felipe Delgado– se fuga del registro de la narración y solo sabemos de él por rumores de los demás personajes y por el diario/crónica que leemos como único registro que deja Delgado para que sepamos que aparentemente sigue con vida.

Es, ciertamente, una novela que profundiza en personajes extravagantes, pero que en sus conversaciones destilan un conocimiento del mundo que parecería ser propio de iniciados. No solo está el retruécano como forma de comunicación. Existe en el libro un modo de conversar que circunda el tema para agotarlo desde el margen. Pocas veces se abordan los temas frontalmente. Se hace claro esto cuando la política se hace presente en largas conversaciones alrededor de las figuras protagónicas de la política de las cuatro primeras décadas del siglo XX en Bolivia.

Al ejercer juicios de valor y sentencias morales sobre estos personajes políticos, parecería que se resume el espíritu político de la novela. Aquello contra lo que se enfrenta y aquello que pretende señalar en el tiempo de la memoria.

En otro orden de cosas, se puede decir que la novela gana en público por el mito del escritor que se teje alrededor de la vida y obra de Jaime Saenz. Y ocurre lo mismo que con cualquier clásico, se habla de él, pero pocos realmente han leído el libro, lejos del mito. Hay que recordar, sin embargo, que la condición de clásico es en parte ésa. Que el público se haya apropiado de la obra sin saber muy bien de qué trata; esto hace que el libro haya pasado de las librerías al mercado a través de los puestos de libros de segunda mano en su versión pirata. Y esto marca también otro momento para la crítica, porque ya no se trata de fijar si es un buen libro o si es importante.

 La pregunta pasa a ser otra de ahora en adelante. Se puede preguntar sobre cómo está hecho. Sobre el sentido de las metáforas y del conocimiento gnóstico que se despliega y que parece ser solo un delirio. Se puede interrogar la novela como interpretación de la primera mitad del siglo XX y también como novela contra la que se enfrenta cierta tradición contemporánea de la narrativa en Bolivia y como tal vez, modelo de lo que se podría seguir escribiendo. Porque lo que está claro es que la presencia de Jaime Saenz como poeta dejó mucha más resonancias y herederos que como narrador; pero este fenómeno habría que preguntarse a qué se debe y cómo puede ser leída la novela en el presente en relación a la tradición que le antecede y a la narrativa que prefigura y presiente. 

Junto a esto, ya no habría que detenerse en la respuesta de que Jaime Saenz era un escritor que bebía. o que viajó a Alemania para afiliarse brevemente en las juventudes nazis. Detenerse en estos aspectos del autor no es que hagan sombra al análisis de la novela. Al contrario, podrían ayudar a entender la relación que existe entre esa parte de la vida de Saenz y Los papeles perdidos de Narciso Lima Achá (la segunda novela de Saenz). Luego de ello, sería interesante pensar la relación que se establece entre ambas novelas.

Tal vez el tema de la identidad, del paisaje, de la memoria y de la estética del júbilo como motivos estén presentes para entender el gobierno de la vida. Y es que en las novelas puede estar presente también el registro temático pormenorizado de un ideario que se desarrollará cerrando temas y posibilidades a través de la poesía. Y esto porque en el Felipe Delgado existen ecos fundacionales de los libros Muerte por el tacto, El frío y Aniversario de una visión. En cierto modo podría pensarse que en el Felipe Delgado se establece un programa temático y argumental que se desplegará con mayor intensidad en la poesía.

Finalmente, 40 años resultan ser un ciclo importante para marcar la huella del análisis que sobre el libro se realizó. Pero al mismo tiempo, se podrían rastrear otras vertientes que alimentan la novela y que hasta el momento no se han registrado.

 

Christian Jiménez Kanahuaty / Escritor

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