¿Qué comen los dictadores?

El periodista polaco Szablowski ha entrevistado a los cocineros de Sadam Husein, Idi Amin, Enver Hoxha, Fidel Castro y Pol Pot.
domingo, 19 de septiembre de 2021 · 05:00

¿Son los dictadores seres especiales? Sí, parece ser que sí. ¿Qué comen? No es este un asunto menor, ni mucho menos, tan es así que recientemente se ha retorcido el conocido refrán para enunciarlo ahora: “Dime qué comes y te diré quién eres”, o “dime qué comes y te diré cuál es tu grado de salud”.

Mussolini deglutía una gran cantidad de ajos crudos, Stalin fue un insaciable bebedor y comedor, Mao era un carnívoro fanático, Husein lo quería todo fresco, odiaba las conservas, Hitler presumía de vegetariano pero no era verdad; a Idi Amin, dictador de Uganda, se le atribuyeron hábitos antropófagos y Fidel Castro vivió obsesionado por una vaca lechera.

El periodista polaco Witold Szablowski se formuló esta pregunta: ¿qué comen los dictadores? y durante cuatro años, buscó la respuesta que en su opinión debía estar en manos de sus cocineros, que no son vulgares trabajadores del fogón, sino personas que viven cerca de estos personajes, que escuchan conversaciones, que presencian situaciones delicadas, por lo que los cocineros son, según sus palabras, “poetas, físicos, médicos, psicólogos y matemáticos al mismo tiempo”. Y en su búsqueda encontró a los cocineros de Sadam Husein, de Irak; Idi Amin, de Uganda; Enver Hoxha, de Albania; Fidel Castro, de Cuba y Pol Pot, de Camboya y el resultado lo ha pasado al libro Cómo alimentar a un dictador (2021)

 Szablowski afirma: “¿Qué comió Sadam Husein tras haber dado la orden de exterminar con armas químicas a decenas de miles de kurdos? ¿No le dolió el estómago después?, ¿y qué comía Pol Pot mientras unos dos millones de jemeres  se estaban muriendo de hambre?, ¿Y Fidel Castro cuando arrastró al mundo al borde de una guerra nuclear?” (…)  “¿Influyó la comida en su política?”.

Pero es que además todos ellos tenían sus catadores para evitar ser envenenados, algunos hasta diez personas que probaban su comida mientras ellos esperaban para ver cuál era su reacción, si se morían o no.

Los cocineros de los dictadores, tras mucho esfuerzo por parte de Szablowski, que invirtió años y recorrió cuatro continentes persiguiendo a los chefs para entrevistarse con ellos y explicar las circunstancias en las que vivieron estos tiranos, y contar también historias sobre sopa agridulce, pilaf de carne de cabra, botellas de ron, juegos de Gin rummy , aunque uno de los aspectos más chocantes, sea el hecho de que la mayoría de ellos llegaron a identificarse con sus jefes, les comprendieron e incluso se atrevieron a justificar parte de sus más asombrosas y envenenadas actuaciones.

Witold Szablowski es un periodista polaco, que de joven trabajó como chef en Copenhague hasta que se convirtió en el reportero en Cuba, Sudáfrica, Birmania e Islandia. Su libro sobre Turquía, Zabójca z miasta moreli (El asesino de la ciudad de los albaricoques), fue nominado para el premio literario más prestigioso de Polonia. La edición inglesa de esa obra, The Assassin from Apricot City, recibió el premio del Pen Club británico y fue considerado uno de los libros más importantes publicados en EEUU en 2013. Actualmente vive en Varsovia.

“La cocina del poder sucede oculta a los ojos del pueblo. Los ciudadanos desconocen qué comen los jefes de Estado a diario, si el cocinero de palacio –la mayoría son hombres– ofrece menú o carta, si alimentan a presidentes y reyes con caprichos o de una forma saludable, si el vino se descorcha con la alegría del que no ha pagado la botella o con la responsabilidad del que administra fondos públicos”, así es.

Se trata de un libro que lo es de cocina, claro que sí, pero también emocionante y con fuertes implicaciones morales al describir, cada uno en su circunstancia histórica, su íntima vinculación con estos sátrapas.

Un libro plagado de anécdotas, de descripciones caprichosas, una visión de cómo son estos tiranos en sus casas, sentados a la mesa, cómo, las mismas manos que ordenaban ejecuciones, levantaban amorosamente a sus hijos y probaban los platos culinarios que les preparaban sus cocineros exclusivos.

 

Ricardo Bellveser / Escritor

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