Llora, Macho, llora

En las primeras escenas de Cry Macho ya detectamos que cerquita hay un iceberg y que chocaremos de frente; todo suena desafinado, edulcorado, amañado.
domingo, 26 de septiembre de 2021 · 05:00

Ah, Clint Eastwood.  Tiene 91 años y sigue filmando películas. Cry Macho es su trabajo número 39. Qué dulzura. Hasta nos llegamos a olvidar de su respaldo al más rancio conservadurismo yanqui y al señorito Trump. También, nos hacemos los opas y fingimos no notar que en varios de sus guiones el personaje tristemente célebre: “gringo/blanco salvador” está encarnado casi siempre por él.

Podemos decir: es que es una leyenda viva del cine, es que imagínense que saca casi una película por año, es que el retiro se lo va a dar el cajón, es que las flores que nacen de los tajibos, es que la lluvia que deja su delicioso aroma en la tierra…y bla bla bla. Sí, hay espacio para la solidaridad, la simpatía y la empatía.

Te queremos, Clint.

Luego, vemos Cry Macho en versión subitulada, en pantalla gigante, producida por MalPaso y ya en sus primeras escenas detectamos que cerquita hay un iceberg y que como espectadores chocaremos de frente y a todo vapor (suena la flauta de Titanic).

Clint interpreta a Mike, un entrenador, domador, veterinario, muchas cosas más, que trabaja bajo las órdenes de Howard Polk (Dwight Yoakam). Howard al inicio de la película lo despide y lo bota como si fuera una bolsa de basura. Mike deja claro que él siempre creyó que Howard era un tarado y un hijo de puta. Hasta ahí, una presentación paupérrima de los personajes, pero aún digerible.

Hacen una elipsis temporal de un año y el mismo sujeto, el tal Howard, va a buscar a Mike para pedirle-exigirle que cruce la frontera y “recupere” a su hijo adolescente (Rafo) al que no ve hace añadas. Sí, ese Howard que le dijo que no servía ni de papel higiénico y que Mike, además, desprecia, le dice que agarre sus chécheres y vaya a trae a su latin-american-hijo de regreso.

Lo más increíble es que Mike agarra sus chécheres y va a traer a su latin-american-hijo de regreso.

No hay la más mínima lógica.

El guion escrito por Richard Nash (fallecido en el 2000) fue rechazado muchas veces por distintos estudios desde los años 70s. Ahora vemos por qué.

El papel de Mike casi fue interpretado por Arnold Schwarzenegger (potato, patata) en su más reciente revisión. Así las cosas, Clint decidió hacerse cargo de este guion y le dio una revisada con su colaborador Nick Schenk (La mula, Gran Torino). ¿Qué podemos esperar de un guion lleno de lugares comunes, un poco racistón siendo adaptado por el colaborador más genérico y racistón de Clint Eastwood? Pues, sí. Cry Macho.

Volvamos a la ficción. Mike cruza la frontera como si estuviéramos en La mula y en Gran Torino. Toda su cinematografía es cinematografía al estilo de Clint Eastwood, pausada, serena, sin grandes artificios. Climas que vienen acompañados de la cámara de Ben Davies (Guardianes de la Galaxia, Three Billboards OUtside of Missouri, Capitan Marvel).

Como Cry Macho terminará siendo una buddie movie-road movie, Mike encuentra al famoso Rafo (Eduardo Minnet) un chico que en el relato pintan como un pequeño demonio y que resulta más cursi que el mismísimo Clint.

Salgamos de la ficción. El casting del niño debe ser una de las elecciones más cuestionables de un rol semiprotagónico de este año. Estamos hablando de un personaje que tiene que estar casi toda la película al lado de la “leyenda viva” Clint. Un chico que actúa con la frente y que se llena de mohínes tratanto de lograr transmitir emociones a diálogos lamentables.

Desde la butaca (dentro y fuera de la ficción) la pena ajena te innunda y te preguntás qué o quiénes llevó-llevaron al señor Clint a dejar, a estas alturas del partido, una de sus películas más flojas y dejarla estampada en nuestras retinas.

Hay tantas cosas que no funcionan en Cry Macho. Todo suena desafinado, edulcorado, amañado. Mike, que apenas puede caminar erguido, resulta ser un imán para las féminas latinas, quienes, al ver al supuesto gringo por antonomasia, caen casi rendidas a sus botas. La analogía del gallo llamado Macho es otra mirada rústica a contramano de los relatos menos serviles a los clichés del género. La relación entre gringo y niño mexicano es casi una parodia.

Mientras la película más avanza, peor se pone. El gringo se gana el cariño de todo un pueblito de latinos que a pesar de tener animales de granja o domésticos no sabían cómo curarlos hasta que llega el gringo. El gringo zafa de federales, de sicarios, de maleantes, del mismo niño. El gringo es pues el súper gringo, no importa que sea de la tercera edad, es EL gringo.

No hay ninguna sorpresa en su estructura, no hay nada que admirar en su torpe narrativa, estamos ante un Clint Eastwood que queremos, pero al que no podemos aplaudir solo por sus 91 años y sus casi 40 películas. ¿O podemos?

El final de Cry macho intenta ser emocional y sacarte las lágrimas indulgentes. Este es Clint en su eterna cabalgada hacia el ocaso, o, mejor dicho, este es Clint en su eterna conducción de una camioneta destartalada hacia el ocaso.

 

Mónica Heinrich V. / Reseñista y cinéfila de corazón

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