Sobre la Obra reunida de Adela Zamudio

El mundo que nos presenta Zamudio es un mundo complejo y lleno de aristas; aquellas que van desde la intimidad hasta la política nacional.
domingo, 5 de septiembre de 2021 · 05:02

Tener en manos la obra reunida de un autor es significativo porque implica pensar la crítica desde un espacio casi de completitud. Tener variadas formas de escritura de un autor que nos gusta implica pensarnos como lectores de una cierta totalidad que nos muestra entre los recursos programáticos del autor, todas las tentativas que indagó a lo largo de su vida como escritor. Y es más que probable que ningún testimonio de esta naturaleza tenga la importancia de la Obra reunida de Adela Zamudio. Y esto se debe al menos a tres aspectos. 1) el difícil acceso a su obra, 2) los sentidos comunes equivocados que se han tejido alrededor de su obra y 3) el modo en que las distintas facetas de Zamudio fueron recibidas por el espacio letrado.

Ciertamente todo ocurre dentro de un espacio público donde el lenguaje y la palabra cobran un sentido único de pertenencia y de organización del mundo. El mundo que nos presenta Zamudio es un mundo complejo y lleno de aristas; aquellas que van desde la intimidad, hasta la política nacional, las que encuentran en el mundo íntimo de lo femenino el espacio para la denuncia social y aquella voz que clama desde el verso, para que todos podamos ver lo que no siempre es visible, en un movimiento de desnaturalización de las acciones, prácticas e imaginarios con las cuales se constituyó la sociedad.

El libro es en cierto modo un mapa de ruta que nos ayuda a comprender mejor cómo trabajaba Zamudio y qué tipo de escritura es la que emprendió. Esto porque nos muestra que cada proyecto demanda un modo específico de escritura. Cada registro marca no solo un tono o un horizonte de imaginación; también establece una manera de ver el mundo y de interpelarlo. La poesía va de la intimidad a lo social y termina en el registro político de la denuncia y la demanda por el cambio del mundo y no solo del cambio en el mundo.

La novela apuesta por una construcción que aglutina en su interior una serie de voces, memorias y comentarios que suelen ocurrir puertas adentro, pero al ponerlas de forma visible, desata la crítica sobre el modo en que se tejen las familias y los amores y los rencores en una sociedad, que siendo conservadora y meritocrática, apuesta por la política anclada en lo masculino. En cambio, en los cuentos, lo que tenemos es a una Zamudio que es gran observadora del detalle. Y que en el detalle las cosas se pueden distorsionar e ingresar a lo fantástico y al terreno de lo misterioso. En ese sentido, como en todo gran escritor, el cuento y la narración breve le sirven a Zamudio para investigar y ejercitar el oficio. La materia prima de la voz de Zamudio está en la poesía, pero es en el cuento donde hay mayor libertad y donde encuentra el lector mayores apuestas por conocer e interpretar el mundo y no solo por representarlo.

Y para poner un cierre afortunado, el libro también retoma ensayos y escritos en prosa que Zamudio escribe para dar cuenta de su realidad. Esta otra faceta de la escritora cochabambina es la menos conocida y es la de mayores riesgos formales y temáticos. En esos textos existe la reflexión que antecede al debate. Desgrana el momento histórico para extraer de él el sentido de pertenencia a una época, pero al mismo tiempo, para enjuiciar sus virtudes, miedos, prejuicios y oportunismo político.

No se trata de una escritura de la revancha. Más al contrario, lo que tenemos en este momento es una escritura que se hace mientras se piensa. Es decir, que se nota en la lectura cómo Zamudio va pensando el problema que trabaja mientras lo va escribiendo y es por ello que el desglose temático que emprende podrá no obedecer a reglas claras de investigación, pero dan cuenta de la capacidad de abstracción que poseía Zamudio para encontrar el núcleo del debate en rasgos que casi siempre quedan ocultos a la mayoría de los lectores.

En ese sentido la labor de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, logra una recuperación importante cuando la Obra reunida de Adela Zamudio establece un modo en que podemos leer a la escritura desde sus propios medios y herramientas. Podemos verla en ejercicio pleno de sus facultades y cómo ellas están al servicio del debate desde distintas áreas de la creación.

Parecería, entonces, que la novela, el ensayo, la poesía, el artículo, el cuento no son sino extensiones de una larga meditación sobre el mundo que le tocó vivir y sobre las personas con las que tuvo que entablar conversaciones y debates para esclarecer el sentido de la literatura, de la mujer en sociedad y de las reglas morales que teñían y marcaban las prácticas sociales y económicas de una ciudad como Cochabamba dentro de un país como Bolivia.

Zamudio construye un mundo propio que pueda postular una interpretación, una serie de representaciones y sentidos sobre el mundo material que le sirve de materia prima.

Así que en tanto proceso de producción de la literatura y de una estética, podemos decir que Zamudio no solo escribe cuentos, poemas, ensayos, artículos y una novela. Lo que ella hace es escribir una literatura. No es que ella escribe al interior de la literatura. Ella es la literatura.

Al convertir lo que hace en literatura la obra que deja se inscribe en la historia, pero también se convierte en testimonio de un tiempo y al hacerlo también y en otro canal de discusión se convierte en autoreferencial no porque haya instaurado una literatura del yo (que también está presente) si no, sobre todo, porque su obra dialoga entre sí. Esa conversación entre cuentos, poemas, novela y ensayos induce a que el lector comprenda que el armazón de la obra de Zamudio está fundada sobre la conexión temática entre cada forma de representación de la realidad, sin apostar necesariamente por el realismo con R mayúscula.

Hace una literatura porque cada parte de lo escrito comunica e informa a las demás sobre el tratamiento temático y forma que se hace de la realidad y de lo que se conoce de ella. Es así que, Zamudio al margen de postular un mundo, construye herramientas estéticas y lingüísticas que sirven a las siguientes generaciones para afrontarse con la creación. Crea un repertorio de sentidos, de significados y de modos de conexión entre significado y sentido dentro de un universo como el verso o la novela donde cada objeto funciona en relación a los demás y también de forma autónoma.

 

Christian Jiménez Kanahuaty /  Escritor

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