Sobrevivir al abismo: El salto, de Khimaira Teatro

Esta obra representa el pensar y sentir y cuáles son todos los pasos a seguir para vencer los miedos, pero sobre todo el terror más grande, que es vivir, reseña la autora.
domingo, 23 de enero de 2022 · 05:00

Fernanda Verdesoto Ardaya

Mientras pensamos en nuestro respectivo pasado, tenemos dos opciones: o conocernos más o perdernos en la búsqueda de quién realmente somos. Justamente es el arte uno de los mejores medios para poder encontrar ciertas respuestas a lo que nos ocurre, es descifrar códigos que nuestras vivencias nos han impuesto y que necesitamos esclarecer. Sobre todo, son los soliloquios y monólogos los que más nos ayudan a profundizar la vivencia de un solo individuo.

El salto es un monólogo escrito y actuado por Sergio Rojas Montoya, donde se profundizan varios temas importantes de la vida de una persona, como anécdotas simples, anécdotas más pesadas, pero sobre todo se aborda el tema del miedo. Los miedos que puede tener un hombre común y corriente en su vida simple y corriente. Esos miedos son los más difíciles de abarcar, pues en un imaginario de la gente, no importan. A todos nos han dicho que no importa lo que podamos temer en nuestra vida cotidiana, los miedos se sobreponen y listo.

 Pero, ¿cuál es ese proceso de “vencer al miedo”? ¿Lo analizamos a profundidad? ¿O es algo que hacemos y punto? ¿Cómo lo hacemos? Esta obra es, precisamente, la representación de ese proceso. Es pensar y sentir cuáles son todos los pasos a seguir para finalmente vencer los miedos, pero sobre todo el terror más grande, que es vivir.

Todos los temores que puede vivenciar este hombre se representan en una sola palabra, el vértigo. Todos nos imaginamos el vértigo como esa sensación de pánico y mareo en las alturas y, en una primera instancia, esta es la definición de vértigo que se maneja en la obra. Sin embargo, a medida que esta puesta en escena va avanzando, la definición de vértigo va también evolucionando, se entremezclan el mareo ante una altura física, visible y hasta tangible, con el mareo y el pánico ante el abismo que significa vivir.

La metáfora es clara, la vida es terrorífica, como ese espacio gigante de vacío, y hay que decidir qué tipo de salto se puede dar. Ante esto, no hay mejor manera de explicar lo inexplicable que a través de un monólogo muy, pero muy personal. Escribir un monólogo no es nada fácil, mucho menos ponerlo en escena. Sin embargo, El salto está entrelazado con diversas anécdotas cotidianas escritas por un hombre común, para que nosotros, el público común, podamos sumergirnos en ellas y recordar cómo a nosotros también alguna vez nos pasó algo similar.

 Lo importante aquí es que todos esos recuerdos y ensayos sentimentales se desarrollan siempre con movimiento, ya que el actor tiene una capacidad enorme para asociar cada una de las palabras que dice con un movimiento preciso que nos lleva a una comprensión más fuerte de lo que es un vértigo en medio de la depresión.

Por este mismo motivo, la escenografía, si bien es simple, en su sencillez representa bien ese sentimiento del miedo, de la tristeza, de la ansiedad antes de dar un salto, ya sea dentro del abismo, a través del abismo o por encima del abismo. Es un simple cuarto, con basura por doquier, un saco de dormir, un perchero, una mesa y una silla, lo esencial para vivir, aunque también cuente con la ocasional cajetilla de cigarrillos y la botella de licores espirituosos innombrables. Ese simple cuarto encerrado es también esa mente encerrada y deprimida mientras entiende sus procesos antes de dar un salto. Esa habitación y esa mente comparten el mismo espacio, y en un momento se convierten los dos en uno solo.

Finalmente, debo mencionar que este texto es lo que le puede pasar cualquiera de nosotros, pero a la vez es increíblemente personal. Pasar de una anécdota simpática y graciosa a un desgarre sentimental no es algo fácil, pero este texto lo logra bien, sin quebrarse y sin romper con la esencia de esta obra.

El actor/dramaturgo interrumpe varias veces su discurso para interactuar con su público, y allí es donde nos damos cuenta: Si bien mucho de lo que se habla en la obra le puede pasar a cualquiera del público, la idea no es que haga una catarsis, creo que el objetivo es que todo esto no se trata del público ni que se identifique, todo esto se trata de Sergio y solamente de Sergio.

Como parte del público, entendí de que esta obra se trata de conocer a profundidad a un solo ser humano, como jamás se lo lograría en persona.

 

FICHA TÉCNICA 
  • Dramaturgia y actuación: Sergio Rojas Montoya.
  • Dirección: Gino Ostuni.
  • Producción y diseño de luces: Khimaira Teatro.
  • Diseño y fotografía de afiche: Mateo Fernández.
  • Distinciones: Mención Especial Adolfo Costa du Rels, 2019.

 

Fernanda Verdesoto Ardaya / Literata y docente universitaria

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