Mis lecturas de 2021

Una crónica literaria personal de Decker-Molina que “puede servir para conocer escritores muy buenos, pero poco difundidos en Bolivia”.
domingo, 9 de enero de 2022 · 05:00

Carlos Decker-Molina

Mis lecturas probablemente me importan sólo a mí. Este texto no cuenta sobre los libros más sobresalientes del año, no, es una crónica de lo que leí en estos 12 meses, la publico porque puede servir para conocer escritores muy buenos, pero poco difundidos en Bolivia. Para la buena salud literaria de un país es bueno leer la literatura de otras latitudes.

Comencé el año leyendo La vida misteriosa de los adultos de Elena Ferrante. Una novela que no supera la saga de las dos amigas, pero, sigue la huella de la misteriosa escritora italiana de la que se han tejido muchas historias y ninguna ha podido ser comprobada. Totalmente aconsejable.

Leí a dos bolivianos, a Gonzalo Lema a quien lo conozco bien porque he leído mucho de él, pero esta vez me cautivó con Hola amor mío y me provocó unas ganas tremendas de conocer el Chaco. Es tanto una novela negra como una novela donde el lugar es el protagonista. Gonzalo tiene esa cualidad de presentar el escenario, la locación o el lar como actor principal de sus obras, ya lo advertí cuando leí Siempre fuimos familia, su obra ganadora con el primer premio Kipus, aunque Cochabamba aparece ya en La vida me duele sin vos.

El otro boliviano es Gabriel Mamani, me hubiese gustado leerlo en papel, pero Rehén y Seúl, Sao Paulo me llegaron a una plataforma digital. Rehén me recordó a la película Fargo de 1996, una cinta suscrita por los hermanos Joel y Ethan Coen (mis escritores de cine favoritos) y la gran actuación de Marge Gunderson, la policía embarazada. Igual que en la novela de Mamani, las cosas no salen como se planearon. Lo magistral es la voz del niño y el rescate de una Bolivia que no es protagonista en la otra literatura, la aparición de escritores como Gabriel es la construcción de puentes entre las dos mitades que habitan Bolivia.

La otra novela Seúl, Sao Paulo es la crónica del inmigrante, de ese Otro, no solo en el país de acogida sino en el que sus padres dejaron, donde también son el Otro. Mamani no escribe como suelen hacerlo escritores de capilla. El lenguaje es excelente, suele ser un campo de batalla cuando yo escribo. El tiempo de la obra de Mamani no es la cronología, sino la densidad de lo narrado y el ritmo es el de la lectura. Cuando se lee a viva voz y parece una canción, el escritor ha logrado un acierto. Y, ese es el caso de Gabriel.

Leí también a la Pilar Quintero, colombiana y su novela Los abismos, Premio Alfaguara 2021. Lo interesante es la voz narradora, es una niña que mira el abismo, en cuyos bordes vive o sobrevive la familia.

A Kim Thúy ya la había conocido antes, la vietnamita afincada en Canadá, es la inspiradora de la forma en que quedó mi novela El eco de los gritos. Es una maestra para narrar en base a fragmentos. El recuero es eso, fragmentos reales e irreales. Leí RU que en vietnamita quiere decir a-rro-rro o canción de cuna, pero puede ser arroyo en francés que es la lengua de adopción de la Thúy.

Dulces guerreros cubanos de Norberto Fuentes. Mala edición para una novela testimonial que es la radiografía de los cubanos que lucharon en África. Necesitó la mano de un buen editor.

El genial Don Delillo y El Silencio, una novela corta o quizá un cuento largo sobre el silencio de una ciudad cerrada, sin energía eléctrica, una aproximación al confinamiento pandémico.

El sueco Olle Lönnaeus me dejó despierto una noche hasta que terminé su thriller político Gamen que en español sería El cuervo.

Si tengo una favorita es Leila Slimani, embajadora de la francofonía a quien conocí con Canción de Cuna. El país de los otros es una novela sobre la otredad. Un tema que me persigue o tal vez soy yo que persigue escritos sobre la otredad.

The Night de Rodrigo Blanco. Es una novela que se lee bien si se conoce a los personajes reales de la política venezolana de los 60/70 como Teodoro Petkoff a quien conocí personalmente.  No recomendable para quienes no tienen esa aproximación.

Si Leila Slimani, de origen magrebí, es mi preferida en la literatura francesa, lo es también Mathias Enard al que conocí con Brújula, ¡gran novela! Lo leí en El banquete anual de la cofradía de los sepultureros. Los flashbacks son demasiados, aunque importantes.

Fue en agosto que me deleité leyendo Si te vieras con mis propios ojos, del escritor chileno Carlos Franz. Los amantes de la novela son nada menos que el pintor alemán Mauricio Rugendas y la autora de uno de los epistolarios más famosos escritos por una mujer en el siglo XIX en América Latina, la chilena Carmen Arriagada, luego aparece el tercero, que no es un personaje más, porque se trata de Charles Darwin. Es una historia de amor, pero no es tan simple como parece, es una obra muy, muy buena.

En la Feria del libro de Madrid aprendí a conocer a Ana Blandiana, una escritora rumana que tiene unos cuentos muy borgianos en su libro Proyectos del pasado. Ella se llevó  Para no morir tanto.

En la misma ocasión volví a leer a Claudio Magris, uno de mis favoritos, Magris es de mi edad (81) ha sido candidato al Nobel, tiene un novelón que se llama A Ciegas. Esta vez leí sus cuentos en Tiempo curvo y me reconocí en algunos personajes porque todos o la mayoría de los personajes son viejos.

Si voy a calificar mis lecturas, algunas no figuran, porque son lecturas no recomendables como la escrita por una pareja de cubanos sobre la muerte del Che. Se advierte que es un trabajo “por encargo”. Tan mala que me parece que no convence ni a los que encargaron su publicación.

Este año leí 24 libros de los que tres son joyas preciosas.

Joya 1

El infinito en un junco de Irene Vallejo. ¡Es un librazo! Qué deleite leer esas páginas llenas de sabiduría. Es un monumento al libro que debiera leerse en colegios y escuelas de todo el mundo. En español, en griego, en ruso, chino y árabe

Vivimos una época en la que se le da al libro por muerto, por superado; Vallejo pide respeto, “Ante la catarata de predicciones apocalípticas sobre el futuro del libro, yo digo: un respeto. No subsisten tantos artefactos milenarios entre nosotros”.

En la página 194 Irene Vallejo escribe: “El siglo XXI empezó con el saqueo, consentido por las tropas estadounidenses, de museos y bibliotecas de Irak, donde la escritura caligrafió el mundo por primera vez”

El Infinito en un junco nos reconcilia con la historia de la humanidad que está bordada por los libros. Leer es un acto de amor y de profunda reflexión. Da la impresión de estar leyendo cien libros en un solo volumen. Por otro lado, no podemos hablar del pasado sin hacer una conexión con el presente, porque el pasado es una referencia solo la ortodoxia observa el pasado como una postal.   Si no lo han leído, háganlo ¡ya!

Joya 2

Un instante eterno - Filosofía de la longevidad del francés Pascal Bruckner traducido por Jenaro Talens. Le Monde dice: «El excelente ensayo de Pascal Bruckner no se conforma con explorar las preguntas existenciales que conlleva la reciente extensión de los años de vida, sino que se fija también en sus trampas y ambivalencias».

Este viejo participante del Mayo del 68 destaca que el declive físico puede coexistir con la genialidad, pero que las sociedades no saben cómo aprovecharlo.

“El cerebro es una especie de motor de combustión lenta al que hay que alimentar con energía, con información, con reflexiones y, salvo en los casos muy particulares y evidentes como el Parkinson, el Alzheimer o la demencia senil, el cerebro con 70 años puede ser mucho más abierto y mucho más eficaz que un cerebro de 30 o 40 años”, dijo en una entrevista radial.

Joya 3

Quizá es una joya para quienes tenemos una aproximación a la guerra de la ex  Yugoslavia o, tal vez, porque charlé una tarde y una noche de cena con la autora Clara Usón, a la que le conté sobre mi novela Soledad porque tiene la guerra de Kosovo como trasfondo. Tanto el libro mío como el suyo parte en la Batalla de los Mirlos en 1389.  El libro de Clara titula La hija del este.

Por qué sugiero esta lectura, sobre todo, a los bolivianos, porque existe la tendencia del enfrentamiento fratricida. Por eso comienzo citando no a un indianista, tampoco a un marxista sino a Hermann Göring, el fundador de la Gestapo: “Por supuesto la gente no quiere guerra; no la quieren los ingleses, ni los americanos, ni tampoco los alemanes. Es comprensible. Es tarea de los líderes del país encaminarlos, dirigirlos hacia ella. Es muy fácil: todo lo que tienes que decirles es que están siendo atacados, denunciar a los pacifistas por falta de patriotismo y por poner al país en peligro. Funciona igual en todos los países, sean democracias, monarquías o dictaduras”.

Clara Usón escribe la historia de Ana la hija del general Radko Mladic. Ana es bella, inteligente, está a punto de graduarse de médico cirujana y viaja a Moscú de vacaciones con algunos amigos, ese viaje es decisivo para su futuro porque la verdad de Serbia no es la verdad de Bosnia y tampoco la de Croacia. Ese viaje transforma a Ana que toma una decisión muy grave.

Clara nos aparta de Ana para alimentarnos de historia a través de una galería de personajes reales y, como dice Javier Cercas, es “una subyugante mezcla de ensayo histórico y ficción”.

Es una novela que debieran leer todos los que sueñan con nacionalismos extremos ya sean los nacionalismos con z como los con I de indigenismo.

Para 2022 tengo algunos títulos que no alcancé a leer La anomalía de Hervé Le Tellier (Premio Gouncourt 2020), El cementerio de los dioses menores de Zoran Malkoc y La maleta de Sergei Doulatov escribió en 1986.

Doulatov un refugiado ruso del tiempo soviético en los EE. UU. que siguió escribiendo en ruso, sostenía que “el idioma es mi patria”. Murió en 1990 en Nueva York, tiene una decena de libros. Me llama la atención La maleta porque de ella extrae las historias como yo de mis libretas y papelitos.

 

Carlos Decker-Molina / Escritor

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